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jueves, 9 de febrero de 2017

ULTIMAS CONVERSACIONES CON BENEDICTO XVI

Cuando en la mañana del día de Navidad, descubrí bajo el árbol el regalo que el Niño Jesús me había traído, me sentí realmente feliz. Sentí que el Niño Jesús conocía a la perfección mi interior y, por ello, me ofrecía un libro sobre una personalidad de nuestro tiempo que significa demasiado para mí como para poder expresarlo en palabras. Bajo mi árbol de Navidad se encontraba depositado el libro "Benedicto XVI. Últimas conversaciones con Peeter Seewald".

 
Me resulta muy difícil escribir sobre este libro, no porque trate materia inaccesible, todo lo contrario, es un libro, como su propio título indica, que recoge una conversación muy amena con nuestro Papa Emérito, repasando muchos de los recuerdos de su vida. Más bien, me resulta difícil por el respeto que infunde en mí su persona...Porque cuando el Papa Benedicto XVI habla, considero que lo más sabio que puedo hacer es callar, escuchar y tratar de aprender algo de él.
 
En dicha conversación, el Papa Benedicto XVI comparte con nosotros muchos de sus entrañables recuerdos de infancia y juventud, detalles de su labor como sacerdote, profesor, teólogo y pontífice, de personalidades a las que ha conocido, problemas que tuvo que enfrentar, junto a impresiones y gustos personales, aderezado con notas de humor, creando un perfecto equilibrio entre lo ameno y lo profundo. Teniendo en cuenta que en la misma conversación, el Papa Emérito declara no tener intención de escribir nada más, este libro adquiere un especial interés al ser una especie de "testamento".
 
Si algo hay que destacar de todo este repaso es su increíble humildad y sentido común, algo que siempre me quedó patente a medida que fui siendo testigo de su labor como Pontífice. Sólo alguien humilde puede reconocer el haber cometido errores, y exponerlo con total naturalidad y sencillez. Y sólo alguien humilde puede renunciar a una posición de poder, pasando una página del libro de su vida, sin experimentar un sentimiento traumático.  Siempre pensé que era alguien especial, lo cual en ocasiones tiene como consecuencia no ser comprendido por todos. Nunca tuve duda de que estaba ante alguien que hacía Historia, aunque nunca imaginé que algún día renunciaría al Papado.
 
A diferencia de otras ocasiones, no haré un resumen de este libro que trata muy diversas cuestiones, simplemente prefiero que sea el Papa Emérito quien hable, destacando uno o dos aspectos de cada capítulo del libro, meras pinceladas que he querido ilustrar con diversas fotografías. Aunque algunas puedan parecer simples o intrascendentes, soy de la opinión de que cualquier detalle dice mucho de su persona.


"Mi padre era un hombre increíblemente piadoso, profundamente enraizado en la fe de la Iglesia y, al mismo tiempo, muy sobrio, crítico, incluso con el Papa y los obispos. La sobria piedad con la que vivía la fe y estaba de verdad penetrado por ella fue para mí muy importante...Se preocupaba mucho de que estudiáramos y de que fuéramos educados. Pero no deseaba especialmente, ni tampoco le daba importancia a que fuéramos algo "grande". Se alegró cuando dijimos que queríamos ser sacerdotes. Vivía inmerso por entero en la piedad eclesial. Mi madre era cordial, cariñosa, más bien emocional, no racional. Sus estilos eran distintos pero tenían una profunda unidad interior, de modo que, aun cuando discutían, lo esencial era indestructible. En nuestra familia, éramos personas del todo normales. No es que todo fuera armonioso, pero el sentimiento de estar juntos y de ser felices unos con otros era preponderante. Mi madre siempre se sintió alegre por nuestra vocación sacerdotal, no obstante, consideraba que, si eso resultaba no ser lo nuestro, era mejor que lo dejáramos".

"No sabría decirle cuál es mi santo favorito. El santo cuyo nombre llevo, San José, me gustaba mucho, por supuesto".
 

"La lucha personal que se manifiesta en San Agustín me resultaba muy interpelante. Lucha consigo mismo, incluso después de su conversión. Y eso es lo que hace dramático y bello su pensamiento".
 
 "La biografía de Santa Hildegarda de Bingen nos la había leído mi hermano en casa en voz alta. No resultó decisiva para mi vocación sacerdotal, pero fue una lectura edificante que nos ayudó. Su figura siempre me ha perseguido, siempre me he ocupado de ella, siempre ha sido importante para mí".
 
 "Vista de Delft" - Johannes Vermeer
 "Siempre me ha gustado mucho la pintura holandesa, los maestros antiguos como Rembrandt, pero sobre todo Johannes Vermeer, el pintor de Delft".

"Entre mis piezas musicales favoritas están las de Mozart: el quinteto para clarinete, la Misa de la Coronación, el Réquiem, la pequeña serenata nocturna, la Flauta Mágica y la ópera Don Giovanni".
"De Bach me gusta sobre todo la Misa en si menor. Y, naturalmente, la Pasión según San Mateo".
 
     
 
"Nunca he trabajado de noche, nunca. Y siempre he escrito a lápiz, ya de pequeño lo hacía y he conservado esa costumbre. El lápiz tiene la ventaja de que se puede borrar"..."Y todo lo escribo en taquigrafía". "Cuando quiero escribir algo o pensar, no necesito más que silencio. Debo estar solo. Tengo que poder concentrarme con calma en los libros, dejar que madure el pensamiento".
 
"Mi lugar preferido de retiro espiritual es Altötting, en Baviera".
  

"Adenauer formuló una nueva idea de Alemania en tanto en cuanto vio a ésta inequívocamente en alianza con  Occidente. Alemania tenía que ser reconstruida como Estado alemán; y de ello formaba parte el hecho de que al Cristianismo le correspondía un papel básico. Adenauer favorecía el principio de la prioridad de la libertad: únicamente habría unidad si antes alcanzamos la libertad. Eso significaba que debíamos vincularnos a Occidente, sólo así sería viable un nuevo comienzo...Fui y sigo siendo un convencido partidario de Adenauer. El hecho de que vivamos en una larga época de paz se lo debemos en gran medida a él. Pues, priorizar la unidad probablemente habría conllevado, antes o después, alguna guerra".



 
"Los dos teólogos a los que tengo en mayor estima son Henri de Lubac y Hans Urs von Balthasar".
 
Concilio Vaticano II
"Tuve la conciencia de que cuanto de hecho habíamos dicho y conseguido sacar adelante era correcto y además debía acaecer. En sí, actuamos correctamente, aunque sin duda no previmos bien las consecuencias políticas y las repercusiones fácticas. Se pensó en exceso en lo teológico y no se reflexionó sobre la repercusión que tendrían estas decisiones".
 
  
"Cuando se concelebraba con Juan Pablo II, se percibía su cercanía al Señor, la profundidad de su fe, en la que él se sumergía al celebrar, y lo veía uno realmente como la persona creyente, orante e impregnada por el Espíritu que era"..."Él era una persona que necesitaba compañía, vida, movimiento, encuentros. Y yo, en cambio necesito más el sosiego. Pero gracias a que éramos diferentes, nos complementábamos muy bien".
 
 
"La muerte de Juan Pablo II me conmovió mucho, pues teníamos una relación muy cercana.
Para mí fue una figura decisiva. Había visto todo su calvario, y cuando lo visité en el hospital, sabía que no podía durar mucho. Y que alguien muera de esa manera le llega a uno al corazón. Al mismo tiempo, tengo la conciencia de que él está ahí. De que nos bendice desde su ventana celestial, como luego dije en la plaza de San Pedro. No era una mera frase bonita. Brotaba realmente de una conciencia íntima de que él sigue bendiciéndonos desde arriba, de que está ahí y de que la amistad pervive de otro modo".
 
"Tras la muerte del Papa Juan Pablo II, simplemente soñaba con poder escribir de una vez libros en paz".
 
"Cuando los cardenales lo han elegido a uno, se lleva a cabo la tarea...y punto. Lo importante no es el juicio de los periodistas, sino el del buen Dios."
"Para elegir mi nombre papal pensé en Benedicto XV, y a través de él, en el propio San Benito. Era la conexión adecuada. No podía convertirme en un Juan Pablo III, yo era distinto, estaba cortado con otro patrón, tenía otra clase de carisma o de no carisma".
 
"Las Jornadas Mundiales de la Juventud se cuentan entre los recuerdos más bellos de todo mi pontificado: Colonia, Sidney, Madrid. Son tres hitos en la vida que nunca olvidaré. Me alegró tener la oportunidad de estar allí, ser acogido, poder ayudar a otros".
 
"Es posible que el Evangelio desaparezca de algunos continentes. También puede desaparecer en ámbitos en los que tenía gran presencia. Pero nunca debe dejar de ser anunciado y nunca devendrá irrelevante".
 
"En cuanto a la reautorización de la Misa Tridentina...No se trata de que ahora haya otra misa. Son dos modos de celebrarla ritualmente, pero que forman parte de un rito básico. Siempre he dicho y sigo diciendo que es importante que cuanto en la Iglesia antes era lo más sagrado para las personas no se convierta de repente en algo prohibido. No puede ser que una sociedad prohíba lo que antes consideraba esencial. Se trata de la reconciliación interior de la Iglesia consigo misma".
 
"El poder nunca lo experimenté como algo que me hacía fuerte, sino siempre como una responsabilidad, como un peso, como una carga. Como algo que le obliga a uno a preguntarse día tras día: ¿he estado a la altura?"
 
 
"Por lo que respecta a la aclamación de las multitudes, siempre supe que las personas no pensaban tanto en este pobre hombrecillo cuanto en aquel a quien yo representaba".
 
"Junto con la santidad, la iluminación es meta de la vida cristiana. Pero el término "iluminado" tiene algo de elitista. Soy un cristiano completamente normal. La verdad es luz, y en virtud de la fe también una persona normal está iluminada, porque ve lo que otros, por muy inteligentes que sean, no perciben. En este sentido, la fe es iluminación".
 
 
A la pregunta de si ha habido momentos en su vida en que se haya preguntado si todo lo que creemos sobre Dios no será más que una idea, el Papa responde: "Ese tipo de preguntas surgen una y otra vez. Pero luego tengo tantas experiencias concretas de fe , experiencias de la presencia de Dios, que estoy bien armado para esos instantes y no pueden conmigo...Gracias a que me siento tan vinculado con el Señor, nunca estoy del todo solo".
 
Se supone que el Papa debería tener una relación especialmente íntima con el Señor: "Así debería ser, y yo no tengo la sensación de que Él esté lejos. Pero a pesar de ello, no dejo de ser un hombre pequeño e insignificante, que no siempre alcanza hasta Él".
 
"No he vivido noches totalmente oscuras, tal vez no sea lo suficientemente santo para verme envuelto en tamaña oscuridad, pero a veces los interrogantes se hacen muy grandes. Entonces no queda más remedio que apretar los dientes y seguir adelante, desde la fe en que Él lo sabe todo mejor...Si no entiendo algo, no es porque eso sea falso, sino porque yo soy demasiado pequeño para entenderlo".
 
"Al renunciar, no abandoné la cruz. Se trata de otra forma de permanecer unido al Señor sufriente: en la quietud del silencio, en la grandeza e intensidad de la oración por la Iglesia entera. El paso que di no fue una huida, sino justamente otro modo de permanecer fiel a mi  ministerio".
 
 
"Al salir del Vaticano, me conmoví profundamente. La cordialidad de la despedida, el hecho de que mis colaboradores (se le quiebra la voz)...no pudieran contener las lágrimas. En lo alto de la casa Pastor Bonus había una gran pancarta con la inscripción "Qué Dios te lo pague", y las campanas de Roma...(el Papa llora). Eso me conmovió mucho".
 
"Volando sobre Roma y oyendo el tañido de las campanas, supe que podía estar agradecido, que mi estado fundamental de ánimo era la gratitud".
 
"Francisco me corrige a través de su afectividad directa con las personas. Se trata de una persona reflexiva, que aborda espiritualmente las preguntas de la época. Está muy cerca de la gente...y también es de destacar la valentía con la que afronta los problemas y busca soluciones".
 
 
 
"La preparación para la muerte consiste en aceptar la finitud de esta vida y en encaminarse interiormente hacia el encuentro con el rostro de Dios. Se logra con la meditación, pensando una y otra vez que el fin se acerca. Lo importante es el hecho de vivir con la conciencia de que toda la vida se dirige hacia un encuentro".
 
 
 
San Pedro Canisio.
"Tengo algunas oraciones favoritas, entre ellas la "Oración general" de San Pedro Canisio:
 
¡Oh Dios todopoderoso y eterno, Señor, Padre celestial!
Mira nuestra calamidad, miseria y necesidad con los ojos de tu insondable misericordia.
Compadécete de todos los fieles cristianos, por los que Tu Hijo unigénito,
nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo,
se entregó voluntariamente en manos de los pecadores
y derramó su preciosa sangre en el tronco de la Santa Cruz.
Por los méritos de Nuestro Señor Jesús aparta de nosotros, oh Padre clementísimo,
los castigos merecidos, los peligros presentes y futuros,
los disgustos dañinos, los preparativos bélicos, las carestías,
las enfermedades, las épocas de tristeza y miseria.
Ilumina también y fortalece en todo lo bueno a los dirigentes y gobernantes
tanto espirituales como seculares, para que fomenten
todo lo que pueda contribuir a Tu gloria divina y a nuestra salvación,
así como a la paz universal y al bienestar de la cristiandad en la paz.
Concédenos, oh Dios de la paz,
una adecuada reunificación en la fe,sin cismas ni divisiones;
convierte nuestros corazones a la verdadera penitencia y a la enmienda de vida;
haz que prenda en nosotros el fuego de tu amor;
danos hambre y celo de toda justicia,
 para que, como niños obedientes, te resultemos agradables
y placenteros en la vida y en la muerte.
También te suplicamos, como tú quieres que te supliquemos,
oh Dios, por nuestros amigos y enemigos, por los sanos y los enfermos,
por todos los cristianos tristes y compungidos,
por los vivos y los difuntos.
En tus manos ponemos, oh Señor, todas nuestras acciones y omisiones,
nuestra actividad y cambio, nuestra vida y muerte.
¡Permítenos disfrutar aquí de Tu gracia y llegar aquí, con todos los elegidos,
a alabarte, honrarte y glorificarte en la paz y la dicha eternas!
¡Concédenos todo esto, oh Señor, Padre celestial!
Por Jesucristo, Tu Hijo amado, quien junto contigo
y con el Espíritu Santo vive y reina, como Dios en igual medida,
de eternidad en eternidad.
Amén.
 
"Cuando uno no ha sentido el amor, tampoco puede hablar sobre él. Ser amado y devolver amor a otros es fundamental para poder vivir, para poder decirse sí a uno mismo y poder decir sí a los demás.
Por último, cada vez he visto con mayor claridad que Dios mismo no solo es, por así decirlo, un gobernante poderoso y un poder lejano, sino que es amor y me ama; de ahí que la vida deba estar moldeada por Él. Por esa fuerza que se llama Amor".
 

FOTOS: Google. 

sábado, 6 de agosto de 2016

BENEDICTO XVI SOBRE EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


 
"En el lenguaje bíblico el "corazón" indica el centro de la persona, la sede de sus sentimientos y de sus intenciones. En el corazón del Redentor adoramos el amor de Dios a la humanidad, su voluntad de salvación universal, su infinita misericordia.
 
Por tanto, rendir culto al Sagrado Corazón de Cristo significa adorar aquel Corazón que, después de habernos amado hasta el fin, fue traspasado por una lanza y, desde lo alto de la cruz, derramó sangre y agua, fuente inagotable de vida nueva."
 
(Papa Benedicto XVI, Ángelus 5 de junio de 2005)

miércoles, 29 de junio de 2016

65 ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DEL PAPA BENEDICTO XVI


Hoy, festividad de San Pedro y San Pablo, se celebra el 65 aniversario de la ordenación sacerdotal de nuestro Papa Emérito Benedicto XVI. Debido a la gran admiración y agradecimiento que siento hacia él, no podía pasar por alto esta significativa fecha sin dedicar un recuerdo a quien, habiendo renunciado al pontificado, sigue rezando desde el Monasterio Mater Ecclesiae por todos nosotros y por la marcha del mundo.
 
El joven Joseph Ratzinger junto a su hermano Georg durante la ceremonia de su ordenación sacerdotal, celebrada el 29 de junio de 1951.
 
Recordatorio de su Ordenación Sacerdotal.
 
Me gustaría mencionar la forma en que Benedicto XVI recordaba  ese día calificado por él mismo como "el más importante de mi vida" en su autobiografía:
 
"Mi hermano Georg y yo recibimos nuestra ordenación sacerdotal de manos del Cardenal Faulhaber en la fiesta de los santos Pedro y Pablo del año 1951. Éramos más de cuarenta candidatos; cuando fuimos llamados respondíamos "Adsum": "Aquí estoy". Era un espléndido día de verano que permanece inolvidable como el momento más importante de mi vida. No se debe ser supersticioso, pero en el momento en que el anciano arzobispo impuso sus manos sobre las mías, un pajarillo -tal vez una alondra- se elevó del altar mayor de la catedral y entonó un breve canto gozoso; para mí fue como si una voz de lo alto me dijese: "va bien así, estás en el camino justo".
 
 
El cardenal Michael von Faulhaber bendiciendo a Joseph Ratzinger durante su ordenación.
 
Con motivo de esta fecha, en la mañana de ayer, el Papa Francisco presidió una celebración junto al homenajeado y diversos Cardenales en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. Durante el homenaje, tanto el Santo Padre como diversos miembros de la curia pronunciaron varios discursos haciendo referencia al legado que Benedicto XVI nos ha dejado.

    
Su Santidad el Papa Francisco comenzó su discurso diciendo: "Hoy festejamos la historia de una llamada iniciada hace 65 años con su ordenación sacerdotal en la Catedral de Frisinga (Alemania) el 29 de junio de 1951...En una de las muchas páginas que usted dedica al sacerdocio, subraya como, en la hora de la llamada definitiva de Simón, Jesús, mirándolo, le pregunta solo una cosa ‘¿Me amas?’. ¡Qué hermoso es de verdad esto!”,  y concluyó su discurso con el siguiente deseo. “ Que Usted, Santidad, pueda continuar sintiendo la mano de Dios misericordioso que Le apoya, que pueda experimentar y testimoniarnos el amor de Dios; que con Pedro y Pablo, pueda continuar exultando de gran alegría mientras camina hacia la meta de la fe”.


 
 
 
Por su parte, el Papa Emérito improvisó las siguientes palabras:
 
"Querido Santo Padre, queridos hermanos:
 
Hace 65 años, un hermano ordenado conmigo decidió escribir sobre la estampa de recuerdo de la primera Misa solamente, salvo el nombre y la fecha, una palabra en griego: Eukaristomen, convencido de que con esta palabra en sus muchas dimensiones está ya dicho todo cuanto se puede decir en este momento.

Eukaristomen dice un gracias humano, gracias a todos. ¡Gracias sobre todo a Usted, Santo Padre! Su bondad, desde el primer día de la elección, en cada momento de mi vida me emociona, me lleva realmente, interiormente. Más que en los Jardines Vaticanos, con su belleza, su bondad es el lugar en el que habito: me siento protegido. Gracias también por la palabra de agradecimiento, por todo. Esperemos que Usted pueda ir adelante con todos nosotros en este camino de la misericordia divina mostrando el camino de Jesús, hacia Jesús, hacia Dios.

Gracias también a Usted, Eminencia (Cardenal Sodano) por Sus palabras que han tocado el corazón: Cor ad cor loquitur. Usted se ha hecho presente sea en mi ordenación sacerdotal sea también en mi visita en 2006 a Frisinga, donde he revivido esto. Puedo solo decir así, con estas palabras, Usted ha interpretado lo esencial de mi visión del sacerdocio, de mi labor. Le estoy agradecido  por la amistad que  ahora nos une desde hace tanto tiempo, de tejado a tejado (se refiere a sus habitaciones que se encuentran cerca): es casi presente y tangible.

Gracias Cardenal Müller por el trabajo que Usted hace y por la presentación de mis textos sobre el sacerdocio, en los cuales busco ayudar también a los hermanos a entrar siempre una y otra vez en el misterio en el que el Señor pone en nuestras manos.

Eukaristomen, se refiere no solo a las dimensiones del agradecimiento humano, sino naturalmente a la palabra más profunda que se esconde, que aparece en la liturgia, en la Escritura, en las palabras “gratias agens benedixit fregit deditque”. Eukaristomen nos dirige a esta realidad de agradecimiento, a esta nueva dimensión que Cristo ha dado. Él ha transformado en agradecimiento, y así en bendición, la cruz, el sufrimiento, todo el mal del mundo. Y así fundamentalmente ha transustanciado la vida y el mundo y nos da cada día el Pan de la verdadera vida, que supera el mundo gracias a la fuerza de Su amor.

Al final queremos insertarnos en este "gracias" del Señor y así recibir realmente la novedad de la vida y ayudar para la transustanciación del mundo: que sea un mundo no de muerte, sino de vida; un mundo en el que el amor ha vencido la muerte. Gracias a todos ustedes. El Señor nos bendiga a todos. Gracias Santo Padre."

Yo sólo puedo añadir un "Gracias Santidad y enhorabuena por estos 65 años de sacerdocio".


FOTOS:
Google
w2.vatican.va

domingo, 23 de agosto de 2015

EL PAPA BENEDICTO XVI: LA MUSICA SACRA

El papa emérito Benedicto XVI recibió el pasado día 4 de julio en Castel Gandolfo, un doctorado Honoris Causa de la Universidad Pontificia Juan Pablo II y de la Academia de Música de Cracovia.
 
 
El Papa Benedicto XVI practicando una de sus grandes pasiones: tocar el piano.
Foto: Google
 
 
El senado de la Academia de Música de Cracovia explicó su decisión indicando que el Pontífice emérito es un modelo de comportamiento moral y civil, acompañado de dimensiones religiosas y humanísticas profundas. En particular, subrayó el amor y la atención de Joseph Ratzinger por la música sacra y por su papel en la Liturgia.

Benedicto XVI en el mensaje agradecimiento indicó su alegría porque con esta distinción, "se vuelve aún más profundo mi relación con Polonia y Cracovia, la patria de nuestro gran santo Juan Pablo II". Y esto "porque sin él mi camino espiritual y teológico no es ni siquiera imaginable". Añadió que "con su ejemplo vivo nos ha mostrado como es posible" armonizar la gran música sacra con la participación común en la liturgia.

Así recordó cuando en su infancia asistía a las misas acompañadas por el coro y la orquesta, "como parte integrante de nuestra experiencia en la fe en la celebración de la liturgia". Y que cuando "resonaban las primeras notas de Mozart en la misa de la coronación, "el cielo casi se abría y experimentaba profundamente la presencia del Señor".
Indicó también que en la Constitución sobre la liturgia del Concilio Vaticano II se dejó por escrito "claramente" el deber de "conservar e incrementar con gran atención el patrimonio de la música sacra".

Y de las diversas problemáticas se plantearon, entre ellas si las misas para las grandes obras corales, deberían o no ser interpretadas en salas de concierto y o en la liturgia, donde habría espacio solamente para el canto y la oración de los fieles.

¿Pero entonces, cómo evitar así el empobrecimiento cultural de la Iglesia? Por ello Benedicto XVI plantea ¿qué es la música?, ¿de dónde viene y a qué lleva?

El primer dato, indica el papa emérito, es la experiencia del amor, que empuja al hombre a otra dimensión del ser, a expresarse de una manera nueva.

Un segundo origen de la música es la experiencia de la tristeza, al ser tocados por la muerte, el dolor, y los abismos de la existencia. Dimensiones que no pueden encontrar respuesta solamente en los discursos.

Y el tercer lugar del origen de la música es el encuentro con lo divino, que desde el inicio es parte de lo que define al ser humano.

En ningún otro ámbito cultural --asevera Benedicto XVI-- la música tiene la grandeza que en el ámbito de la fe. Con autores, "de Palestrina a Bach, a Hendel, hasta Mozart, Beethoven y Bruckner", se ve que "la música occidental es algo único, que no tiene igual en otras culturas. Esto nos debe hacer pensar".

Y si bien reconoce que "la música occidental supera ampliamente el ámbito religioso y eclesial", ésta tiene "su manantial más profundo en la liturgia, en el encuentro con Dios".

"La respuesta grande y pura de la música occidental se ha desarrollado en el encuentro con aquel Dios, que en la liturgia se vuelve presente hacia nosotros en Jesucristo. Esta música es para mi una demostración de la verdad del cristianismo". Porque "donde se desarrolla una respuesta así, se dio el encuentro con la verdad, con el verdadero creador del mundo."

El papa emérito concluye que por esto "la gran música sacra es una realidad de rango teológico y de significado permanente para la fe de toda la cristiandad".

Y al mismo tiempo es claro "que esta no puede desaparecer de la liturgia y que su presencia puede ser una manera muy especial de participación a la celebración sagrada, al misterio de la fe".

El papa emérito Ratzinger concluye indicando que si bien no conocemos el futuro de nuestra cultura y de la música sacra, hay una cosa clara: "donde se realiza en encuentro con el Dios viviente que en Cristo viene hacia nosotros, allí nace y crece nuevamente también la respuesta, cuya belleza proviene de la misma verdad".
 
 
FUENTE:  zenit.org