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martes, 9 de mayo de 2017

CARTA A LOS AMIGOS DE LA CRUZ

Leer a San Luis María Grignion de Montfort es un privilegio. Tras la lectura de La Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, y el Secreto Admirable del Santísimo Rosario, ha llegado el turno de abrir las páginas de la Carta a los Amigos de la Cruz, librito en el que su autor nos explica la importancia que, para nosotros cristianos, tiene el apego a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, y cómo podemos unirnos más estrechamente a esa Cruz adorable.
 
 
"Amigos de la Cruz, ¡qué nombre tan grande! Es el nombre inconfundible del cristiano." Esta idea resulta tan difícil de aceptar para la inmensa mayoría, sin darnos cuenta que, cuanto más nos alejemos de la cruz, más sufriremos y más nos desviaremos del camino que conduce al Cielo. San Luis María nos explica que todo amigo de la cruz es un hombre elegido por Dios, un héroe que combate contra el demonio y el mundo, venciendo a ambos. Amando la cruz, soportando sufrimientos, penas y humillaciones, se opone al orgulloso Satanás; amando la pobreza, vence la avaricia del mundo; sintiendo apego al dolor, destierra la sensualidad de la carne.
 
El amigo de la Cruz se convierte en un ser que se eleva sobre lo terrenal, lo visible y perecedero, pues su mente y su destino están en el cielo, identificándose en todo con Nuestro Señor..."Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí".
 
Para ello debemos visualizar claramente la existencia de dos bandos muy diferenciados:
 
  • El bando de Jesucristo: compuesto por los auténticos seguidores de Jesús, de escaso número, pues seguir al Maestro supone poseer un grado de valentía que permita cargar con las cruces con buen ánimo, sirviendo a Nuestro Señor todos los días de nuestra vida, y encaminándose hacia el cielo.
  • El bando del mundo o del demonio: es el más numeroso, y a simple vista muestra una apariencia atrayente. Sus integrantes aborrecen la humillación, ambicionan los honores, y viven sumergidos en placeres, ofreciendo justificaciones para todo lo que acometen, pensando que la misericordia divina les salvará y les abrirá las puertas del cielo, sin que tengan que renunciar a ningún aspecto terrenal. En realidad, se engañan a sí mismos, pues Dios es misericordioso pero también justo.
Como cristianos, debemos aplicarnos a la lectura de este librito y grabarnos a fuego cada una de las directrices que el autor nos ofrece para alcanzar la perfección cristiana, y que paso a exponer.
 
La perfección cristiana comprende varios aspectos que debemos cumplir:
 
  1. Querer ser santos, es decir, querer seguir a Jesucristo, renunciando al mundo, a su propio cuerpo y a su propia voluntad.
  2. Abnegarse, lo cual implica, negarse a sí mismo.
  3. Padecer: cargar con la propia cruz. 
  4. Obrar: seguir a Jesucristo.
Cargar con la propia cruz, implica cargar con la cruz individual, la que el Altísimo destina a cada uno de nosotros, conformada por nuestros sufrimientos, dolores, humillaciones, una cruz construida a nuestra medida, que debemos cargar con buen ánimo y sin quejas. Debemos ser muy conscientes de este punto, pues tenemos que pagar por nuestros pecados en este mundo o en el otro. Y a todas luces, es mucho más ventajoso hacerlo en este mundo, pues de esta forma, nuestro castigo será más suave y llevadero, asistiéndonos en todo momento la misericordia divina. Mientras que si tuviéramos que pagar por nuestros pecados en el otro mundo, sería un castigo sin misericordia y eterno. Cargar nuestra cruz es un regalo que Nuestro Padre nos hace, pues sólo a través de ella podremos entrar en el cielo, por ello mismo, sufrir con alegría se convierte en un acto de sabiduría. Además debemos tomar en consideración que si Nuestro Señor fue coronado de espinas, nosotros no somos merecedores de estar coronados de rosas, pues "es necesario que el discípulo sea tratado como el maestro y el miembro como la Cabeza." Aceptando la voluntad divina con paciencia y resignación, demostraremos nuestro amor a Jesucristo, que padeció tanto por nosotros, y nos purificaremos. Él sabe bien lo que hace, lo que nos conviene, "sus golpes son acertados y amorosos." Y además fijémonos en  el ejemplo de numerosos santos, que fueron hombres y mujeres de carne y hueso, y que con la ayuda de la gracia, demostraron su amor a Nuestro Señor, y hoy disfrutan del paraíso celestial. Nada ni nadie evitará nuestro sufrimiento, por tanto, mejor sufrir con paciencia y resignación, con alegría como hizo Jesucristo, asistidos de la gracia, que sufrir con impaciencia, incrementando el peso de nuestra cruz con el añadido por el demonio, sin asistencia de la gracia, y condenándonos al sufrimiento eterno.
 
Cargar la cruz y seguir a Jesucristo, implica llevar la cruz como Él la llevó, y para conseguirlo debemos guardar una serie de catorce reglas:
  1. No buscar cruces a propósito ni por culpa propia. No tiene sentido hacer el mal para buscar el desprecio de otros y cargar con esa cruz, sino todo lo contrario, debemos hacer siempre el bien, imitando a Nuestro Señor Jesucristo, para agradar a Dios y ganar al prójimo. Será siempre la Providencia la que nos enviará los sufrimientos, sin que nosotros lo elijamos.
  2. Mirar por el bien del prójimo. A la hora de actuar, siempre debe guiarnos la caridad hacia el prójimo.
  3. Admirar, sin pretender imitar, ciertas mortificaciones de los santos. Admiremos sus virtudes y la maravillosa obra del Espíritu Santo en sus almas, pero no pretendamos volar tan alto como ellos.
  4. Pedir a Dios la sabiduría de la Cruz, y pedirla con insistencia, para que lleguemos a comprender cómo podemos llegar a desear, buscar y cargar la cruz.
  5. Humillarse por las propias faltas, pero sin turbación. Si hacemos algo indebido, sea por culpa o por ignorancia, humillémonos enseguida ante Dios, y aceptemos la humillación que nos pueda sobrevenir, pues es permitida por Dios para humillarnos ante nosotros mismos y ante los hombres, y quitarnos la consideración orgullosa de las gracias concedidas por Él.
  6. Dios nos humilla para purificarnos, y de este modo, conducirnos a la humildad y santidad, pues "todo cuanto hay en nosotros está corrompido por el pecado de Adán y por los pecados actuales."
  7. En las cruces, evitar la trampa del orgullo. Nunca debemos pensar que nuestras cruces son grandes y muestra del amor que Dios nos tiene, sino amorosos castigos por nuestros pecados.
  8. Aprovecharse más de los sufrimientos pequeños que de los grandes, ya que Dios no mira tanto cuánto sufrimos sino cómo sufrimos. "Sufrir mucho y mal es sufrimiento de condenados; sufrir mucho y con aguante, pero por una mala causa, es sufrir como mártir del demonio; sufrir poco o mucho, por Dios, es sufrir como santo." Ante las contrariedades que nos sobrevengan, demos gracias a Dios.
  9. Amar la cruz con amor sobrenatural. Dios no nos exige que amemos la cruz con amor sensible, pues resulta imposible a la naturaleza. Hay otro amor a la cruz que es el racional, que surge del conocimiento de la felicidad que hay en sufrir por Dios. Siendo éste un amor bueno, no es siempre necesario para sufrir con alegría y según Dios. Existe un amor fiel y supremo, que nace del alma, a la luz de la fe, que nos hace amar la cruz que cargamos. Con uno de estos dos últimos tipos de amor, debemos amar la cruz y aceptarla.
  10. Sufrir toda clase cruces, sin rechazarlas ni elegirlas...Cualquier injusticia, pobreza, pérdida, enfermedad, humillación, pena, calumnia, abandono, traición..."Ahí está la meta suprema de la gloria divina y de la felicidad verdadera del auténtico Amigo de la Cruz".
  11. Los cuatro motivos para sufrir como se debe: La mirada de Dios (Dios dirige Su mirada a quien lucha por Él y carga su cruz con alegría); la mano de Dios (que está en todo aquello que nos sobreviene...No nos resistamos a ello, pues nos podría someter a la justicia de la eternidad); las llagas y dolores de Jesús crucificado (mirémosle a Él, que era inocente, y no nos quejemos nosotros, que somos culpables); el cielo y el infierno (contemplemos el lugar que merecemos por nuestros pecados, y por sufrir mal...y fijemos nuestra vista en el reino eterno al que llegaremos, luchando con valentía y cargando nuestra cruz con paciencia).
  12. Nunca nos quejemos voluntariamente de las criaturas de que Dios se sirve para afligirnos. La queja que constituye pecado es la que trata de evitar el mal que nos hace sufrir, o la queja con intención de venganza, o la queja consentida y acompañada de murmuración e impaciencia.
  13. Recibir la cruz con agradecimiento, sabiendo que la recibimos por nuestro bien.
  14. Cargar con cruces voluntarias...Pequeñas cruces como renuncia al apego de ciertas cosas, alimentos, etc...Esto nos ayudará a enriquecernos, siendo fieles al Señor, y recibiendo de Él numerosas gracias junto con las cruces, hasta llegar a la gloria eterna.
 
Si seguimos todos los consejos ofrecidos por San Luis Mª Grignion de Montfort, acatando todas estas reglas, nos convertiremos en auténticos amigos de la Cruz, y en merecedores de alcanzar el reino celestial.


 IMÁGENES : Google
 

domingo, 1 de enero de 2017

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

 
Hoy, primer día de un nuevo año, celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. En un día tan señalado, quiero desear a todos los lectores de este blog un venturoso año bajo la protección de María Santísima. Nada mejor que recoger unos extractos del "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen" de San Luis María Grignion de Montfort, para rendir homenaje a Nuestra Reina, Madre y Señora.
 
"Dios Padre, que ha hecho un conjunto de todas las aguas, que ha llamado mar, ha hecho un conjunto  de todas sus gracias, que ha llamado María".
 
 
El Eterno Padre no ha dado su único Hijo al mundo sino por medio de María.
 
Por más suspiros que haya exhalado los Patriarcas, por más ruegos que le dirigieron los Profetas y los Santos de la antigua  ley durante cuatro mil años para poseer ese tesoro, no ha habido más que María que lo haya merecido y que haya obtenido gracia ante Dios en fuerza de sus súplicas y por la alteza de sus virtudes. El mundo era indigno de recibir al Hijo de Dios directamente de las manos del Padre; se lo ha dado a María para que el mundo lo recibiese por Ella. El Hijo de Dios se ha hecho hombre para nuestra salvación, pero en María y por María.
 
El Eterno Padre ha comunicado a María su fecundidad, en cuanto una pura criatura podía recibirla, a fin de darle poder para engendrar a su Hijo y después a todos los miembros de su cuerpo místico.
 
Dios Hijo ha bajado a su seno virginal, como el nuevo Adán al paraíso terrestre, para tener en Ella sus complacencias y para obrar en Ella las grandes maravillas de la gracia. Dios hecho hombre ha encontrado su libertad en verse aprisionado en su seno; ha hecho aparecer su poder en dejarse mandar por esta Virgen bendita; ha hallado su gloria y la de su Padre en ocultar sus esplendores a todas las criaturas de la tierra para no revelarlos sino a María; ha glorificado su independencia y su majestad en depender de esta humilde Virgen en su Concepción, en su Nacimiento, en su Presentación en el templo, en su vida oculta de treinta años, hasta su muerte...Ella es quien le ha amamantado, alimentado, cuidado, y podríamos añadir, sacrificado por nosotros.
 
María ha producido, por el Espíritu Santo, la mayor obra que se haya producido o que pueda producirse jamás, que es un Dios Hombre, y consiguientemente Ella producirá las mayores cosas que haya en los últimos tiempos. La formación y la educación de los grandes Santos que habrá hacia el fin del mundo, le está reservada; porque sólo esta excelente y milagrosa Virgen puede producir, en unión del Espíritu Santo, cosas grandes, extraordinarias, en la Iglesia de Jesucristo.
 
(Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen - San Luis Mª Grignion de Montfort)
 
 


miércoles, 2 de noviembre de 2016

EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO

Desde la lectura del "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", sentía enormes deseos de volver a leer a San Luis María Grignion de Montfort. Por este motivo, entre sus obras restantes, he proseguido la lectura escogiendo un bello librito titulado "El Secreto admirable del Santísimo Rosario", en el cual el Santo hace un precioso repaso por cada una de las rosas que conforman la devoción del  Santísimo Rosario y que constituyen la Corona de Nuestra Reina y Señora.  

Foto: María Luz
 
Con su estilo elegante y vibrante, San Luis María nos introduce de lleno en esta bella y significativa devoción, fundada por Santo Domingo, renovada por el Beato Alano de la Roche, y tan querida por tantos creyentes que lo rezamos a diario, porque sabemos que su rezo es la mejor arma de la que disponemos para vencer al maligno. Es así como el autor nos llama al combate:

"¡A las armas! ¡Tomad con una mano la Cruz y el Rosario con la otra y combatid  con valor por la más noble de las causas; por el honor de Dios y la gloria de Su Madre."
 
   
Rosario significa "corona de rosas".
Cada vez que lo recitamos correctamente y con devoción,
entregamos a la Santísima Virgen una rosa por cada Avemaría
y tantas coronas de rosas como Rosarios.
 
Para rezar el Rosario, bastan la fe pura y la buena intención.
 
Conviene comenzar a rezar el Rosario recitando el Credo, pues esta oración se basa en la fe, al ser un resumen de las verdades cristianas. Proseguimos rezando el Padrenuestro al iniciar cada misterio, pues es una oración de la autoría de Nuestro Señor Jesucristo, que encierra "todos los deberes que tenemos para con Dios, los actos de todas las virtudes y la súplica  de todos nuestros bienes espirituales y corporales." Y tras cada Padrenuestro, proseguiremos con la recitación de diez Avemarías, oración que resume toda la teología cristiana sobre María Santísima. El Avemaría contiene una alabanza (forma la verdadera grandeza de María) y una invocación (reúne todo lo que debemos pedirle y lo que podemos alcanzar de su bondad). A través de ella rendimos honor a Nuestra Señora, glorificando al mismo tiempo a Dios Padre "porque honramos a la más perfecta de sus criaturas,  al Hijo porque alabamos a Su Purísima Madre, y al Espíritu Santo porque admiramos las gracias de que fue colmada su Esposa." Cada Avemaría recitada con fe y devoción es una moneda con la que compramos el Paraíso y con la que nos hacemos dignos de la bendición de Nuestra Señora, que nos llenará de gracias y consuelos espirituales. Y finalizaremos cada decena recitando el Gloria Patri.
 
Quien crea que el Santo Rosario es simplemente una sucesión de Padrenuestros y Avemarías, se equivoca. Es mucho más que eso, pues en su recitación realizaremos un repaso de los misterios de la vida, pasión, muerte y gloria de Jesucristo y María, componiendo una corona para Nuestra Reina y reuniendo un sinfín de rosas que no se marchitarán jamás y  que podremos presentar para alcanzar nuestra salvación. De ahí se deduce que su rezo implica dos tipos de oración: la mental (meditando los misterios) y la vocal (recitando los Padrenuestros y Avemarías durante a meditación).
 
Dice San Luis María: "Misterio es una cosa sagrada  y difícil de comprender. Las obras de Jesucristo son todas sagradas  y divinas, porque es Dios y hombre al mismo tiempo. Las de la Santísima Virgen  son muy santas, porque es la más perfecta de las puras criaturas. Con razón se llaman las obras de Jesucristo y Su Santa Madre, misterios, porque están repletos de maravillas , de perfecciones  e instrucciones profundas y sublimes , que el Espíritu Santo descubre a los humildes  y a las almas sencillas que le honran."
 
La meditación de los misterios es una excelente forma de tener presentes ante nuestros ojos la vida y virtudes de Nuestro Señor Jesucristo, para no decir, hacer, ni pensar nada sino conforme a Él. De esta forma, conoceremos mejor Su vida, regulando nuestra vida y acciones para hacernos semejantes a nuestro Maestro, con el auxilio de su gracia y por la intercesión de María Santísima. Esta práctica nos ayuda a alcanzar la perfección cristiana:
  • Nos eleva al perfecto conocimiento de Jesucristo.
  • Purifica nuestras almas del pecado.
  • Nos permite vencer a nuestros enemigos.
  • Nos facilita la práctica de las virtudes.
  • Nos abrasa en amor de Jesucristo.
  • Nos proporciona con que pagar nuestras deudas con Dios y con los hombres.
  • Nos consigue de Dios toda clase de gracias.

Podemos rezar el Santo Rosario tanto por nosotros como por aquellos que nos han sido encomendados y por toda la Iglesia. Con su rezo podemos cooperar a la salvación de las almas y alcanzar todo tipo de bienes:
  • Los pecadores obtienen el perdón.
  • Las almas sedientas se sacian.
  • Los que están atados ven sus lazos deshechos.
  • Los que lloran hallan alegría.
  • Los que son tentados, la tranquilidad.
  • Los pobres son socorridos.
  • Los religiosos son reformados.
  • Los ignorantes instruidos.
  • Los vivos triunfan de la vanidad.
  • Y los muertos son aliviados por medio de sufragios.
"Quiero que los devotos de mi Rosario tengan la gracia y la bendición de mi Hijo durante su vida, en la hora de su muerte y después de ésta, que se vean libres de toda clase de esclavitudes y que sean reyes, con la corona sobre su cabeza, el cetro en la mano y tengan la gloria eterna." 

Es muy necesario tener presente la siguiente advertencia de  San Luis María: "No es la duración, sino el fervor de nuestras oraciones lo que agrada a Dios y le gana el corazón."  En efecto, debemos pensar en la cantidad de devotos que rezan el Rosario y los pocos que adelantan en virtud. Ello se debe a que es necesario cumplir una serie de requisitos a la hora de formular nuestra oración para agradar a Dios y hacernos santos:

-Hallarse en estado de gracia o al menos resuelto a salir del pecado. Las oraciones y buenas obras de alguien que se halla en pecado mortal no son agradables a Dios ni conducen a la vida eterna.

-Es necesario rezar con atención, de lo contrario nuestra oración sería infructuosa y nos llenaría de pecados. Imaginemos que Dios y la Santísima Virgen nos miran y que "nuestro santo ángel de la guarda está a nuestra derecha y recoge nuestras Avemaría como tantas rosas, si son bien rezadas, para hacer una corona a Jesús y  María." Recemos de este modo, meditando sus misterios.

-Hay que combatir vigorosamente las distracciones. Aunque las distracciones hayan estado presentes durante nuestro rezo, debemos desecharlas desde el instante en que nos percatamos de ellas. De esta forma, nuestro Rosario será más meritorio, puesto que más mérito hay en aquello que nos resulta más difícil, pero bajo ningún concepto desistamos de la oración, pues en ese caso estaríamos concediéndole la victoria al demonio.

Antes de iniciar el rezo, debemos invocar al Espíritu Santo, y antes de iniciar cada decena, debemos considerar el misterio que contemplamos en cada una de ellas, pidiendo alcanzar una virtud contenida en el mismo y que deseamos practicar, o algún pecado del que queramos vernos liberados. El rezo se hará con atención, devoción y pausa, pues la precipitación haría que no obtuviésemos ningún fruto y que no avanzásemos en la santidad.

Debe ser rezado con modestia, preferentemente de rodillas, con las manos juntas y con el Rosario entre ellas. En caso de impedimento o enfermedad, puede rezarse acostado, sentado o de pie. También puede rezarse caminando en caso de viaje, o mientras se trabaja si no es posible parar el trabajo, pues en caso de necesidad, Nuestra Señora valorará más nuestra buena intención que el acto exterior.

Otra de las recomendaciones que nos hace San Luis María, es la conveniencia de rezar el Rosario en tres partes y tres tiempos diferentes, es decir, no es preciso rezarlo todo de una vez. Podemos rezar una decena ahora, otra más tarde, y así concluirlo antes de que finalice nuestra jornada. De esta manera, sin duda, podríamos fácilmente rezar el Rosario en su totalidad.

Muy aconsejable es también rezarlo a dos coros, pues tal como expuso Nuestro Señor, cuando varias personas se reúnen en Su nombre, Él se encuentra presente entre ellos rezando la misma oración. El rezo en comunidad permite estar más atento, la oración de cada uno se hace común a todos los demás, de manera que si alguien no reza tan bien, su falta se verá compensada por los que rezan mejor, y se adquiere el mérito de haber rezado tantos Rosarios como personas participantes en la oración. Rezando públicamente, se aplaca mejor la ira divina y se alcanza su misericordia, atacando más eficazmente al demonio.

Recemos el Santo Rosario con fe, confianza, perseverancia y humildad cada día, todos estamos necesitados de ello debido a nuestras debilidades, pecados, imperfecciones y a nuestros enemigos.

No hay mejor forma de honrar a Nuestra Reina y Señora que rezar Su Santo Rosario... ¡¡¡Colmemos de Rosas a Nuestra Madre!!!... Siendo constantes en la oración, conseguiremos avanzar en el camino de nuestra santificación evitando caer en tentación, escapando de las garras del demonio y asegurándonos, junto a Ella, un lugar en el Cielo.

 
 
 
Reina del Santo Rosario
"Todos los que sirven devotamente a la Santísima Virgen mediante la recitación del Rosario, reciben infaliblemente bendiciones conformes a sus necesidades espirituales y temporales."
(Santo Domingo)
 
Gracias San Luis María Grignion de Montfort,
por enseñarme tanto sobre la devoción a Nuestra Señora
y por ayudarme a perfeccionarme en mi oración.
 

  IMAGENES: Google y Pinterest.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

EL TRIUNFO DE LA CRUZ


 
¡Oh Cruz, nuestra seguridad, nuestra protección, nuestra única esperanza, nuestra perfección!
 
Eres tan preciosa,
que del cielo un alma vendría jubilosa para sufrir en esta tierra.
Por ti, oh Cruz, se da la bendición,
y por ti Dios nos perdona y redime;
Él quiere que todas las cosas estén marcadas con tu sello,
si no lo encuentra en ellas,
nada le parece hermoso.
 
Cuando eres colocada en algún sitio,
lo profano se vuelve santo y las manchas desaparecen,
pues Dios de ellas se adueña.
Él quiere, oh Cruz, que te llevemos en la frente y en el corazón,
antes que cualquier obra,
para que lleguemos a ser vencedores.
 
(San Luis María Grignion de Montfort)
 
FOTO: María Luz

jueves, 16 de junio de 2016

ORACION ABRASADA

El título lo dice todo, esta oración escrita por San Luis María Grignion de Montfort, extensa y profunda en contenido, es puro fuego. Este santo francés, del cual ya escribí anteriormente, tiene el don de expresar con pasión y profundidad la auténtica devoción, hasta el punto que podríamos decir que existe un antes y un después de él.
 
San Luis María Grignion de Montfort en la Basílica de San Pedro.
 
Con su sentido profético, San Luis María percibe una desolación en el mundo, una gran persecución ante la cual, parece que Dios está cruzado de brazos, por ello implora la intervención divina para poner orden en el mundo. Prevé el surgimiento de una Congregación que renueve la Iglesia, y pide para ella, hombres totalmente divinos que sean verdaderos siervos de la Santísima Virgen.
 
Claramente, esta oración, escrita en el siglo XVIII, se torna actual ante la situación de la cual somos hoy testigos a lo largo y ancho del mundo. A través de sus palabras, el santo no implora nada para sí mismo, sino para mayor gloria de Dios. Hagamos nuestras estas palabras, y donde Nuestro Señor y por tanto nuestra fe católica sea ofendida, invoquemos la intervención divina, porque nuestra alma debe estar puesta en la mayor gloria de Dios, y hagámoslo con la misma pasión de la que San Luis María hace gala en todas sus oraciones.
 
ORACIÓN ABRASADA
 
Acordaos, Señor, de vuestra Congregación, que hicisteis vuestra desde toda la eternidad, pensando en ella en vuestra mente ab initio; que hicisteis vuestra en vuestras manos, cuando sacasteis el mundo de la nada, ab initio; que hicisteis vuestra en vuestro corazón, cuando vuestro querido Hijo, muriendo en la cruz, la regaba con su sangre y la consagraba por su muerte, confiándola a su Santa Madre.
 
Escuchad, Señor, los designios de vuestra misericordia; suscitad los hombres de vuestra derecha, tales como los habéis mostrado dando conocimiento profético de ello a algunos de vuestros mayores siervos: a un San Francisco de Paula, un San Vicente Ferrer, una Santa Catalina de Sena y a tantas otras grandes almas en el último siglo pasado, y aun en este en que vivimos.
 
 
INVOCACIÓN A DIOS PADRE
 
Dios Todopoderoso, acordaos de esta Compañía aplicando a ella todo el poder de vuestro brazo, que no está acortado; para sacarla de la luz y para llevarla a su perfección. Renueva los prodigios, repite los portentos, exalta tu mano, robustece tu brazo.
 
¡Oh Dios soberano, que de las piedras toscas podéis hacer otros tantos hijos de Abraham!; decid como Dios una sola palabra, para enviar buenos obreros a vuestra mies y buenos misioneros a vuestra Iglesia.
 
Dios de bondad, acordaos de vuestras antiguas misericordias, y por estas mismas misericordias, acordaos de esta Congregación; acordaos de las promesas reiteradas que nos habéis hecho por vuestros profetas y por vuestro mismo Hijo, de oírnos en nuestras justas peticiones. Acordaos de las plegarias que vuestros siervos y vuestras siervas os han hecho sobre este asunto desde hace tantos siglos: que sus votos, sus gemidos, sus lágrimas, la sangre por ellas derramada lleguen a vuestra presencia para solicitar poderosamente vuestra misericordia. Pero acordaos, sobre todo, de vuestro querido Hijo: No rechaces la faz de tu Ungido. Su agonía, su confusión y su llanto amoroso en el Huerto de los Olivos cuando dice: ¿Qué provecho encuentras en mi sangre?; su muerte cruel y su sangre derramada os gritan a voces misericordia, a fin de que por medio de esta Congregación sea establecido su imperio sobre las ruinas del de sus enemigos.
 
Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia. Es hora de que actúes, Señor, han quebrantado tu voluntad. Es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Vuestra divina Ley es quebrantada; vuestro Evangelio abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos, Toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo. ¿Lo dejaréis abandonado así todo, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Vendrá todo, al fin a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Callaréis siempre? ¿Aguantaréis siempre? ¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia?: Hazme justicia. ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amen, ven, Señor? Las criaturas todas, aun las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. La creación entera está gimiendo.
 
INVOCACION A DIOS HIJO
 
Señor Jesús, acordaos de dar a vuestra madre una nueva Compañía, para renovar por ella todas las cosas y para acabar por María los años de la gracia, como los habéis comenzado por ella. Dad hijos y siervos a vuestra Madre; si no, yo muero. Es por vuestra Madre por la que yo os lo pido. Acordaos de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechacéis; acordaos de que sois su Hijo y escuchadme; acordaos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella, y cumplid mis deseos. ¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo para vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como Dios verdadero que sois, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y como el mejor de todo los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre.
 
¿Qué es lo que os pido?:
 
Hombres libres...
 
-Sacerdotes libres con vuestra libertad, descarnados de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin hermanas, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos, sin cuidados y aun sin voluntad propia. 
 
-Esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad, hombres según vuestro corazón, que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, cumplan todas vuestras voluntades y arrollen a todos vuestros enemigos, como otros tantos nuevos Davides, con el báculo de la cruz y la honda del Santo Rosario en las manos.
 
-Nubes elevadas de la tierra y llenas de rocío celeste, que sin impedimento vuelan por todas partes según el soplo del Espíritu Santo. Son ellos, en parte los que conocieron vuestros profetas cuando preguntaban: ¿Quiénes son estos que vuelan como las nubes? Caminaban de frente, avanzaban a favor del viento del espíritu.
 
Hombres siempre a vuestra mano. Prontos siempre a obedeceros, a la voz de sus superiores, como Samuel: Heme aquí, prestos siempre a correr y a sufrirlo todo con Vos y por Vos, como los Apóstoles: Vamos también nosotros y muramos con él.
 
-Verdaderos hijos de María, vuestra Santa Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazos, y enriquecidos de sus gracias.
 
-Verdaderos siervos de la Virgen Santísima, que, como otros tantos Domingos, vayan por todas partes con la antorcha brillante y ardiente del Santo Evangelio en la boca y el Santo Rosario en la mano, a ladras como perros, abrasar como el fuego y alumbrar las tinieblas del mundo como soles; y que por medio de la verdadera devoción a María, es decir, interior sin hipocresía, exterior sin crítica, prudente sin ignorancia, constante sin liviandad y santa sin presunción, aplasten, por dondequiera que fueren, la cabeza de la antigua serpiente para que la maldición que Vos le echasteis se cumpla enteramente: Estableceré  hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza.
 
Verdad es, Dios soberano, que el demonio pondrá, como Vos lo habéis predicho, grandes asechanzas al carcañal de esta mujer misteriosa, es decir, a esta pequeña Compañía de sus hijos, que vendrán hacia el fin del mundo, y que habrá grandes enemistades entre esta bienaventurada descendencia de María y la raza maldita de Satanás; pero es una enemistad totalmente divina, la única de que Vos sois el autor: Estableceré hostilidades. Pero estos combates y estas persecuciones, que los hijos de la raza de Belial desencadenarán contra la raza de vuestra Santa Madre, sólo servirán para hacer brillar más el poder de vuestra gracia, la valentía de su virtud y la autoridad de vuestra Madre puesto que Vos, desde el principio del mundo, le habéis dado el encargo de aplastar a este orgulloso, por la humildad de su corazón y de su planta: Ella te herirá en la cabeza.
 
Si no, yo muero. ¿No me está a mí mejor morir que veros, Dios mío, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido, que hallarme todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Mil muertes me serían más tolerables. O enviad socorros desde el cielo o llevaos mi alma. Si no tuviera la esperanza de que oiréis pronto o tarde, a este pobre pecador en interés de vuestra gloria, como habéis oído a tantos otros, si el afligido invoca al Señor; Él lo escucha, pediría absolutamente con un profeta: Llévate mi alma. Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: No moriré, sino viviré y contaré las obras del Señor, hasta que con Simeón pueda decir: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto vuestra salvación.
 
INVOCACION AL ESPIRITU SANTO
 
Espirítu Santo, acordaos de producir y formar hijos de Dios, con vuestra divina y fiel Esposa María. Vos formasteis la cabeza de los predestinados con Ella y en Ella; con Ella y en Ella debéis formar todos sus miembros. Vos no engendráis ninguna persona divina en la Divinidad; pero sois, Vos solo, quien formáis fuera de la Divinidad todas las personas divinas; y todos los santos que han sido y serán hasta el fin del mundo son otras tantas obras de vuestro amor unido a María. El reino especial de Dios Padre duró hasta el diluvio y terminó un diluvio de agua; el reino de Jesucristo terminó por un diluvio de sangre; pero vuestro reino, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa actualmente y se terminará por un diluvio de fuego, de amor y justicia.
 
¿Cuándo vendrá este diluvio de fuego, de puro amor, que Vos debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente, que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los mismos judíos se abrasarán en él y se convertirán? Sin que nada se sustraiga a su calor. ¡Ojalá estuviera ardiendo! Que este divino fuego que Jesucristo vino a traer a la tierra se encienda, antes que Vos encendáis el de vuestra cólera, que reducirá toda la tierra a cenizas. Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Enviad este espíritu, todo de fuego, sobre la tierra, para crear en ella sacerdotes todo fuego, por ministerio de los cuales la faz de la tierra sea renovada y vuestra Iglesia reformada.
 
Acuérdate de tu Congregación: es una Congregación, una asamblea, una selección, un apartado de predestinados, que Vos debéis hacer en el mundo y del mundo: Yo os he elegido del mundo. Es un rebaño de corderos pacíficos que Vos debéis reunir en medio de tantos lobos; una compañía de castas palomas y de águilas reales en medio de tantos cuervos; un enjambre de abejas en medio de tantas avispas; una manada de ciervos ágiles entre tantas tortugas; un escuadrón de leones destemidos en medio de tantas liebres tímidas. ¡Oh Señor!: Congréganos de entre las naciones. Congréganos, únenos para que se dé toda la gloria a vuestro nombre santo y poderoso.
 
LA COMPAÑIA DE MARIA
 
Vos predijisteis esta ilustre Compañía a vuestro profeta, que habla de ella en términos muy oscuros y misteriosos, pero totalmente divinos:
 
"Hiciste caer una lluvia generosa, para reanimar a los tuyos redimidos. Y tus familiares hallaron reposo, en el lugar que tu bondad les preparó. El Señor da a los mensajeros la noticia: Dios dispersó un inmenso ejército. Huyen reyes, huyen con sus tropas; una mujer en su carpa reparte el botín: alas de paloma cubiertas de plata y de oro en su plumaje. Mientras el Todopoderoso vencía a los reyes, caían nieves sobre el Salmón. Montes de Dios, montes de Basán, altos y encumbrados, montes escarpados, montes de Basán. ¿Por qué miran celosos al monte que Dios quiso habitar, en que el Señor habita para siempre?"
 
¿Cuál es, Señor, esa lluvia voluntaria que Vos habéis preparado y escogido para vuestra heredad enferma sino estos santos misioneros, hijos de María vuestra Esposa, que Vos debéis reunir y separar del pueblo, para bien de vuestra Iglesia, tan debilitada y manchada por los crímenes de sus hijos?
 
¿Quiénes son estos animales y esos pobres que morarán en vuestra heredad, y que serán alimentados en ella con la dulzura divina que Vos les habéis preparado, sino estos pobres misioneros abandonados a la providencia que rebosará de vuestras delicias más divinas, sino los animales misteriosos de Ezequiel, que tendrán la humanidad el hombre por su cridad desinteresada y bienhechora para con el prójimo; la valentía del león por su santa cólera y su celo ardiente y prudente contra los demonios, hijos de Babilonia; la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación contra la carne, y, en fin, la agilidad del águila por su contemplación en Dios? Tales serán los misioneros que Vos queréis enviar a vuestra Iglesia. Tendrán ojos de hombre para con el prójimo, ojos de león contra vuestros enemigos, ojos de buey contra sí mismos y ojos de águila para Vos. Estos imitadores de los Apóstoles predicarán con gran poder, con mucho valor. Con gran fuerza y virtud, tan grande y tan resplandeciente, que removerán las almas y los corazones de los lugares en que prediquen. A ellos es a quienes daréis vuestras palabras: daré la palabra; vuestra misma boca y vuestra sabiduría. Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro, a la que ninguno de sus enemigos podrá resistir.
 
Entre estos vuestros amados será donde Vos, en calidad de Rey de las virtudes, de Jesucristo el bien amado, tendréis vuestras complacencias, puesto que ellos en todas sus misiones no tendrán más fin que el daros toda la gloria de los despojos que arrebatarán a sus enemigos: Los reyes de los ejércitos van huyendo, las mujeres reparten el botín.
 
Por su abandono en manos de la Providencia  y su devoción a María, tendrán las alas plateadas de la paloma, es decir, la pureza de la doctrina y de las costumbres. Y su espalda dorada, es decir, una perfecta caridad con el prójimo para soportar sus defectos y un gran amor para con Jesucristo para llevar su cruz.
 
Vos solo, como Rey de los cielos y Rey de los reyes, separaréis de entre el pueblo estos misioneros como otros tantos reyes para tornarlos más blancos que la nieve sobre el monte Selmón, monte de Dios, monte abundante y fértil, monte fuerte y cuajado, monte en el que habita y habitará hasta el fin.
 
¿Quién es, Señor, Dios de verdad, este misterioso monte, del que nos decís tantas maravillas, sino María, vuestra querida Esposa, cuyos cimientos habéis puesto Vos sobre las cimas de los más altos montes? Él ha cimentado sobre el monte santo. Monte en la cima de los montes.
 
Dichosos y mil veces dichosos los sacerdotes que Vos habéis tan bien escogido y predestinado para morar con Vos en esta abundante montaña, a fin de que lleguen a ser los reyes de la eternidad, por el desprecio de la tierra y su elevación en Dios; a fin de que se tornen más blancos que la nieve por su unión con María, vuestra Esposa, toda hermosa, toda pura y toda inmaculada; a fin de que se enriquezcan del rocío del cielo y de la grosura de la tierra, de todas las bendiciones temporales y eternas de que María está llena.
 
Desde lo más alto de esta montaña es desde donde, como otros Moisés, lanzarán por sus ardientes plegarias dardos contra sus enemigos para abatirlos o convertirlos. En esta montaña será donde aprendan de la boca misma de Jesucristo, que en ella mora siempre, la inteligencia de sus ocho bienaventuranzas. En esta montaña de Dios será donde sean transfigurados con Él sobre el Tabor; donde mueran con Él, como en el Calvario, y de donde suban al cielo con Él, como desde el monte de los Olivos.
 
Acuérdate de tu Congregación. A vos solo es a quien toca el formar, por vuestra gracia, esta Congregación; si el hombre pone en ello el primero la mano, nada se hará; si mezcla de lo suyo con Vos, lo echará a perder todo, lo trastornará todo. Es vuestra obra, Dios soberano: haced vuestra obra, totalmente divina; juntad, llamad, reunid de todos los términos de vuestro dominio a vuestros elegidos, para hacer con ellos un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos.
 
LLAMAMIENTO FINAL
 
Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas; los potentados que levantan ejércitos numerosos; los navegantes que arman flotas enteras; los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y en las ferias. ¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días, y tan fácil y prontamente! Un silbido, un toque de tambor, una espada embotada que se muestre, una rama seca de laurel que se prometa, un pedazo de tierra roja o blanca que se ofrezca; en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada, un miserable placer de bestias que esté a la vista reúne al momento ladrones, agrupa soldados, junta batallones, congrega mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de muchedumbre innumerable de réprobos, que, aun divididos los unos de los otros por la distancia de los lugares o por la diferencia de los humores o de su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte, para hacer la guerra bajo el estandarte y la dirección del demonio.
 
Y por Vos, Dios soberano, aunque en serviros hay tanta gloria, tanta dulzura y provecho, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria. Quis ut Deus? ¿Quién como Dios? ¡Ah, permitidme ir gritando por todas partes: ¡Fuego, fuego, fuego! ¡Socorro, socorrro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario! ¡Socorro que se asesina a nuestros hermanos! ¡Socorro, que se degolla a nuestros hijos! ¡Socorro, que se apuñala a nuestro padre!
 
El que sea del Señor que se junte conmigo: Que todos los buenos sacerdotes repartidos por el mundo cristiano, sea que actualmente se hallen combatiendo o que se hayan retirado de la pelea a los desiertos y soledades; que todos esos buenos sacerdotes vengan y se junten con nosotros; la unión hace la fuerza, para que formemos, bajo el estandarte de la Cruz, un ejército bien dispuesto en orden de batalla y bien disciplinado para acometer atacar en masa a los enemigos de Dios, que han tocado ya alarma: Bramaron, rechinaron, se amotinaron, son muchos.
 
Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo. El que habita en el cielo sonríe.
 
¡Álcese Dios y sus enemigos se dispersarán!
 
Señor, levantaos; ¿por qué parecéis dormir? Levantaos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia, para formaros una Compañía escogida de guardias reales, que guarden vuestra casa, defiendan vuestra gloria y salven vuestras almas, a fin de que no haya sino un rebaño y un pastor y que todos os rindan gloria en vuestro templo: En su templo un grito unánime: ¡Gloria! Amén.
 

 

domingo, 15 de mayo de 2016

LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN: CONSAGRACIÓN A JESÚS POR MARÍA

Entre todas las lecturas piadosas que han ocupado parte de mi tiempo en los últimos meses, una de ellas constituye un verdadero tesoro espiritual, el "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen" escrito por San Luis María Grignion de Montfort, santo francés que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVIII.

Foto: María Luz

Una vez más, es un Santo de mi país natal el que me ha conquistado con sus enseñanzas. Este adalid de la devoción mariana, nació en la Bretaña y se convirtió en evangelizador en su tierra francesa, lo cual le llevó a sufrir rechazos, prejuicios y calumnias, debido a la mentalidad jansenista que imperaba en bastantes comunidades. De sus obras escritas, el Tratado constituye su obra maestra y fue publicado por primera vez en 1843, tras llevar 130 años oculto, tal como el propio autor había profetizado.

San Luis María Grignion de Montfort.
  
El Tratado es un texto profundo, escrito por inspiración celestial, y a través de sus páginas expone el verdadero camino que debe seguir todo cristiano que quiera llegar a Jesucristo, serle fiel y convertirse en un auténtico predestinado. Ese camino está constituido por María, a la cual debemos imitar fielmente. Como San Luis María explica, "todo se resume en obrar siempre por María, con María, en María y para María." María está unida a Cristo, de tal manera que siendo verdaderos devotos de la Santísima Virgen, lograremos el medio más fácil y seguro para llegar a Jesús.
 
Explicando magistralmente las diferencias entre la verdadera devoción y las  falsas devociones, y haciendo un retrato psicológico de los falsos devotos, junto a pasajes realmente proféticos que nos muestran a  San Luis María como todo un visionario, el autor identifica la consagración a María con la consagración a Jesucristo, y describe la esclavitud a ambos como una verdadera renovación de las promesas bautismales.  Esa esclavitud, que es una esclavitud de amor,  consiste en "consagrarse a Jesucristo por manos de María."
 
El mismo San Juan Pablo II afirmó: "La lectura del Tratado dio a mi vida un giro decisivo...Mientras anteriormente yo había procurado mantenerme a distancia por temor a que la devoción mariana oscureciera mi visión de Cristo, comprendí durante su lectura que sucede todo lo contrario. Nuestra relación íntima con la Madre de Dios surge naturalmente a partir de nuestra relación con el misterio de Cristo."
 
Esto nos lleva a la conclusión ya apuntada, que las fórmulas "a Jesús por María" y "a María por Jesús" son mutuamente complementarias en la vida cristiana.
 
Me resulta casi imposible recoger todas las ideas expuestas por San Luis María, pero sí me gustaría plasmar algunas de las más importantes para que, quienes no hayan leído el Tratado, puedan hacerse una mejor idea del mismo:
 
- El mundo era indigno de recibir al Hijo de Dios directamente de las manos del Padre por eso se lo ha dado a María para que el mundo lo recibiese por Ella. Dios Todopoderoso podría habernos entregado a su Hijo sin necesidad de nada más que Su voluntad, sin embargo, quiso que fuese a través de una virgen de Nazareth, llamada María.
 
-Por María comenzó la salvación del mundo y por María debe consumarse.  Por María se produjo el primer advenimiento de Jesús al mundo y por María se producirá la segunda venida, aunque no del mismo modo. La primera venida fue oculta y secreta. La segunda será gloriosa y resplandeciente, pero las dos serán perfectas porque las dos quedarán realizadas por María. Si María es el medio por el cual Cristo vino al mundo, Ella debe ser el medio que empleemos para llegar a Él.
 
-Todas las verdaderas criaturas de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre; y quien no tenga a María por Madre, no tiene por Padre a Dios. Por eso, tanto los réprobos como los herejes, los cismáticos, que odian o miran con indiferencia a la Santísima Virgen, no tienen a Dios como Padre por más que lo manifiesten. La devoción a la Santísima Virgen es necesaria para la salvación. Si Jesucristo nació en María, siendo Él el Jefe de todos los hombres, los predestinados (auténticas criaturas de Dios, miembros del cuerpo místico de Jesucristo) deben también nacer de Ella, pues la cabeza y los miembros nacen siempre de una misma madre. Lo contrario constituiría algo monstruoso.
   
-Jesucristo es el fin último de nuestras devociones, pues Él es el comienzo y el fin de todas las cosas. María no es como las demás criaturas, que si nos unimos a ellas podrían separarnos de Dios. Todo lo contrario, la inclinación más fuerte de María es unirnos a su Hijo, y la inclinación más fuerte de Jesús es que lleguemos a Él a través de su Madre.
 
-Para alcanzar la perfección, la cual se adquiere uniéndonos a Jesucristo, es necesario vaciarnos de todo lo malo que hay en nosotros. Si no morimos a nosotros mismos, no produciremos fruto y nuestras devociones serán inútiles. Por ello, de entre todas las devociones a la Santísima Virgen, debemos escoger la que más nos lleve a esa muerte propia.
 
-Para llegar a Dios, debemos subir tres grados (María, Jesús y el Padre Eterno): el primero es María , nuestra mediadora de intercesión, que nos llevará a Jesús. El segundo es Jesús, nuestro mediador de redención, que nos conduce al Padre Eterno.
 
-La verdadera devoción a la Santísima Virgen es interior (parte del corazón), es tierna (llena de confianza en María), es santa (conduce a evitar el pecado y a imitar las virtudes de María), es constante (nos afirma en el bien, en la oposición al mundo, en evitar las tentaciones y en no abandonar las prácticas de devoción) y es desinteresada ( no se ama a María por interés o por lucro, sino porque María merece ser servida.)
 
-La perfecta consagración a Jesús por María implica entregarse por COMPLETO a la Santísima Virgen para ser de Jesucristo. A través de dicha consagración le entregamos todo nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestros bienes exteriores y nuestros bienes interiores y espirituales. Entregándole todo lo que somos y poseemos, depositamos toda nuestra confianza en Ella para que nos los conserve, aumente y embellezca. Consagrándonos a María, Ella también se consagrará a nosotros. De esta forma, nos damos a Jesucristo de la manera más perfecta.
 
-A través de esta devoción se ejerce la caridad en alto grado. Si entregamos a María todo lo que poseemos y lo que adquiramos hasta el momento de nuestra muerte, todo ello se podrá emplear, según la voluntad de la Virgen María, en la conversión de los pecadores o en librar almas del Purgatorio, lo cual es un gran acto de caridad con el prójimo y un bien infinito, pues supone dar a un alma la posesión de Dios.
 
-Cristo se dio por entero a nosotros, dando incluso su vida para redimirnos. Ante tal generosidad, justo es que nosotros le correspondamos. Haciéndolo así, Él será más generoso aún para nosotros durante nuestra vida, en nuestra muerte y por toda la eternidad.
 
-La humildad es la virtud que Dios ama por encima de todas. La devoción que San Luis María nos transmite, nos enseña a ser humildes y a acercarnos a Nuestro Señor, no por nosotros mismos, sino valiéndonos siempre de la intercesión de la Santísima Virgen.

-María es el mayor enemigo que tiene Satán. Los esclavos del demonio, es decir, los amigos del mundo, persiguen y perseguirán siempre a los que pertenezcan a María, pero la Santísima Virgen siempre alcanzará la victoria. Lo que Lucifer perdió por el orgullo, María lo ha ganado con su humildad. Lo que Eva perdió por desobediencia, María lo ha salvado por la obediencia. Consagrarse a la Santísima Virgen es  la manera más segura de no caer víctima del demonio, pues constituye un acto de humildad.

-El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá particularmente en los últimos tiempos en que Satanás pondrá asechanzas a los esclavos de María. Es indiferente lo  pequeños y pobres que éstos sean, porque serán ricos en gracias y estarán perfectamente asistidos, y en unión con María, aplastarán la cabeza de la serpiente infernal y harán que Jesucristo triunfe.
 
-San Luis María no nos engaña, no nos promete un camino de rosas, sino que explica con gran claridad, que los fieles esclavos de María son sus favoritos y como tales, reciben de  Ella las mayores gracias, que son las cruces. Pero al mismo tiempo, serán capaces de soportar esas cruces con mayor facilidad, asistidos en todo momento por la Santísima Virgen.
 
-Sometámonos a María, de la misma forma que lo hizo Jesús durante la mayor parte de su vida. No olvidemos que 30 años los pasó sometido a su Madre, obedeciéndola en todo, dando así mayor gloria a su Padre, con un claro predominio de la contemplación sobre la acción.
 
-Consagrándonos a María, entregándole todo lo que somos y poseemos, incluidos nuestros méritos y satisfacciones, Ella nos hace dignos, alcanzándonos la bendición del Padre Celestial, de la misma manera que Rebeca consiguió la bendición de Isaac para su hijo Jacob. Es maravillosa la manera en que San Luis María explica el paralelismo entre la historia de Rebeca, Jacob y Esaú con el comportamiento de los justos, los réprobos y la forma en que María honra a todos aquellos que se someten a Ella. Obedeciendo en todo a la Santísima Virgen, Ella nos conseguirá todas las gracias y bendiciones de nuestro Padre Celestial.

-A través de la Consagración a María,  el Espíritu Santo nos iluminará para conocer todo lo malo que hay en nosotros y nuestra incapacidad para todo bien. Creceremos en humildad, en fe y en confianza en Dios y la Virgen. La Santísima Virgen nos otorgará parte de su fe, sus virtudes, una gran confianza en Dios y en Ella misma.

Si bien el aspecto interior de esta devoción es el más importante, hay una serie de prácticas exteriores recomendables, que ayudan a  la práctica interior. Tanto unas como otras nos prepararán y conducirán a nuestra Consagración a Jesús por María. Antes de llegar a ese momento, realizaremos la siguiente preparación:
 
  • Emplear doce días en vaciarse del espíritu del mundo, que es contrario a Jesucristo.
  • Una primera semana en la que se dedicarán todas las oraciones y actos de piedad al conocimiento de uno mismo y el arrepentimiento de los pecados, meditando sobre nuestro mal fondo.
  • La segunda semana irá dirigida a conocer a la Santísima Virgen, dedicándonos a conocer e imitar sus virtudes, pues Ella es el molde que debe formarnos.
  • La tercera semana, dedicada al conocimiento de Jesucristo, meditando sobre Él, soportando las pruebas y perdonando las ofensas, dando gracias por todo lo que el Señor nos ha concedido, y resueltos a formular nuestra consagración.

Finalizadas esas semanas preparatorias, procederemos a la Confesión y tomaremos la Comunión con intención de entregarnos a Jesucristo como esclavos de amor, por medio de María, recitando por último la fórmula de Consagración. De esta forma, quedaremos ligados a Jesús y María, renunciando a la esclavitud del mundo, del pecado y del demonio.

Foto: María Luz
"Es glorioso y útil a los esclavos de Jesús en María, que lleven como señal de su esclavitud de amor, cadenillas de hierro bendecidas con una bendición propia.  De esta forma, recordaremos nuestras promesas bautismales y  la renovación de las mismas por esta devoción. Estas cadenillas nos recordarán las cadenas del pecado y de la esclavitud del demonio, de las cuales hemos sido librados por el Santo Bautismo, y la dependencia prometida a Jesús en el Bautismo así como la renovación de sus votos. Esta cadenilla mostrará que no nos avergonzamos de la esclavitud y servidumbre de Jesucristo, y que renunciamos a la esclavitud del mundo, del pecado y del demonio."

Es así como, a través de varios meses de enseñanzas recibidas de manos de los Heraldos del Evangelio, y de preparación interior, he llegado a este momento de mi Consagración, siendo consciente de la importancia de la misma, depositando mi vida  en manos de María, sabiendo que, de este modo, estaré en las mejores condiciones de alcanzar la salvación eterna de mi alma. Cierto es que, en adelante, las batallas que tendré que librar serán mayores, pero nadie es tentado por encima de sus fuerzas, por eso, cuando notemos la tentación, invoquemos a María con toda confianza, sin desfallecer, pues esta lucha nos conducirá al Cielo.

Todo el proceso de preparación ha estado lleno de momentos muy especiales, como las festividades de Nuestra Señora del Buen Consejo, San Luis María Grignion de Montfort, para concluir en el gran día de la consagración celebrada el viernes 13 de mayo, solemnidad de Nuestra Señora de Fátima, y a dos días de la fiesta de Pentecostés. Claramente la Divina Providencia nos ha conducido a formular nuestra consagración en esa fecha tan significativa.

¡Qué difícil expresar el cúmulo de sensaciones y sentimientos vividos durante la bella ceremonia de consagración! La capilla más hermosa de la casa más santa, especial y querida por mí, ha sido el marco de este momento inolvidable de mi vida, en que me he convertido en Esclava de Jesucristo y de la Santísima Virgen. La Santa Misa presidida por el Rvdo. D. José Francisco y concelebrada por el Rvdo. D. Pedro Paulo, quedará impresa en mi memoria para siempre. Destacar las bellas palabras pronunciadas por D. Pedro Paulo, que tanto me recordaron a su explicación sobre la verdadera devoción a la Virgen ofrecida por él en una de las reuniones previas, y el momento en que todos, arrodillados, recitamos la fórmula de consagración.

La bellísima imagen del Inmaculado Corazón de María.
Foto: María Luz
 
Ceremonia de consagración.
Foto: Don Eric Fco. Salas
 
Momento de la firma de la consagración.
Foto cedida amablemente por mi compañera Chelo.
 
Fórmula de Consagración y obsequios que me recordarán siempre esta fecha tan significativa.
Foto: María Luz

Y por si ese momento no hubiera sido suficiente, la jornada se vio coronada por la bellísima ceremonia celebrada en la Catedral de la Almudena, para conmemorar el 99 aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima. Desde la procesión de entrada en la Catedral, momento en el cual vi por primera vez el magnífico lanzamiento del estandarte de los Heraldos, hasta el final de la Santa Misa, en la que todos concluimos recitando la Consagración a la Virgen María de San Simón de Rojas,  todo fue  una demostración del saber hacer y de la perfección con que los Heraldos del Evangelio realzan todas sus celebraciones. Todas las emociones de ese inolvidable día hicieron brotar lágrimas de mis ojos en esos momentos, pero la Santísima Virgen acudió en mi ayuda y pude reabsorberlas a tiempo para que no empañaran mi visión ante tanta belleza y perfección.





 





Imágenes de la celebración del 99 aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima, en la Catedral de la Almudena.
Fotos: María Luz
       
No vacilemos y consagrémonos a Jesús por medio de María, pues tal como expresó San Bernardo: "Si María os sostiene, no caeréis; si María os protege, no temáis; si María os conduce, no os fatigaréis; si María os es favorable, llegaréis hasta el puerto de salvación."

"Cuando alabamos a María, la amamos, la honramos y nos damos a Ella, alabamos a Dios, honramos a Dios, amamos a Dios, nos damos a Dios por María y en María."

"A Jesús por María"
Basílica del Rosario (Lourdes)
Tomé esta fotografía en mi primera visita a Lourdes, no imaginaba entonces que llegaría a tener tanto significado para mí.
Foto: María Luz
  
Esta hermosa fotografía de Nuestra Señora, obsequio de consagración, me acompaña desde el pasado viernes. A Ella es a quien contemplo cada mañana al despertar, y ante Ella renuevo cada día mi consagración.
Foto: María Luz
 
Os escojo hoy, ¡oh Maria!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y Señora. Os entrego y consagro, en calidad de esclava, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, dejándoos entero y pleno derecho para que dispongáis de mí y de todo lo que me pertenece, sin reserva, según vuestro amable beneplácito, a mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.

¡Oh Madre admirable!, presentadme a vuestro querido Hijo, en calidad de esclava eterna, a fin de que, pues me rescató por Vos, me reciba también por Vos.

¡Oh Madre de misericordia!, concededme la gracia de alcanzar la verdadera Sabiduría de Dios y de colocarme, por tanto, entre los que Vos amáis, enseñáis, conducís, alimentáis y protegéis como a vuestros hijos y esclavos.

¡Oh Virgen fiel!, hacedme en todas las cosas tan perfecta discípula, imitadora y esclava de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que llegue, por vuestra intercesión y a ejemplo vuestro, a la plenitud de su edad sobre la tierra y de su gloria en los cielos.


CUANDO SE ENCUENTRA EL TESORO ESCONDIDO, Y SE DESCUBRE EL SECRETO DE MARIA, YA NO SE NECESITA NADA MÁS.


15 de Mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés.
María Luz Gómez