martes, 13 de septiembre de 2016

LA ESPIRITUALIDAD DE BERNADETTE


Durante mi última estancia en Lourdes, tuve ocasión de adquirir un pequeño libro que me ha ayudado a profundizar en la espiritualidad de Santa Bernadette Soubirous, mi compañera inseparable en mis visitas a Lourdes. En mi afán por profundizar en su vida y personalidad, este librito ha contribuido enormemente a conocerla y apreciarla mucho más.
 
El libro, editado en francés, se titula "LA SPIRITUALITÉ DE BERNADETTE",  está escrito por el Padre Régis Marie de la Teyssonnière, sacerdote de la diócesis de Tarbes y capellán de los santuarios de Lourdes. Es autor de diversas obras sobre Lourdes y Santa Bernadette, y a través del libro que me ocupa, nos ofrece un pequeño tratado de vida cristiana partiendo de la experiencia de Bernadette, logrando que ella se convierta en nuestra guía espiritual.
 
Foto: María Luz
 

Entrevista al Padre Regis Marie de la Teyssonnière sobre su libro.
 
 
Conociendo quien fue Bernadette Soubirous, sabiendo de su delicada salud, de su pobreza material e intelectual,  podemos preguntarnos qué puede aportar a nuestras vidas alguien como ella.
 
Sabemos bien de la modestia de Bernadette, de su piedad, de su deseo de hacer el bien, de su afán en corregir su susceptibilidad, conocemos su obediencia, sumisión y resignación, y también su discreción. Dicho lo cual, afirmo que la primera enseñanza que debemos tomar de su persona es interesarnos siempre y en primer lugar por todo lo que se refiere al Reino de Dios.
 
Partiendo de esta idea, el autor estructura el libro en pequeños capítulos que nos irán descubriendo, paso a paso todos los aspectos que conforman la espiritualidad de Bernadette. Dado que la obra no se encuentra traducida al español, y en atención a mis queridos lectores,  paso a exponer el contenido de este librito, esperando sea de ayuda a todos.
 
1. EL DESEO
 
Bernadette vivió una infancia en la miseria, sin embargo nunca deseó más que lo esencial. "Cuando no se desea nada, siempre se tiene lo que se necesita". Durante su estancia en Bartrès, sirviendo en casa de quien fue su nodriza, su gran deseo era regresar a Lourdes para recibir la Primera Comunión. Durante la época de las apariciones, su deseo se ceñía a volver a ver a la Señora, de donde sacaba la fuerza para superar las dificultades. Su deseo fue siempre hacer la voluntad de Dios, lo cual le ayudó a discernir su vocación. Y durante su vida religiosa, su deseo de permanecer unida a Cristo le ayudó a adaptarse a las condiciones impuestas por su mala salud. En resumen, se puede decir que el deseo del Cielo es el hilo conductor de su existencia.
 
Cada uno de nosotros albergamos deseos de visitar la Gruta, regresar a ella, participar en la procesión...Todos estos deseos manifiestan nuestro vínculo con Lourdes. Y a través de esos deseos, es Nuestra Señora quien nos habla y nos atrae hacia Ella para conducirnos hasta su Hijo.
 
 
2. LA ACOGIDA
 
No fue Bernadette quien escogió a María, sino María quien escogió a Bernadette. Es por tanto María quien tomó la iniciativa. Bernadette se sabe elegida pero ello no la convierte en orgullosa. Nunca se apunta ningún mérito. "Si Ella hubiera encontrado a una más ignorante que yo, la habría escogido". Ello hace que  Bernadette adopte una actitud receptiva y de escucha, que es la propia y fundamental de todo cristiano. En las relaciones entre las personas es esencial nuestra apertura hacia los demás. Es fundamental tener presente que para estar en estado de acogida, primer debemos situarnos en estado de darnos a los demás. Así sucede en las relaciones de pareja, que culminan en darse el uno al otro y en recibirse mutuamente. Lo mismo ocurre en las relaciones familiares, en nuestras comunidades y en la Iglesia. Todas estas relaciones son un reflejo de la relación que Jesús quiere vivir con nosotros. A través de Bernadette, María nos enseña a darnos para que podamos acoger a su Hijo.
 
Esto puede observarse también en muchos de los peregrinos a Lourdes, que han sido "escogidos" por sugerencia de un familiar o una amistad..."¿Quieres acompañarme a Lourdes?" Ante esta sugerencia, decidieron aceptar y sus vidas cambiaron en la peregrinación.
 
 
 
3. EL SEGUNDO MOVIMIENTO
 
 Este capítulo me ha parecido esencial y muy interesante. ¿Qué es el segundo movimiento?
 
Como su propio nombre implica, existe ante todo un  primer movimiento que hace referencia a todo aquello determinado por nuestro carácter, temperamento y por nuestra historia personal. Dado que nuestra naturaleza humana está afectada por el pecado, todas nuestras acciones, palabras, pensamientos, es decir, nuestros primeros movimientos necesitan ser restaurados por la cruz de Cristo.
 
Bernadette reconocía ser capaz de manifestar reacciones vivas, pero cuando se daba cuenta de haber respondido mal a alguien, se detenía, pedía perdón, y con la ayuda de Cristo, rectificaba aquello que había dicho bruscamente. De esta forma se produce el paso del primer movimiento al segundo movimiento. A lo largo de su vida, Bernadette no cesó de esforzarse en reducir el tiempo entre su primer y su segundo movimiento. Este segundo movimiento es una de las características de su espiritualidad: debido a su debilidad (primer movimiento), se dirige hacia Cristo, y es Él quien, fortaleciéndola, le permite acometer el segundo movimiento. Ser cristiano consiste en vivir por Cristo, en Cristo y con Cristo.
 
En las peregrinaciones a Lourdes, muchos personas reconocen sus errores, se arrepienten, piden perdón, se reconcilian, dando paso a una nueva vida. También se observan pequeños gestos, como una sonrisa, que facilitan la transición entre el primer movimiento (centrado en uno mismo) y el segundo movimiento (orientado hacia los demás). En Lourdes es fácil poner en práctica la espiritualidad de este segundo movimiento...Caminando juntos en la procesión de las velas, en la fila que penetra en la Gruta, en la procesión del Santísimo, nos damos cuenta con María que, si nos giramos hacia el Señor, los demás adquieren importancia ante nuestros ojos. De esta manera, comprendemos nuestros errores pero también la posibilidad de rectificar.
 
 
4. EL ROSARIO
 
Imaginemos por un momento a la Virgen María y Bernadette en la Gruta. Todo las diferencia. La actitud de María es atenta, acogedora; la de Bernadette es dubitativa y temerosa. Sus vestimentas también son diferentes. La de María es de color blanco con largo velo y cinturón azul. Bernadette viste de oscuro. Pero dejando de lado todas esas diferencias, hay un punto en común: ambas portan el Rosario. Este hecho nos aporta un claro mensaje: debemos rezar el Rosario. Pero también es una transposición de la oración de María..."María guardaba y meditaba en su corazón todas las palabras de Jesús, así como sus actos y acontecimientos". Esta actitud de María orienta la espiritualidad de Bernadette en dos sentidos, por un lado porque el Rosario es su oración cotidiana. Por otro lado, porque utiliza la forma de meditar el Rosario en su devoción por el Vía Crucis, en su relación con la Gruta y en su amor por la Eucaristía. Meditar y guardar en el corazón la palabra de Dios es vivificante, y constituye uno de los momentos significativos que se viven frente a la gruta de Massabielle.
 
5. LA SEÑAL DE LA CRUZ
 
 Al inicio de la primera aparición de la Virgen María, Bernadette no consigue hacer la señal de la cruz. Cuando María la hace, finalmente Bernadette logra hacerla también, y así se siente en paz. En este sencillo gesto se encierra todo el mensaje de Lourdes.
 
Haciendo la señal de la cruz, María sitúa a su Hijo ante Bernadette. A través de la señal de la cruz, Bernadette pasa del temor a la paz, y entra en el reino de los cielos, al cual se accede únicamente a través de la cruz. 
 
La cruz anuncia la transformación del sufrimiento y de la muerte en amor. Ese paso de una realidad a otra  se vive cada día en Lourdes. Al pasar la Gruta, los rostros de los peregrinos pasan de la gravedad a la luminosidad. Tras beber y lavarse con el agua del manantial, el rostro refleja una nueva experiencia. Al inicio de la procesión, los rostros se muestran relajados, pero tras ella, el hecho de haber compartido la experiencia permite descubrir los rostros radiantes de los demás.
 
Bernadette acoge la señal de la cruz no sólo como una experiencia sino también como un mensaje, cuya puesta en práctica orienta toda su vida..."La cruz es mi verdadero apoyo, es en ella donde encuentro toda mi fuerza".
 
 
6. EL PADRENUESTRO
 
Es la oración por excelencia de los cristianos, un inmenso regalo que el Hijo de Dios nos ha otorgado. Para Bernadette, rezar esa oración con la Virgen María es una experiencia incomparable pues María es la hija del Padre, la Madre del Hijo y la esposa del Espíritu Santo.
 
Es una oración que constituye un resumen de todo el Evangelio, cuyas demandas están presentes en la vida de Bernadette: santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad...Bernadette aparece siempre orientada hacia Dios y al mismo tiempo, al servicio de los demás. En la Gruta, los peregrinos se dirigen a María para implorar a Dios junto a Ella. Las palabras pronunciadas en el Padrenuestro adoptan sentido en Lourdes, donde se ve claramente la relación fraterna que nos hace a todos ser hijos del Padre.
 
 
7. LA MEDITACIÓN
 
La oración tiene gran importancia para Bernadette durante todas y cada una de las apariciones. Ante la primera visión de la Señora, Bernadette reacciona sacando su Rosario del bolsillo. En las demás ocasiones, se encuentra rezándolo cuando la Señora aparece. Bernadette prosigue con el rezo, mientras María pasa las cuentas del Rosario sin mover los labios. De esta forma, se puede afirmar que la oración del Rosario no consiste en rezar a María sino en rezar con María. Es una oración contemplativa: contemplamos cada Misterio presentando nuestras intenciones, rezamos con María, miramos a Jesús con los ojos de nuestro corazón y con el corazón de María. Contemplamos cada Misterio dejándonos impregnar por el mismo.
 
Rezamos con María y como María, meditando en nuestro corazón, acogiendo a Jesús y a las personas por las que rezamos, pidiéndole a Jesús que las ayude. Así lo hizo Bernadette, acogiendo a Jesús en su corazón y a los pecadores por cuya conversión pedía.
 
Desde las apariciones, el Rosario ha sido rezado en Lourdes ininterrumpidamente; de rodillas, de pie, sentados, en procesión, en solitario, en grupo, de día, de noche, y en multitud de lenguas. Es la oración de María, la oración de Bernadette, y de nosotros depende que también se convierta en nuestra oración.
 
8. GLORIA PATRI

 
Al pronunciar el "Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo..." María se inclina con gran respeto. En este simple gesto, todo está dicho. Bernadette imitará este gesto durante toda su vida.
 
Hombre y mujer son creados para amar, alabar y servir a Dios. Contemplar a María y a Bernadette ayuda a que cada uno de nosotros descubramos nuestro propio lugar. Cuando estamos en Lourdes, cantamos: "Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Santo. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen". De esta manera expresamos a Dios nuestra alabanza, reconocimiento y acción de gracias, tal como lo hacía Bernadette, es decir, con María.
 
 
9. OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA
 
Esta expresión nace en 1830, con ocasión de la aparición de la Santísima Virgen a Catalina Labouré, en el curso de la cual, recibe el modelo de la Medalla Milagrosa, en la cual aparece impresa: "Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos".
 
Esta invocación está ligada a Lourdes y a Bernadette. Es María quien dice a Bernadette: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Al decir "Yo soy...", María se expresa a la manera del Hijo de Dios ("Yo soy la Resurrección y la Vida"). María es la esposa sin tacha en quien contemplamos la figura de la Iglesia. Nosotros estamos llamados a ser santos e inmaculados como María. Por otra parte, al decir "Yo soy la Inmaculada Concepción", María no sólo afirma que Ella es concebida sin pecado, es decir, Inmaculada, sino que también es Concepción. Por ser Inmaculada, María es Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre de los hombres.
 
Esta es la espiritualidad que Bernadette recibió de María. En Lourdes, nuestros corazones están más predispuestos a escuchar y acoger la palabra de Dios. Es por ello por lo que en la Gruta, muchos escuchan la llamada a una vocación,  a un compromiso, a un cambio de vida, y responden a ella. Bernadette imitó con éxito el ejemplo de María Inmaculada...¿Imitamos nosotros a Bernadette?
 
 
10. LOS MISTERIOS
 
El núcleo de la oración de Bernadette está constituido por el rezo del Santo Rosario, meditando a diario los quince misterios que lo conforman. A través de esta meditación, efectuamos una transición de nuestra realidad a la realidad de Jesús, abriéndonos a la experiencia de la verdadera vida para la que hemos sido creados, siguiendo el camino de la cruz que nos conducirá a la Gloria.
 
 
11. LA PEREGRINACIÓN
 
Convertida en religiosa en el Convento de Saint-Gildard en Nevers, Bernadette declara: "Todos los días voy en espíritu a la Gruta de Lourdes, peregrino allí". Tal como se contempla en la vida de Cristo en la meditación de los misterios, también podemos apelar a nuestra memoria para transportarnos en espíritu a un lugar concreto en el que hemos vivido una experiencia que nos ha marcado. Muchos peregrinos a Lourdes se sienten realmente ligados a la Gruta. Cuando regresan a sus casas, realizan su peregrinación espiritual a través de sus recuerdos, de una fotografía o una simple postal. De diferentes formas, es necesario que nos traslademos siempre a la fuente de nuestro bautismo, pues si el Señor lo ha dado todo en sobreabundancia, es para que, día tras día, podamos buscar el "alimento" que precisamos para nuestro "camino". Esto es lo aprendido por Bernadette de María y que al regresar a nuestras casas podemos imitar.
 
 
12. EL VIA CRUCIS
 
Las grandes devociones de Bernadette eran el Via Crucis, la Santa Misa y comulgar. Es fácil de comprender ya que junto a la señal de la cruz y la meditación del Rosario, el Via Crucis nos prepara para vivir la Eucaristía. Durante sus trece años como religiosa, su devoción por el Via Crucis fue cotidiana. A través de la misma, Bernadette imita a María, y María acompaña a Bernadette.
 
En Lourdes, el Via Crucis forma parte de la peregrinación. Antes de que existiera el Via Crucis de la montaña, los peregrinos lo rezaban en el cercano santuario de Bétharram. Hoy en Lourdes hay dos recorridos para rezar el Via Crucis. Reunirse con Cristo a través de su rezo, en su sufrimiento, en la entrega de su propia vida...Esto constituye el núcleo de la espiritualidad de Bernadette.
 
 
13. LA EUCARISTIA
 
En Lourdes se tiene la costumbre de decir que la Santísima Virgen fue la catequista de Bernadette. De hecho, Bernadette se confesó por primera vez en su vida entre la primera y la segunda aparición, e hizo su Primera Comunión entre la penúltima y la última aparición.
 
La catequesis de María se centra en el misterio de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Por esta razón, las apariciones encuentran su finalidad en la Eucaristía. "Ve y dile a los sacerdotes que construyan aquí una capilla", fue el pedido de María. Será el 19 de mayo de 1866 cuando se celebre la primera misa en la cripta, construida en respuesta al deseo de la Santa Virgen.
 
Bernadette se prepara para la Misa penetrando profundamente en sí misma, e intensifica ese profundo recogimiento para poder unirse a Cristo. Los días en que comulga, hace pequeños sacrificios para que su corazón esté mejor preparado para recibir a Jesús. Tras la comunión, intensifica su recogimiento para vivir su acción de gracias con todo su corazón. En esto consistía el acto más extraordinario de su piedad. Y en esto consiste la vocación de todo bautizado: convertirse en hombres y mujeres eucarísticos tal como lo fue Bernadette y tal como Lourdes muestra sin cesar un rostro eucarístico con la celebración incesante de misas, y también con la adoración del Santísimo Sacramento, la procesión eucarística y la posterior bendición.
 
 
14. LOS SACRIFICIOS
 
Incluso antes de que María dijera con insistencia: "¡Penitencia, penitencia, penitencia!", la vida de Bernadette estaba marcada por el sufrimiento y los sacrificios. Pero es en el interior de ese sufrimiento donde Bernadette saborea la verdadera felicidad. Desde los diez años de edad estaba enferma...el asma, la tuberculosis, dificultad para asimilar nutrientes y toda suerte de males dificultaban su vida. Convertida en religiosa, le resultaba penoso no poder desempeñar ocupaciones como las del resto de religiosas de su congregación. Se ve convertida en una carga para las demás, y deplora la manera en que se ocupan de ella pues "ni los pobres son tratados así". Sufre por todo ello.
 
Además del sufrimiento físico, conoció también el sufrimiento interior. Siendo adolescente, fue tratada duramente por su antigua nodriza, para la cual trabajó en su casa y a la cual quería de todo corazón. Aun así, no pidió dejar esa casa ni su actividad allí porque "cuando el buen Dios lo permite, una no se queja".
 
Convertida en religiosa, de nuevo es tratada duramente por la maestra de novicias, a quien quiere también de todo corazón. No se queja y sigue apreciando a esa religiosa que a menudo es hiriente con ella. Este sufrimiento dura diez años y marca profundamente a Bernadette..."Es doloroso no respirar bien pero es mucho más penoso ser torturada por las penas interiores...es terrible".
 
En cuanto a la penitencia que solicita la Santa Virgen, Bernadette la denomina mortificación, es decir, pequeños sacrificios que acepta o se impone a sí misma. Entre los que le son impuestos, uno le desagrada especialmente: acudir a la sala de visitas del convento para contar su testimonio. Aceptó todos los sacrificios...Tal como expresó en su carta al Papa Pío IX: "Mis armas son la oración y el sacrificio, que guardaré hasta el último suspiro".
 
En Lourdes, el sufrimiento es visible, cada quien se muestra tal como es, con su enfermedad o incapacidad. Por tanto, sacrificio, penitencia, mortificación dejan de ser simples palabras para convertirse en caras desfiguradas, cuerpos dislocados y corazones traspasados. Sin embargo, todo ese sufrimiento no es irremediable ni definitivo, sino que adquiere un sentido. Es tenido en cuenta por los demás, no sólo técnicamente sino, sobre todo, amorosamente. Se trata de estar presente ante los que sufren y para ellos. Gracias a ese amor transmitido, las caras de los que sufren terminan iluminándose, reflejando la paz interior. Esa presencia del amor en el sufrimiento hace posible la asimilación del misterio de la cruz, otorgando a la persona y al resto de la comunidad su dimensión eucarística. Todos los sufrimientos y sacrificios, en el pasado los de Bernadette, y hoy los de los peregrinos se unen al sacrificio de Cristo, adquiriendo un nuevo valor.
 
 
15. LA OFRENDA
 
Bernadette acepta todos los acontecimientos sin establecer una clasificación entre quienes le son favorables y quienes le hacen sufrir. Cualquiera que sea la circunstancia, todo lo ofrece a Dios, imitando a María.
 
A pesar de sus limitaciones y de la debilidad de su primer movimiento, Bernadette se sitúa de golpe en la órbita del amor, incluso cuando no comprende o cuando sufre. Pero el amor no consiste sólo en aceptar o acoger, sino en dar y ofrecer, en darse y ofrecerse. Esta es la razón por la cual la vida de Bernadette es una incesante progresión del darse a sí misma, a lo cual le ayuda su devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Amar al Sagrado Corazón implica contemplar Su Corazón traspasado a la hora de su muerte en la cruz, y obtener así la capacidad de amar y darse a sí mismo.
 
En la Gruta, María pide a Bernadette rezar a Dios por la conversión de los pecadores. Para ello, Bernadette ofrece sus oraciones y también sus sacrificios y sufrimientos. Ofreciéndose a sí misma, realiza su gran deseo de unirse a Jesús a través del misterio de su cruz..."El sufrimiento unido a la Pasión de Cristo, es reparador".
 
Su vida religiosa estuvo enteramente marcada por el sufrimiento, hasta tal punto que declara "mi ocupación es ser enferma...sufrir es mi empleo". Esto convierte a Bernadette en víctima para la expiación de los pecados, para el triunfo de la Iglesia y la salvación de Francia y del mundo.
 
 No es el sufrimiento lo que Bernadette ama, sino sus frutos. Cierto es que muchos peregrinos acuden a Lourdes buscando la curación de sus enfermedades, pero a menudo también acuden no sólo para aceptar su situación sino para ofrecer su sufrimiento, como lo hizo Bernadette.
 
 
16. LA COMUNIÓN ESPIRITUAL
 
Bernadette practicaba la comunión espiritual tal como ella misma explicaba: "La Tierra es redonda, y cuando aquí es noche, es de día en otros países. Por tanto, el Santo Sacrificio se ofrece en cualquier parte a todas las horas. Asisto a través del pensamiento y me uno a esa Misa que se celebra lejos de mí en una iglesia que no conozco".
 
Siguiendo el ejemplo de Bernadette, comprendemos que, cualquiera que sea nuestra situación, lo más importante es el deseo de unirse a Cristo. Al igual que existe el bautismo de deseo, existe la comunión de deseo.
 
En Lourdes, los peregrinos experimentan el misterio de la cruz, comprendiendo mejor el sentido de la Eucaristía y del sacramento...con María.
 
 
17. LA CARIDAD
 
El 11 de febrero de 1858 en la Gruta de Massabielle, la Señora enseñó a Bernadette a hacer la señal de la cruz, siéndole concedidos tres frutos: la oración, el testimonio y la caridad.
 
En el convento, Bernadette cuidaba a los enfermos con delicadeza infinita y rezaba con fervor por los que le eran confiados. Una vez enferma, nunca se quejaba. Durante sus ataques de asma no se queja, sólo se excusa por esa tos que podía impedir dormir a las demás.
 
La caridad es el alma de la santidad a la que todos estamos llamados. Lo que Bernadette logra a través del sufrimiento es algo visible en Lourdes, donde están unidas oración y caridad. Allí vemos la caridad al servicio de la oración y la oración al servicio de la caridad. Ambas son frutos de nuestra unión a Jesucristo y son el principio de la nueva vida al servicio de los demás y al servicio de Dios.
 
18. UNA VIDA OCULTA
 
Desde su llegada al convento de Nevers, Bernadette declara: "He venido aquí para esconderme". La experiencia de las apariciones confirma a Bernadette, por un lado, que Dios está escondido. Él no está en lo superficial ni en lo espectacular sino en el soplo de una ligera brisa como la que Bernadette sentía en Lourdes. Por otro lado, la relación con Dios debe anclarse en la profundidad del corazón. No es una relación accesible a las miradas humanas...Está escondida.
 

 Bernadette se aplica ese principio de vida oculta a varios niveles:
 
  • Oculta físicamente para que la multitud no tenga acceso a ella.
  • En la enfermería, su humanidad se esconde al no dejar visibles todas sus cualidades.
  • En la soledad de su enfermedad, esconde su corazón, no dejando percibir su santidad.
  • Sólo habla cuando se le interroga. Habla poco, pero se expresa cuando es necesario.
  • En su recogimiento. Tanto en Lourdes como en Nevers, Bernadette pasa la mayor parte del tiempo con Dios..."¿Dónde encontrar un amigo como Jesús que sepa compartir y al mismo tiempo dulcificar nuestros dolores? Amémosle y unámonos a Él con todo nuestro corazón".
 
Uniéndose a Cristo, Bernadette puede imitar verdaderamente a la Virgen María...Y si nosotros queremos seguir a Bernadette debemos pasar de la devoción mariana a la VIDA CON MARÍA.
 
 
"La Gruta milagrosa de Lourdes"
Grabado de Charles Mercereau.
 
 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario