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martes, 23 de abril de 2019

Procesión del Cristo de Becerra en las Descalzas Reales

Por segunda vez, he tenido la fortuna de vivir un Viernes Santo en el madrileño monasterio de las Descalzas Reales, acompañando a los Heraldos del Evangelio y siendo testigo de la tradicional procesión del Cristo de Becerra que recorre el claustro bajo del monasterio. Los lectores de mi blog saben que la primera vez que la presencié, dos años atrás, la experiencia dejó honda huella en mi alma y así lo plasmé en mi artículo de entonces.

En esta ocasión, para quienes no conozcan todavía esta solemne procesión, les cuento más detalles de la misma en este nuevo artículo, con el deseo de que ello les anime a asistir el próximo año.



 


Fotos: María Luz Gómez

jueves, 16 de agosto de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL TRÁNSITO

Permanecer en Madrid durante el mes de agosto es una experiencia muy grata pues la ciudad adquiere un ritmo tranquilo y sosegado del que carece durante el resto del año. A ello se suma la posibilidad de ser testigos de una bella escena que puede contemplarse tan sólo durante unos días en el corazón del Real Monasterio de las Descalzas Reales.

Tras una breve espera en la Portería Reglar, bajo la mirada de los arcángeles pintados por Bartolomé Román y a la luz de cuatro blandones de bronce del siglo XVI que pertenecieron al túmulo funerario de la emperatriz María de Austria, me dispongo a traspasar la puerta que me conducirá por los rincones de este cielo madrileño.

Tras atravesar el claustro bajo, asciendo por la escalera principal deleitándome con las pinturas murales que la rodean. Soy observada por la familia del Rey Felipe IV desde su Balcón Real y me detengo ante el grupo del Calvario, en el que destacan los ángeles que recogen la sangre que mana del costado de Nuestro Señor Jesucristo, quedando ensalzada la Pasión de Cristo en relación con la institución de la Eucaristía. No me retiro sin antes contemplar el Rompimiento de Gloria que decora su techo, atribuido al pintor Claudio Coello. 

A continuación recorro el Claustro alto, donde cobra un especial protagonismo la talla de madera policromada del Cristo yacente, obra de Gaspar Becerra, que es portado cada año en una solemne procesión de Viernes Santo que tuve la fortuna de presenciar en la Semana Santa del año 2017. Tras detenerme un instante ante la capilla de San José y dirigirle una sonrisa, prosigo el recorrido contemplando todas las imágenes y objetos piadosos que aparecen a mi paso. Llego al Antecoro, donde me sitúo ante la hermosa imagen de Nuestra Señora de la Paz y una valiosa cruz realizada en cristal de Bohemia, y observo las diversas obras pictóricas y los objetos devocionales de gran valor artístico. Desde ahí accedo al Coro, donde se encuentra el sepulcro de la Emperatriz María de Austria, y bajo el mismo, la magnífica talla de la Dolorosa de Pedro de Mena. 

Recorriendo otras estancias, me voy aproximando al destino central de mi visita, y para ello atravieso el Salón de Tapices, donde se exponen los paños de la serie de tapices El Triunfo de la Eucaristía, regalados al Monasterio en el siglo XVI por la infanta Isabel Clara Eugenia, hija del rey Felipe II. 

Al fondo de dicho Salón se vislumbra una pequeña puerta tras la cual se encuentra la Capilla de la Dormición, y en su interior, el motivo de mi visita en este caluroso día de agosto. Se trata de un conjunto escultórico devocional del siglo XVII, denominado Dormición o Tránsito de la Virgen, que responde a una tradición de las primeras religiosas del Monasterio, llegadas desde Gandía. Las 18 clarisas franciscanas que habitan actualmente el Monasterio colocan primorosamente la escena cada 15 de agosto, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, pudiendo los visitantes disfrutar del mismo durante los siete días siguientes. Observo a Nuestra Señora del Tránsito, reposando en una artística cama lujosamente decorada y rodeada de hermosos ángeles que se disponen a conducirla al Cielo. Con motivo de la festividad, la imagen de Nuestra Señora aparece ataviada con un traje elaborado en Nápoles en el siglo XVIII, en raso de seda color crema, bordado en vivos colores con motivos vegetales, con encaje de hilo dorado y complementado todo ello con rostrillo y corona.  Fui testigo de esta escena hace ya muchos años en una mis visitas al Monasterio, pero contemplarla de nuevo vuelve a producir en mí la misma sensación de paz.


 Ante la imposibilidad de realizar fotografías en el interior del Monasterio,
me he permitido escanear estas dos imágenes para que puedan contemplar a 
 Nuestra Señora del Tránsito.
No aparecen en las mismas los ángeles que complementan el conjunto, motivo por el cual, 
todos aquellos que se encuentren en la ciudad de Madrid no deben perder la oportunidad de realizar la visita para disfrutar del conjunto escultórico en su totalidad.

Cuesta mucho apartarse de la visión de este primoroso conjunto escultórico, pero debo proseguir la visita recorriendo otras estancias, contemplando las numerosas obras de arte que se agrupan en el Candilón, y en las salas de pintura española, flamenca e italiana. Los retratos de reyes, reinas e infantas atraen mi atención y parecen brindarme una despedida en los últimos momentos del recorrido, pero mi mente y mi espíritu siguen junto a mi Madre, Reina y Señora, la Virgen del Tránsito.

Dejando atrás los muros del Real Monasterio, se cruza ante mí el recuerdo de Tomás Luis de Victoria, nuestro insigne compositor polifonista del Renacimiento, quien fue capellán y maestro de coro en dicho Monasterio, y las notas de sus composiciones comienzan a resonar en mi interior, con la seguridad de que regresaré siempre que tenga ocasión a recorrer las estancias de este maravilloso lugar en el que reinan Nuestro Señor Jesucristo y Su Excelsa Madre.
  Ave, Regina Cælorum,
Ave, Domina Angelorum:
Salve, radix, salve, Porta,
Ex qua mundo lux est orta:
Gaude Virgo gloriosa,
Super omnes speciosa,
Vale, o valde decora,
Et pro nobis Christum exora.


Real Monasterio de las Descalzas Reales
Plaza de las Descalzas - Madrid

El conjunto escultórico del Tránsito de la Virgen sólo puede contemplarse desde el día 15 al 22 de agosto.

HORARIOS:

De Martes a Sábado. Mañana: 10:00 - 14:00 Tarde:16:00 - 18:30
Domingos y festivos. 10:00 - 15:00
Cierre taquillas y acceso al Monasterio una hora antes
Cierre semanal: lunes


martes, 15 de mayo de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL MILAGRO

El pasado viernes 11 de mayo, encaminé mis pasos a uno mis enclaves favoritos en el corazón de Madrid: el Monasterio de las Descalzas Reales. Atravesar su entrada supone siempre un deleite para el espíritu de esta pobre alma mía tan necesitada de sosiego y paz. El motivo que me condujo allí no era otro que el de venerar la imagen de Nuestra Señora del Milagro, concluyendo la Novena que se celebró en su honor y participando en la posterior procesión de la imagen.


Tras el rezo del Santo Rosario, la conclusión de la Novena a Nuestra Señora y la reserva del Santísimo Sacramento, tuvo lugar la Santa Misa celebrada por el Rvdo. D. José Francisco Hernández que, en su homilía, supo hilvanar con su habitual maestría expositiva la historia de la imagen protagonista con la historia del monasterio, el recuerdo de su fundadora Doña Juana de Austria y el anuncio del Reino de María. Así mismo, también se refirió a las lacrimaciones de once imágenes de la Santísima Virgen y San José en diversas sedes de los Heraldos del Evangelio, acontecimiento singular que nos llena de emoción a todos los que conformamos esa familia espiritual. La Santa Misa fue concelebrada, entre otros, por el Rvdo. D. Pedro Paulo Figueiredo y el Padre Alejandro, capellán del monasterio.




 

Finalizada la Santa Misa y tras la imposición de las medallas de Nuestra Señora del Milagro a los nuevos cofrades, dio comienzo la procesión de la imagen a través del claustro, acompañada de la habitual solemnidad que saben imprimir los Heraldos del Evangelio y ambientada musicalmente con las preciosas voces de las Reverendas Madres Clarisas Franciscanas que habitan el monasterio.










Una vez concluida la procesión, la imagen fue expuesta para la veneración de los fieles que demostraron su devoción por ella. No siendo muy conocida por el gran público de hoy, es necesario remontarnos en el tiempo para descubrir su origen y la historia que la acompaña.


La imagen de Nuestra Señora del Milagro aparece representada en un cuadro que fue traído al Monasterio de las Descalzas Reales en el siglo XVI por las primeras religiosas que lo habitaron y que procedían del Monasterio de Santa Clara de Gandía. Como se puede comprobar en la fotografía superior, se trata de una antigua pintura, que fue adquirida en Roma por un ermitaño que había peregrinado allí con motivo del santo Jubileo. Posteriormente, el ermitaño trajo la pintura a Valencia, donde habitó en una ermita en la que situó la imagen en un altar construido al efecto, gracias a las limosnas que le eran entregadas. Una de las casas visitadas por él era la residencia de los Duques de Gandía, contando el ermitaño con el especial aprecio de la señora duquesa, Doña Francisca de Castro.

Tras la muerte del ermitaño y cumpliendo su última voluntad, el cuadro fue entregado a la hija de los duques, Doña Leonor de Borja, quedando la imagen, desde ese momento, adscrita a la noble familia, que la situó en el altar de su capilla privada. El hecho de que todas las peticiones presentadas ante la imagen, tanto comunes como particulares, fuesen concedidas, hizo que su veneración se extendiera por todo el Reino de Valencia. Este hecho motivó su traslado a una capilla pública. Entre sus numerosos devotos, contó con un importante miembro de la familia de los Gandía: San Francisco de Borja.

A la muerte de Doña Leonor, la pintura pasó en herencia a su hermana Sor Juana de la Cruz, religiosa en el convento de Santa Clara de Gandía, quien la trajo a Madrid al convertirse en primera Abadesa del Monasterio de las Descalzas Reales. De esta forma llegó la Virgen del Milagro a nuestra ciudad, siendo colocada inicialmente en la Casita de Nazaret, que constituye una de las estancias más originales del monasterio. Allí estuvo expuesta hasta ser trasladada a la capilla construida para albergarla y, que por esta razón, recibe el nombre de Capilla del Milagro. Esta capilla constituye un ejemplo del mecenazgo real, ya que fue Don Juan José de Austria, hijo natural del rey Felipe IV, quien financió su construcción en 1678, como regalo a su hija Margarita, que profesó en el monasterio en 1666. En la actualidad, el cuadro se venera en la iglesia pública del monasterio, mientras que en la capilla de su nombre puede contemplarse una copia del original.

Juan José de Austria (José de Ribera)

Capilla del Milagro
Foto: Patrimonio Nacional


Llegados a este punto de la historia, muchos se preguntarán la razón por la cual la imagen que nos ocupa es conocida como Virgen del  Milagro. Se debe a un hecho maravilloso que aconteció en vida del ermitaño. Un caballero valenciano, encontrándose próximo a la hora de su muerte, vio la visión de todos sus pecados. La preocupación de sus familiares por su salvación, hizo que pidieran al ermitaño la intercesión de la Santísima Virgen para que su familiar se arrepintiera sinceramente de su vida pasada y confesara sus numerosas faltas. El ermitaño atendió tan importante pedido y oró con devoción ante Nuestra Señora por esa intención, pidiendo también obtener una señal que le garantizase la conversión del moribundo. Fue entonces cuando se produjo el milagro visible en la propia imagen de la Santísima Virgen, cuyos ojos dejaron de mirar al Niño Jesús como siempre lo habían hecho y se elevaron, quedando así para siempre, tal como se puede comprobar al contemplar su imagen.

Tras ese primer milagro, muchos más tuvieron lugar, tanto en la capilla del palacio de los Gandía como en el monasterio madrileño. Toda la Corte madrileña del siglo XVII tenía una especial devoción a la Virgen del Milagro. Así fue el caso de la Infanta Margarita de Austria, que profesó en el monasterio como Sor Margarita de la Cruz y allí vivió hasta el día de su muerte. Sus numerosas dolencias físicas fueron aliviadas en numerosas ocasiones por la venerada imagen, motivo por el cual la infanta, en señal de agradecimiento, actuó como sacristana de la Virgen, cuidando del adorno de su altar y de su culto. Muchos otros miembros de la familia real fueron atendidos por la Virgen en sus numerosas necesidades. Los hijos del rey Felipe IV fueron puestos bajo la protección de Nuestra Señora del Milagro, y cuando alguno de los pequeños sufría algún malestar, era llevado a su capilla. La gran devoción a la Virgen hizo que se creara la Congregación de Nuestra Señora del Milagro, inscribiéndose el rey como primer miembro, y encargando él mismo un estandarte en seda y oro con la imagen de la Virgen y las armas reales de España. El rey conservó su devoción hasta el día de su muerte, reconociendo que se la debía a su tía la infanta Margarita, devoción que supo transmitir a su hijo, el futuro rey Carlos II.

Margarita de Austria, monja (Andrés López Polanco)
Hija del emperador Maximiliano II de Austria.
Está enterrada en el coro del monasterio.

Otro hecho maravilloso sucedió en 1638, durante la guerra entre Francia y España, cuando las tropas francesas invadieron Fuenterrabía. Por orden del rey Felipe IV, se organizó una procesión con la imagen de la Virgen del Milagro y se le hicieron rogativas solemnes. Cuando los españoles lograron derrotar a los franceses y liberar Fuenterrabía, se estaba celebrando una Misa en el altar de la Virgen del Milagro, momento en que todos los presentes se percataron de la desaparición de la imagen en el lugar en el que se encontraba ubicada. Al día siguiente, el cuadro volvió a aparecer en su altar, y fue entonces cuando las religiosas tuvieron noticia de la victoria española, comprendiendo que la venerada imagen había acudido en auxilio del ejército español. Comunicado el hecho a los monarcas, quisieron mostrar su agradecimiento a la Virgen, organizando una procesión a la que asistió la familia real. 

Fue también bajo el reinado de Felipe IV, cuando se solicitó la bondadosa ayuda de Nuestra Señora del Milagro para que protegiera las embarcaciones españolas, que llegaban desde las Indias portando valiosas mercancías, frente a los asaltantes ingleses. Se tomó la decisión de poner la flota española bajo la protección de la Virgen del Milagro, exponiendo su imagen al culto público y haciéndose una novena para pedir especialmente la seguridad de nuestra armada. Uno de los capellanes, que rezaba con gran fervor, escuchó una voz que le dijo con gran claridad: "Ve a la Abadesa y dile que escriba al Rey, deje mi imagen por nueve días en la iglesia y que canten las nueve misas de mis festividades, y así tendrá buen suceso la flota, con mucho daño a los ingleses". La Abadesa cumplió el pedido de la Virgen, continuaron los cultos y al poco tiempo se supo que la flota había llegado a España sin haber sufrido daño, mientras que los navíos ingleses tuvieron que alejarse por una gran tempestad. Como muestra de sincero agradecimiento, la reina Mariana de Austria dispuso que cada año se hiciera una novena y se situara la imagen de la Virgen en el altar mayor para darle culto tal y como se ha continuado haciendo hasta el día de hoy.

Felipe IV (Diego Velázquez)

Mariana de Austria (Diego Velázquez)

A lo largo del tiempo han sido muchos los prodigios obrados por la Virgen del Milagro, desde la protección frente a fenómenos atmosféricos, la curación de enfermedades y de heridos en peleas callejeras y, especialmente, numerosas conversiones. Fue lo que aconteció a un pecador que llevaba décadas sin confesar. Un día se acercó a la iglesia del monasterio, más por curiosidad que por devoción, y contemplando la imagen, vio salir de ella un rayo de luz que llegó hasta su corazón, quedando al instante arrepentido de sus pecados. A partir de ese momento, decidió confesar con gran arrepentimiento e hizo propósito de cambiar de vida, convirtiéndose en ejemplo de virtud.

Tantas gracias y favores concedidos han motivado que, a lo largo del tiempo, la imagen de la Virgen haya recibido numerosos obsequios como muestra de agradecimiento. Por esta razón, Nuestra Señora del Milagro es adornada con preciosas joyas provenientes de miembros de la realeza y la aristocracia. Destaca entre ellas un alfiler de brillantes, regalo de la Infanta Luisa Fernanda, hermana de la reina Isabel II.

En los convulsos años 30, las religiosas del monasterio buscaron consuelo en la Virgen del Milagro y siempre fueron atendidas maternalmente. No obstante, y para evitar posibles daños, la imagen fue retirada del altar en 1931 y entregada a la familia de una devota camarera de la Virgen, que la guardó con sumo cuidado en su hogar, situado frente al monasterio. Allí permaneció durante la guerra civil. Con gran precaución, el cuadro fue desmontado con objeto de proteger todas sus partes, situando la imagen tras unas maderas, las joyas ocultas en la buhardilla de la casa y el marco guardado en el baúl de juguetes de los niños. Con ocasión de un registro realizado por milicianos, la imagen fue descubierta por éstos que quedaron medio convencidos por la explicación que les fue ofrecida, pero prometiendo regresar para llevar a cabo un registro más exhaustivo. Tal registro nunca pudo producirse pues, tras su salida de la casa, un obús cayó cerca de la vivienda, destruyendo la escalera de acceso y dejando la vivienda incomunicada.

La festividad de Nuestra Señora del Milagro se celebra el 11 de julio, precedida de un triduo. El hecho de que la afluencia de público al templo fuese mayor en el mes de mayo, motivó el traslado de la novena a este mes, manteniendo su festividad en la fecha mencionada. No obstante, los fieles devotos pueden acudir a la iglesia del monasterio el día 11 de cada mes, fecha en que se celebran solemnes cultos en su honor.

Esta pobre esclava de María, que ya luce en su cuello la medalla de la Virgen del Milagro, da fe de la especial sensación que se siente contemplando tan dulce imagen, que irradia una cálida luz capaz de reconfortarnos en cualquier vicisitud que atravesemos. Cuentan que en una ocasión, una religiosa le ofreció su corazón para que se lo llenara de gozo...Desde aquel momento la imagen tuvo una especial atención a los corazones, a los que ilumina con su bondad y dulzura. Dirijamos también nosotros nuestra mirada a Nuestra Señora y ofrezcámosle nuestro corazón, pidiendo que obre en cada uno de nosotros el milagro que más precise nuestra alma, especialmente el de nuestra total y completa conversión.

María Luz Gómez


Quiero expresar mi especial agradecimiento a Don Alejandro López por cederme amablemente sus preciosas fotografías para ilustrar mi humilde escrito.




lunes, 17 de abril de 2017

VIERNES SANTO EN LAS DESCALZAS REALES

Penetrar en el interior de los muros del Monasterio de las Descalzas Reales es siempre un privilegio espiritual. Supone adentrarse en un espacio lleno de arte, fe, piedad, e impregnarse del espíritu de su fundadora, Doña Juana de Austria, y de las Religiosas Franciscanas que lo habitan. Dicho enclave representa para mí no sólo uno de los más bellos exponentes de la catolicidad en el centro de la ciudad de  Madrid sino un universo repleto de todo lo bello, bueno y verdadero. Así he podido constatarlo en cada una de las visitas que he realizado a lo largo del tiempo.
 
Una vez más, he regresado a dicho enclave, pero en esta ocasión para asistir a los Oficios religiosos de Viernes Santo celebrados en su Iglesia, teniendo ocasión de adorar al Santísimo Sacramento en el Monumento, realizar la adoración a la Cruz, escuchar la lectura de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, y las posteriores palabras del oficiante que, de forma muy clara, nos expuso la razón por la cual todos sufrimos habitualmente por múltiples razones: Nuestros sufrimientos se deben al hecho de que no vivimos en la voluntad de Dios sino en la nuestra. Palabras que resonaron con especial intensidad para mí, pensando en lo mal que sobrellevamos nuestros sufrimientos, y confrontándolo con el dolor que experimentó la Santísima Virgen viendo morir a Su Hijo en la Cruz, y contemplando también el lienzo de doña Juana de Austria situado sobre la puerta de su capilla funeraria, princesa que sufrió la temprana pérdida de su esposo y que tuvo que regresar a Castilla, dejando a su pequeño hijo de cuatro meses de edad en Portugal, para nunca más volverlo a ver.

A continuación, todos los presentes esperábamos con ansias ser testigos de una procesión muy significativa: la del Cristo yacente de Gaspar Becerra. Se trata de una talla de madera policromada realizada en el siglo XVI por dicho artista andaluz. La imagen es llevada en procesión a través del claustro, en la tarde del Viernes Santo, con el Santísimo expuesto en el sagrario colocado en uno de sus costados. Esta tradición obedece a un especial privilegio que data desde la fundación del monasterio en 1559, pues, por Bula Papal, es la única procesión en el mundo en la que se lleva a Nuestro Señor Jesucristo vivo y muerto a la vez.

El Cristo yacente de Becerra bajo la mirada de su Dolorosa Madre, obra de Pedro de Mena.
Foto: Don Eric Fco. Salas
 
A tal efecto, el claustro se decora con tapices de Rubens pertenecientes a la colección "El triunfo de la Eucaristía", que fueron un obsequio de la infanta Isabel Clara Eugenia al Monasterio. Todo el recorrido está ambientado musicalmente con los motetes que nuestro insigne polifonista Tomás Luis de Victoria compuso expresamente para esta procesión, en las angelicales voces de las Clarisas que habitan el monasterio. Escuchar dichas composiciones de quien fue capellán y maestro de coro en las Descalzas, durante una procesión que recorre el claustro desde hace siglos, es algo verdaderamente indescriptible.

Tapiz de la serie "El triunfo de la Eucaristía" - Rubens.
Foto: Google
 
Si tanto el escenario y la música son de por sí solemnes, el hecho de que sean los  Heraldos del Evangelio los encargados de portar al Cristo y ayudar en la procesión, labor que vienen realizando desde hace más de 30 años, logra emocionar hasta lo más hondo a esta pobre esclava de María que aquí escribe, máxime contemplando la procesión desde un rincón del claustro situado bajo la imagen de Nuestra Señora del Pilar. Todos los presentes esperábamos impacientes la aparición del Cristo, momentos en los que nos unimos al rezo de la Corona de los Siete Dolores de la Santísima Virgen.

Los Heraldos portan al Cristo desde el lugar en el que habitualmente puede ser contemplado hasta el interior de la Iglesia, para posteriormente conducirlo en procesión a través del claustro tal como he expuesto. En el costado del Cristo aparece el Sagrario que está constituido por un viril rodeado de diadema de brillantes. El Cristo es llevado bajo palio en una procesión revestida de toda la solemnidad que acompaña al lugar y con que los Heraldos saben imprimir todo aquello que realizan.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
Fotos: Don Eric Fco. Salas
 
Finalizado el recorrido por el claustro bajo, el Cristo vuelve a ser introducido en la Iglesia para ser expuesto a la veneración de todos los fieles. Allí reposa bajo la mirada de la magnífica talla de su Dolorosa Madre, obra de Pedro de Mena, que data del siglo XVII y que puede contemplarse habitualmente en la Sala Capitular del Monasterio. Es el momento en que el oficiante extrae la Sagrada Forma del costado de Nuestro Señor y nos bendice a todos los presentes.
 
 


 


 







 

Fotos: Don Eric Fco. Salas
 
Contemplar la larga fila de fieles que se disponen a venerar al Cristo es una experiencia intensa que me produjo honda emoción...Tenía la sensación de estar viendo una escena extraída de una época lejana en el tiempo y que discurría ante mis ojos con la sensación de que el tiempo se había detenido...hasta que llegó el momento de unirme a la fila de fieles y disponerme a contemplar de cerca la talla del Cristo que momentos antes había visto ante mí en el claustro...Nuestro Señor flagelado, ensangrentado, muerto por nuestros pecados, en la mayor demostración de amor que el mundo haya conocido. Sobran las palabras en ese momento en que sólo podemos contemplar, reflexionar y orar.

Una vez finalizada la exposición del Cristo a los fieles, con la misma solemnidad con que todo había discurrido, los Heraldos del Evangelio procedieron a cubrir el Cuerpo de Nuestro Señor para trasladarlo de nuevo al interior del Monasterio.
 


Fotos: Don Eric Fco. Salas
 
Como conclusión a este escrito, sólo me queda recomendar a todos aquellos que no hayan asistido a esta procesión, que no pierdan la ocasión de acudir al monasterio de las Descalzas Reales el próximo año, para vivir ese momento tan intenso y piadoso, acompañando a Nuestro Señor, que dio Su vida por todos nosotros. Esta pobre esclava de María agradece a Él y a Su Santísima Madre los obsequios que me brindan, entre ellos el haberme permitido ofrecerles mi pobre compañía en una tarde inolvidable de Viernes Santo. Y a los Heraldos del Evangelio, mi sincero reconocimiento y mi profunda estima, agradeciéndoles que siempre eleven mi espíritu con su piedad y saber hacer.
 
María Luz
 
Mi sincero agradecimiento a Don Eric Fco. Salas por cederme amablemente, una vez más, sus excelentes fotografías.