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jueves, 30 de mayo de 2019

Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

Hoy se cumplen exactamente cien años de un acto trascendental para nuestra nación: la Consagración de nuestra querida España al Sagrado Corazón de Jesús.  Tan significativo acto tuvo lugar el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península ibérica, donde se erigió el monumento en honor al Sagrado Corazón de Jesús, que fue construido gracias a las aportaciones económicas de miles de españoles.

En la columna que sustenta la imagen de Nuestro Señor aparecen las palabras:
"Reino en España", alusivas a la promesa que el Sagrado Corazón de Jesús realizó al Beato Bernardo de Hoyos, según la cual, reinaría en España con más veneración que en otras partes.

La estatua de Nuestro Señor fue una donación costeada individualmente por Don Juan Mariano de Goyeneche, Conde de Guaqui y Grande de España, embajador de Perú ante la Santa Sede. A través de este gesto tan generoso, quiso honrar al Sagrado Corazón de Jesús y, al mismo tiempo, manifestar la gratitud de Perú a la católica España que "nos civilizó con la fe de Cristo y con la moral del Evangelio".

A los pies del monumento aparecen dos grupos escultóricos.

El grupo escultórico de la izquierda representa a la Humanidad santificada reuniendo las imágenes de Santa Margarita María Alacoque, San Agustín, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, Santa Gertrudis, el Beato Bernardo de Hoyos y San Juan Evangelista.

El segundo grupo alude a la Humanidad que tiende a santificarse y plasma la forma de llegar al cielo mediante el arrepentimiento, la práctica de la humildad, del amor y de la caridad.


Relatan los historiadores que el Rey Alfonso XIII aceptó la petición de consagrar España al Sagrado Corazón de Jesús, sin ceder a las presiones que sufrió para que no lo hiciera. Fue el propio monarca quien, días después, confió al Padre Mateo Crawley-Boevey(*), que una delegación de la francmasonería le había propuesto la introducción de varias leyes anticatólicas en nuestro país, propuesta que fue fulminantemente rechazada por nuestro monarca. Este rechazo le supuso la pérdida del trono en 1931 y el inicio de un período revolucionario que tan graves consecuencias acarreó a nuestra nación. El monumento fue destruido por los revolucionarios en 1936, para ser reconstruido años después y seguir recibiendo la visita de miles de fieles devotos.


Vista del Cerro de los Ángeles, 30 de mayo de 1919.

Sus Majestades los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.


En aquella jornada del 30 de mayo de 1919, fue el nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, el encargado de bendecir el monumento, y Don Prudencio Melo, arzobispo de Madrid, quien presidió la Santa Misa. Tras la lectura del mensaje enviado para la ocasión por Su Santidad el Papa Benedicto XV, el nuncio impartió la bendición papal y se procedió a exponer solemnemente el Santísimo Sacramento. 











Fue este un momento de gran emoción en el que la multitud de fieles, junto a las autoridades religiosas, civiles y militares asistentes, se arrodillaron ante Nuestro Señor. En medio del respetuoso silencio, comenzó a escucharse la voz de nuestro monarca, Su Majestad el rey Alfonso XIII, quien de pie y en nombre del pueblo español procedió a la lectura solemne de la oración por medio de la cual, España quedaba consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. 




Recordemos las palabras pronunciadas por el rey Alfonso XIII, 
junto al altar del Monumento y ante Nuestro Señor:

"Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:
España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la religión y en su adhesión a la monarquía.
Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.
Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de Vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.  
Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.
Gracias, Señor, por habernos librado misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.
Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la pacífica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, más llevadero su trabajo.
Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de la patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas, sean siempre salvaguardia de la nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón adorable. Así sea". 




Fotos: Google

Fue, sin duda, una jornada histórica que los asistentes jamás podrían olvidar, y que cien años después, es celebrada por la Diócesis de Getafe, a la cual la Santa Sede ha concedido un Año Jubilar que comenzó el pasado 2 de diciembre y culminará el 24 de noviembre del presente año.

No desaprovechemos esta ocasión para profundizar en los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús, practicando devociones como los Nueve Primeros viernes de mes, consagrando nuestros hogares y nuestras familias a Su Sagrado Corazón. ¡Qué excelente ocasión para entronizar al Sagrado Corazón de Jesús en nuestros hogares y en nuestros corazones! Corren tiempos turbulentos en España y en la Iglesia, por ello, no olvidemos rezar por el Santo Padre, obispos y sacerdotes, así como por la conversión de nuestros gobernantes y por nuestra propia conversión.

Cien años desde aquel acontecimiento constituyen un período de tiempo inmenso para nosotros, sin embargo para Dios supone un breve instante en medio de la eternidad; un momento que junto a otros muchos a lo largo de los siglos nuestra nación ha protagonizado como defensora de la fe católica. En medio de la crisis moral que atravesamos, pidamos la protección de Su Sagrado Corazón, lleno de bondad y de misericordia, para que por intercesión del Inmaculado Corazón de María, nuestra nación deje de ser la España caótica de la actualidad y se transforme en la España católica que siempre glorificó a Dios a través de la defensa de la fe.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.


Foto: María Luz Gómez


(*) El Padre Mateo Crawley-Boevey (1875-1960), religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, es conocido como el apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús. A él se debe una de las más populares devociones al Sagrado Corazón de Jesús: la entronización de Su imagen en los hogares, como modo de recristianizar la sociedad. Viajó por todo el mundo inculcando esta práctica. Predicador incansable, realizó cinco giras por España, logrando la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en infinidad de familias y pueblos. Ello culminó con la construcción del monumento de El Cerro de los Ángeles y la solemne Consagración de España, realizada el 30 de mayo de 1919. Pronunció las conferencias del Triduo preparatorio a dicha entronización oficial. Como promotor de este acontecimiento tan significativo, días después, fue recibido por Su Majestad el Rey Alfonso XIII, que le agradeció su importantísima labor.

viernes, 4 de enero de 2019

Consagración al Sagrado Corazón de Jesús


Sagrado Corazón de Jesús, OS CONSAGRO MI CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU para que purifiquéis mis tres potencias con vuestras adorables virtudes.

Sagrado Corazón de Jesús, os consagro MI VIDA para morar en los aposentos de vuestro Divino Corazón porque ellos son el camino de salvación, santidad, perfección, conformidad y unidad con vuestra Divina Voluntad.

Sagrado Corazón de Jesús, os consagro TODO MI SER porque en vuestro Divino Corazón quiero amar, respirar y vivir.

Sagrado Corazón de Jesús, os consagro MI CORAZÓN; sumergidlo en el vuestro, porque en Él encontraré la luz, la fuerza, el verdadero consuelo.

Sagrado Corazón de Jesús, os consagro MI ESPÍRITU para que no cese nunca de pensar en Vos.

Sagrado Corazón de Jesús, os consagro MI ALMA para que sea toda vuestra

Inmaculado Corazón de María, sois vos la que habéis unido mi corazón al Corazón de Jesús.

Asistidme siempre a fin de que le sea fiel en la vida y en la hora de la muerte. Amén.

Consagración personal diaria al Sagrado Corazón de Jesús


¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima!

Yo (N.N.) aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados, el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud, todo lo poquito bueno que yo haga o por mí ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo, quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda, no estar, a ser posible, un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que, ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.


martes, 1 de agosto de 2017

A MI BUEN SAN JOSÉ


Mi estimado y buen San José:

Bien sabéis que desde hace unos meses sois, junto a vuestra Santísima Esposa, protagonista primordial de mis devociones más queridas. A Ella le debo el haberme guiado a Vos, con su maternal cuidado, sabiendo que Vos seríais una ayuda inestimable para mi pobre alma, tan necesitada de un brazo fuerte en el que apoyarse.
 
Es así como, día tras día, estáis presente en mis invocaciones y siempre soy atendida por Vos con diligencia y amable atención. Razón por la cual, me he interesado en conoceros en profundidad, y con tal objeto, mis últimas semanas han estado ocupadas leyendo sobre Vos, en tres libros que no han hecho más que aumentar mi admiración hacia vuestra excelsa figura.

Foto: María Luz
 
Siempre os imaginé como el más dulce, solícito y humilde de los hombres, pero esos tres adjetivos, siendo ciertos, no son capaces de abarcar todas las facetas que componen vuestra maravillosa personalidad. Pues, más allá de ser el hombre bueno que fue Esposo de la Madre de Dios y padre nutricio de Nuestro Salvador, fuisteis el confidente íntimo de los designios de Dios.
 
Sois un hombre justo porque en Vos se reúne el compendio de todas las virtudes en el más alto grado de perfección. Todo apunta a que fuisteis santificado en el seno materno, en atención a la futura dignidad que tendríais que ostentar. No podría ser de otro modo siendo el destinado a desposar a la Santísima Virgen, Madre del Salvador.
 
Años atrás tuve ocasión de visitar la tierra en que nacisteis. Siendo vuestra familia originaria de Belén, como miembro de la Casa de David, quiso el Todopoderoso que nacierais en la hermosa y fértil Galilea, tierra que habitaban judíos y gentiles, lugar ideal para criar y educar al Salvador de todos los hombres, sin distinción de origen. Por vuestro linaje, sois noble, pero también poseéis la nobleza de alma pues atesoráis todas las virtudes y la santidad. Aquí radica, precisamente la verdadera nobleza, en la excelencia de vuestra persona.
 
Casto y virginal, siempre antepusisteis en todo la voluntad de Dios, por ello, cuando fue vuestra vara la que floreció entre todas las varas de los jóvenes de la Casa de David que aspiraban a casarse con María, cumplisteis el designio divino y junto a Ella formasteis un matrimonio perfecto en cuanto a su esencia y sus buenos efectos. María debió sentirse feliz apreciando vuestra fe, elevación de alma, sencillez, vuestra mirada limpia y vuestros gestos reposados, haciéndola sentir segura a vuestro lado. Mientras, vuestra alma se dilataría con un inmenso instinto protector, sabiendo que por Ella y con Ella, poseeríais todos los bienes. Dichoso el esposo de una mujer buena, y dichosa la esposa de un hombre tan dulce, solícito y seguro apoyo en toda circunstancia. Vuestra unión constituye todo un ejemplo que nos estimula a progresar interiormente delante de Dios y de los ángeles, a obedecer fielmente Sus designios, sabiendo que Sus planes distan mucho de los planes humanos.
 
 
Las circunstancias que tuvisteis que enfrentar no tardaron en presentarse. Dios había puesto en vuestras manos a su criatura privilegiada, bendita entre todas las mujeres, en quien había pensado desde toda la eternidad. Y cuando percibisteis la futura maternidad de María, sentisteis no estar a la altura de la misión que se os encomendaba, pero Dios os concedió las gracias necesarias para cumplirla, pues cuando predestina un alma a una misión, siempre le otorga los dones necesarios para su realización. El amor del Altísimo constituyó la base de vuestra alianza, y por ello, al hacerse hombre, quiso aparecer ante el género humano como fruto de tan santa unión.

Os imagino contemplando al Niño Jesús nacido en Belén, siendo el primer hombre que tuvo la dicha de recibir en sus manos al fruto bendito del vientre de María. Esa pequeña criatura junto a la presencia de vuestra Santísima Esposa fueron la luz que iluminó vuestros días. Por ellos y para ellos ofrecisteis vuestra vida entera. Al igual que los Magos, llegados para adorar a Jesús recién nacido y ofrecerle sus presentes, Vos le ofrecisteis el oro de vuestro amor y sumisión, el incienso de vuestra fe, la mirra de vuestros brazos y energías hasta el día de vuestra muerte, para colaborar de forma tan esencial en la obra de Salvación.

Ante el aviso del ángel que anunciaba amenaza y muerte, os visteis obligado a tomar a vuestros dos tesoros y partir hacia Egipto sin mirar atrás, dejando vuestro hogar, vuestra tranquilidad y afrontando la incertidumbre del exilio.  Fue ahí donde nos demostrasteis a lo que hay que estar dispuesto para guardar a Jesús. Igualmente sois maestro a la hora de dolernos de Su pérdida, llenarnos de ansiedad en Su búsqueda y rebosar de alegría ante Su hallazgo. En Vos vemos el reflejo de las preocupaciones, fatigas y trabajos de esta vida, que son los caminos cuyo tránsito hará posible el incremento de nuestras virtudes en nuestro trayecto hacia Dios.

Siendo Jesús hijo del Todopoderoso, quiso Dios que Vos le representarais como padre terrenal, que educarais a Su Hijo con vuestro ejemplo y conducta, y Jesús os honró mostrándoos total sumisión, docilidad y obediencia, viendo en Vos la imagen de Su Padre celestial.

Vuestro oficio de carpintero era el más conveniente para Vos y vuestra familia, permitiéndoos una vida retirada, pacífica y útil en cualquier lugar en que estuvierais destinado a habitar. La madera era vuestro material de trabajo, convirtiéndose en instrumento de salvación. Rodeado de madera del pesebre, nació el Salvador, y sobre la madera de una cruz entregó Su vida para alcanzar nuestra redención. Entre un suceso y otro, Él os acompañó compartiendo vuestro trabajo, siendo vuestro aprendiz, de la misma forma que Vos le observabais también para aprender de Él. Contemplando a vuestro Hijo, debisteis manteneros, al igual que vuestra esposa, en la reserva de vuestra reflexión, sabiendo que pertenecía al Padre de los cielos, y sin que ello os paralizara a la hora de ejercer vuestra función paternal con perfecta rectitud.
 
"Sagrada Familia" - Nazaret
Foto: María Luz
 
Echando la vista atrás, recuerdo mi visita a vuestra casa en Nazaret, e imagino el hogar de tres personas que se aman en comunión constante, sometidos a la voluntad del Padre. Vos, San José, sometido a la voluntad divina, vuestra Esposa María, subordinada a Vos, y Jesús, obediente a ambos. Toda una lección divina que nos enseña que el poder es más un servicio que un privilegio. Sois tres corazones en uno: Vos sois el mejor medio para llegar a María, y Ella, el mejor medio para llegar a Jesús. No me cabe la menor duda de que consagrándonos a vuestros tres corazones y viviendo dentro de ellos, estaremos bien protegidos y defendidos de la maligna adversidad.
 
Casa de la Sagrada Familia en Nazaret
 
Con la misma sumisión a la voluntad divina, enfrentasteis el momento de vuestra muerte. Como hombre de silencios y dado a la reflexión, seguramente no expresaríais con palabras todo aquello que desfiló en vuestra mente en esos momentos. Estabais habituado a callar para dejar hablar a Dios. Os imagino en vuestro lecho de muerte, siendo atendido por la tierna solicitud de Vuestra amada Esposa, y confortado por vuestro hijo Jesús con palabras de vida eterna. Dios había puesto en vuestras manos el cuerpo recién nacido de Su Hijo, y ahora Vos poníais vuestro espíritu en las Suyas. Vuestra muerte tuvo que convertirse en muerte de amor viendo que vuestros últimos momentos de vida terrenal eran sostenidos por todo un Dios y consolados por Su Madre. ¿Cabe mayor felicidad?...Y así expirasteis en brazos de Dios y lleno de consuelos celestiales.

Vuestra vida es la de un hombre humilde opuesta a la de los orgullosos. Un hombre sencillo, discreto, piadoso, trabajador, dulce y pacífico, de noble linaje, aceptando sin queja la modestia de su condición. Un hombre angelical, que tuvo la dicha que servir familiarmente a Dios, como no lo han podido hacer todos los ángeles en su conjunto. Silencioso en la vida y en la muerte, buscando siempre complacer al Señor. Ejemplo de predicadores, pues tiene más mérito predicar con el ejemplo que con la palabra. Vuestras fatigas se vieron compensadas con la luz que recibíais viviendo entre la Luna y el Sol. Sois el insigne vencedor frente a los tiranos que amenazaban al Rey de los judíos, dispuesto a dar vuestra vida por Él. Insigne vencedor sobre el demonio que nunca pudo ni siquiera atravesar el umbral de vuestra puerta. Lleno de fortaleza y confianza, en Vos se reúnen toda la luz y el esplendor que los demás santos tienen juntos. Todo ello os ha hecho merecedor de vuestra glorificación. Y todo ello nos obliga a veneraros, y a honraros tal como hicieron vuestra Santísima Esposa y Nuestro Señor Jesucristo. Si así lo hacemos estaremos también honrándoles a Ellos, y causando gran alegría en toda la corte celestial.
 
Patrocinio de San José.
(Gaspar Miguel de Berrío - Bolivia, siglo XVIII)
 
"Frente a la agitación y los oropeles estimados en el mundo, San José nos enseña que la única grandeza consiste en servir a Dios y al prójimo, cumpliendo amorosamente el deber, por humilde que sea, sin buscar otra compensación que agradar a Dios y someterse a Sus designios, con el único temor de no servir suficientemente bien...El mensaje de José es la llamada a la primacía de la vida interior, de la contemplación, de la abnegación. Lo esencial no es parecer, sino ser, servir y buscar la gloria de Dios".

Mi querido y amable San José, os venero con todo mi corazón y os agradezco vuestra siempre solícita ayuda. Desde hoy, esta pobre esclava de María se consagra también a Vos, solicitando vuestro amparo en todas y cada una de las circunstancias que me queden por vivir, y declarándoos mi veneración y amor, pues quien ama a Jesús y a María, debe también amaros a Vos, pues los tres estáis unidos en el cielo y en la tierra con un amor inmenso en un solo Corazón.
 
María Luz
  
CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ
 
Yo me consagro a Vos, querido San José,
a fin de que seáis para mí un padre, un protector y un guía
en el camino de la vida.
Deseo que conservéis mi alma limpia de toda mancha de pecado,
para que sea toda hermosa y pura para Jesús.
Ofrecedme a María, mi Madre querida,
para que Ella me consagre a Jesús.
De este modo, viviendo siempre en vuestros Tres Corazones,
pueda yo vivir cumpliendo la voluntad de Dios
y al final me obtengáis una santa muerte.
Amén.
 
Para conocer en mayor profundidad la excelsa figura de San José, he tenido el inmenso placer de leer los siguientes libros, cuya lectura recomiendo:
 
"Suma de los dones de San José" (P. Isidoro de Isolanis - S. XVI)
"Treinta visitas al silencioso San José" (Fr. Henri-Michel Gasnier, O.P.)
"San José, el más santo de los santos" (P. Angel Peña O.A.R.)
 
 

domingo, 15 de mayo de 2016

LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN: CONSAGRACIÓN A JESÚS POR MARÍA

Entre todas las lecturas piadosas que han ocupado parte de mi tiempo en los últimos meses, una de ellas constituye un verdadero tesoro espiritual, el "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen" escrito por San Luis María Grignion de Montfort, santo francés que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVIII.

Foto: María Luz

Una vez más, es un Santo de mi país natal el que me ha conquistado con sus enseñanzas. Este adalid de la devoción mariana, nació en la Bretaña y se convirtió en evangelizador en su tierra francesa, lo cual le llevó a sufrir rechazos, prejuicios y calumnias, debido a la mentalidad jansenista que imperaba en bastantes comunidades. De sus obras escritas, el Tratado constituye su obra maestra y fue publicado por primera vez en 1843, tras llevar 130 años oculto, tal como el propio autor había profetizado.

San Luis María Grignion de Montfort.
  
El Tratado es un texto profundo, escrito por inspiración celestial, y a través de sus páginas expone el verdadero camino que debe seguir todo cristiano que quiera llegar a Jesucristo, serle fiel y convertirse en un auténtico predestinado. Ese camino está constituido por María, a la cual debemos imitar fielmente. Como San Luis María explica, "todo se resume en obrar siempre por María, con María, en María y para María." María está unida a Cristo, de tal manera que siendo verdaderos devotos de la Santísima Virgen, lograremos el medio más fácil y seguro para llegar a Jesús.
 
Explicando magistralmente las diferencias entre la verdadera devoción y las  falsas devociones, y haciendo un retrato psicológico de los falsos devotos, junto a pasajes realmente proféticos que nos muestran a  San Luis María como todo un visionario, el autor identifica la consagración a María con la consagración a Jesucristo, y describe la esclavitud a ambos como una verdadera renovación de las promesas bautismales.  Esa esclavitud, que es una esclavitud de amor,  consiste en "consagrarse a Jesucristo por manos de María."
 
El mismo San Juan Pablo II afirmó: "La lectura del Tratado dio a mi vida un giro decisivo...Mientras anteriormente yo había procurado mantenerme a distancia por temor a que la devoción mariana oscureciera mi visión de Cristo, comprendí durante su lectura que sucede todo lo contrario. Nuestra relación íntima con la Madre de Dios surge naturalmente a partir de nuestra relación con el misterio de Cristo."
 
Esto nos lleva a la conclusión ya apuntada, que las fórmulas "a Jesús por María" y "a María por Jesús" son mutuamente complementarias en la vida cristiana.
 
Me resulta casi imposible recoger todas las ideas expuestas por San Luis María, pero sí me gustaría plasmar algunas de las más importantes para que, quienes no hayan leído el Tratado, puedan hacerse una mejor idea del mismo:
 
- El mundo era indigno de recibir al Hijo de Dios directamente de las manos del Padre por eso se lo ha dado a María para que el mundo lo recibiese por Ella. Dios Todopoderoso podría habernos entregado a su Hijo sin necesidad de nada más que Su voluntad, sin embargo, quiso que fuese a través de una virgen de Nazareth, llamada María.
 
-Por María comenzó la salvación del mundo y por María debe consumarse.  Por María se produjo el primer advenimiento de Jesús al mundo y por María se producirá la segunda venida, aunque no del mismo modo. La primera venida fue oculta y secreta. La segunda será gloriosa y resplandeciente, pero las dos serán perfectas porque las dos quedarán realizadas por María. Si María es el medio por el cual Cristo vino al mundo, Ella debe ser el medio que empleemos para llegar a Él.
 
-Todas las verdaderas criaturas de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre; y quien no tenga a María por Madre, no tiene por Padre a Dios. Por eso, tanto los réprobos como los herejes, los cismáticos, que odian o miran con indiferencia a la Santísima Virgen, no tienen a Dios como Padre por más que lo manifiesten. La devoción a la Santísima Virgen es necesaria para la salvación. Si Jesucristo nació en María, siendo Él el Jefe de todos los hombres, los predestinados (auténticas criaturas de Dios, miembros del cuerpo místico de Jesucristo) deben también nacer de Ella, pues la cabeza y los miembros nacen siempre de una misma madre. Lo contrario constituiría algo monstruoso.
   
-Jesucristo es el fin último de nuestras devociones, pues Él es el comienzo y el fin de todas las cosas. María no es como las demás criaturas, que si nos unimos a ellas podrían separarnos de Dios. Todo lo contrario, la inclinación más fuerte de María es unirnos a su Hijo, y la inclinación más fuerte de Jesús es que lleguemos a Él a través de su Madre.
 
-Para alcanzar la perfección, la cual se adquiere uniéndonos a Jesucristo, es necesario vaciarnos de todo lo malo que hay en nosotros. Si no morimos a nosotros mismos, no produciremos fruto y nuestras devociones serán inútiles. Por ello, de entre todas las devociones a la Santísima Virgen, debemos escoger la que más nos lleve a esa muerte propia.
 
-Para llegar a Dios, debemos subir tres grados (María, Jesús y el Padre Eterno): el primero es María , nuestra mediadora de intercesión, que nos llevará a Jesús. El segundo es Jesús, nuestro mediador de redención, que nos conduce al Padre Eterno.
 
-La verdadera devoción a la Santísima Virgen es interior (parte del corazón), es tierna (llena de confianza en María), es santa (conduce a evitar el pecado y a imitar las virtudes de María), es constante (nos afirma en el bien, en la oposición al mundo, en evitar las tentaciones y en no abandonar las prácticas de devoción) y es desinteresada ( no se ama a María por interés o por lucro, sino porque María merece ser servida.)
 
-La perfecta consagración a Jesús por María implica entregarse por COMPLETO a la Santísima Virgen para ser de Jesucristo. A través de dicha consagración le entregamos todo nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestros bienes exteriores y nuestros bienes interiores y espirituales. Entregándole todo lo que somos y poseemos, depositamos toda nuestra confianza en Ella para que nos los conserve, aumente y embellezca. Consagrándonos a María, Ella también se consagrará a nosotros. De esta forma, nos damos a Jesucristo de la manera más perfecta.
 
-A través de esta devoción se ejerce la caridad en alto grado. Si entregamos a María todo lo que poseemos y lo que adquiramos hasta el momento de nuestra muerte, todo ello se podrá emplear, según la voluntad de la Virgen María, en la conversión de los pecadores o en librar almas del Purgatorio, lo cual es un gran acto de caridad con el prójimo y un bien infinito, pues supone dar a un alma la posesión de Dios.
 
-Cristo se dio por entero a nosotros, dando incluso su vida para redimirnos. Ante tal generosidad, justo es que nosotros le correspondamos. Haciéndolo así, Él será más generoso aún para nosotros durante nuestra vida, en nuestra muerte y por toda la eternidad.
 
-La humildad es la virtud que Dios ama por encima de todas. La devoción que San Luis María nos transmite, nos enseña a ser humildes y a acercarnos a Nuestro Señor, no por nosotros mismos, sino valiéndonos siempre de la intercesión de la Santísima Virgen.

-María es el mayor enemigo que tiene Satán. Los esclavos del demonio, es decir, los amigos del mundo, persiguen y perseguirán siempre a los que pertenezcan a María, pero la Santísima Virgen siempre alcanzará la victoria. Lo que Lucifer perdió por el orgullo, María lo ha ganado con su humildad. Lo que Eva perdió por desobediencia, María lo ha salvado por la obediencia. Consagrarse a la Santísima Virgen es  la manera más segura de no caer víctima del demonio, pues constituye un acto de humildad.

-El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá particularmente en los últimos tiempos en que Satanás pondrá asechanzas a los esclavos de María. Es indiferente lo  pequeños y pobres que éstos sean, porque serán ricos en gracias y estarán perfectamente asistidos, y en unión con María, aplastarán la cabeza de la serpiente infernal y harán que Jesucristo triunfe.
 
-San Luis María no nos engaña, no nos promete un camino de rosas, sino que explica con gran claridad, que los fieles esclavos de María son sus favoritos y como tales, reciben de  Ella las mayores gracias, que son las cruces. Pero al mismo tiempo, serán capaces de soportar esas cruces con mayor facilidad, asistidos en todo momento por la Santísima Virgen.
 
-Sometámonos a María, de la misma forma que lo hizo Jesús durante la mayor parte de su vida. No olvidemos que 30 años los pasó sometido a su Madre, obedeciéndola en todo, dando así mayor gloria a su Padre, con un claro predominio de la contemplación sobre la acción.
 
-Consagrándonos a María, entregándole todo lo que somos y poseemos, incluidos nuestros méritos y satisfacciones, Ella nos hace dignos, alcanzándonos la bendición del Padre Celestial, de la misma manera que Rebeca consiguió la bendición de Isaac para su hijo Jacob. Es maravillosa la manera en que San Luis María explica el paralelismo entre la historia de Rebeca, Jacob y Esaú con el comportamiento de los justos, los réprobos y la forma en que María honra a todos aquellos que se someten a Ella. Obedeciendo en todo a la Santísima Virgen, Ella nos conseguirá todas las gracias y bendiciones de nuestro Padre Celestial.

-A través de la Consagración a María,  el Espíritu Santo nos iluminará para conocer todo lo malo que hay en nosotros y nuestra incapacidad para todo bien. Creceremos en humildad, en fe y en confianza en Dios y la Virgen. La Santísima Virgen nos otorgará parte de su fe, sus virtudes, una gran confianza en Dios y en Ella misma.

Si bien el aspecto interior de esta devoción es el más importante, hay una serie de prácticas exteriores recomendables, que ayudan a  la práctica interior. Tanto unas como otras nos prepararán y conducirán a nuestra Consagración a Jesús por María. Antes de llegar a ese momento, realizaremos la siguiente preparación:
 
  • Emplear doce días en vaciarse del espíritu del mundo, que es contrario a Jesucristo.
  • Una primera semana en la que se dedicarán todas las oraciones y actos de piedad al conocimiento de uno mismo y el arrepentimiento de los pecados, meditando sobre nuestro mal fondo.
  • La segunda semana irá dirigida a conocer a la Santísima Virgen, dedicándonos a conocer e imitar sus virtudes, pues Ella es el molde que debe formarnos.
  • La tercera semana, dedicada al conocimiento de Jesucristo, meditando sobre Él, soportando las pruebas y perdonando las ofensas, dando gracias por todo lo que el Señor nos ha concedido, y resueltos a formular nuestra consagración.

Finalizadas esas semanas preparatorias, procederemos a la Confesión y tomaremos la Comunión con intención de entregarnos a Jesucristo como esclavos de amor, por medio de María, recitando por último la fórmula de Consagración. De esta forma, quedaremos ligados a Jesús y María, renunciando a la esclavitud del mundo, del pecado y del demonio.

Foto: María Luz
"Es glorioso y útil a los esclavos de Jesús en María, que lleven como señal de su esclavitud de amor, cadenillas de hierro bendecidas con una bendición propia.  De esta forma, recordaremos nuestras promesas bautismales y  la renovación de las mismas por esta devoción. Estas cadenillas nos recordarán las cadenas del pecado y de la esclavitud del demonio, de las cuales hemos sido librados por el Santo Bautismo, y la dependencia prometida a Jesús en el Bautismo así como la renovación de sus votos. Esta cadenilla mostrará que no nos avergonzamos de la esclavitud y servidumbre de Jesucristo, y que renunciamos a la esclavitud del mundo, del pecado y del demonio."

Es así como, a través de varios meses de enseñanzas recibidas de manos de los Heraldos del Evangelio, y de preparación interior, he llegado a este momento de mi Consagración, siendo consciente de la importancia de la misma, depositando mi vida  en manos de María, sabiendo que, de este modo, estaré en las mejores condiciones de alcanzar la salvación eterna de mi alma. Cierto es que, en adelante, las batallas que tendré que librar serán mayores, pero nadie es tentado por encima de sus fuerzas, por eso, cuando notemos la tentación, invoquemos a María con toda confianza, sin desfallecer, pues esta lucha nos conducirá al Cielo.

Todo el proceso de preparación ha estado lleno de momentos muy especiales, como las festividades de Nuestra Señora del Buen Consejo, San Luis María Grignion de Montfort, para concluir en el gran día de la consagración celebrada el viernes 13 de mayo, solemnidad de Nuestra Señora de Fátima, y a dos días de la fiesta de Pentecostés. Claramente la Divina Providencia nos ha conducido a formular nuestra consagración en esa fecha tan significativa.

¡Qué difícil expresar el cúmulo de sensaciones y sentimientos vividos durante la bella ceremonia de consagración! La capilla más hermosa de la casa más santa, especial y querida por mí, ha sido el marco de este momento inolvidable de mi vida, en que me he convertido en Esclava de Jesucristo y de la Santísima Virgen. La Santa Misa presidida por el Rvdo. D. José Francisco y concelebrada por el Rvdo. D. Pedro Paulo, quedará impresa en mi memoria para siempre. Destacar las bellas palabras pronunciadas por D. Pedro Paulo, que tanto me recordaron a su explicación sobre la verdadera devoción a la Virgen ofrecida por él en una de las reuniones previas, y el momento en que todos, arrodillados, recitamos la fórmula de consagración.

La bellísima imagen del Inmaculado Corazón de María.
Foto: María Luz
 
Ceremonia de consagración.
Foto: Don Eric Fco. Salas
 
Momento de la firma de la consagración.
Foto cedida amablemente por mi compañera Chelo.
 
Fórmula de Consagración y obsequios que me recordarán siempre esta fecha tan significativa.
Foto: María Luz

Y por si ese momento no hubiera sido suficiente, la jornada se vio coronada por la bellísima ceremonia celebrada en la Catedral de la Almudena, para conmemorar el 99 aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima. Desde la procesión de entrada en la Catedral, momento en el cual vi por primera vez el magnífico lanzamiento del estandarte de los Heraldos, hasta el final de la Santa Misa, en la que todos concluimos recitando la Consagración a la Virgen María de San Simón de Rojas,  todo fue  una demostración del saber hacer y de la perfección con que los Heraldos del Evangelio realzan todas sus celebraciones. Todas las emociones de ese inolvidable día hicieron brotar lágrimas de mis ojos en esos momentos, pero la Santísima Virgen acudió en mi ayuda y pude reabsorberlas a tiempo para que no empañaran mi visión ante tanta belleza y perfección.





 





Imágenes de la celebración del 99 aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima, en la Catedral de la Almudena.
Fotos: María Luz
       
No vacilemos y consagrémonos a Jesús por medio de María, pues tal como expresó San Bernardo: "Si María os sostiene, no caeréis; si María os protege, no temáis; si María os conduce, no os fatigaréis; si María os es favorable, llegaréis hasta el puerto de salvación."

"Cuando alabamos a María, la amamos, la honramos y nos damos a Ella, alabamos a Dios, honramos a Dios, amamos a Dios, nos damos a Dios por María y en María."

"A Jesús por María"
Basílica del Rosario (Lourdes)
Tomé esta fotografía en mi primera visita a Lourdes, no imaginaba entonces que llegaría a tener tanto significado para mí.
Foto: María Luz
  
Esta hermosa fotografía de Nuestra Señora, obsequio de consagración, me acompaña desde el pasado viernes. A Ella es a quien contemplo cada mañana al despertar, y ante Ella renuevo cada día mi consagración.
Foto: María Luz
 
Os escojo hoy, ¡oh Maria!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y Señora. Os entrego y consagro, en calidad de esclava, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, dejándoos entero y pleno derecho para que dispongáis de mí y de todo lo que me pertenece, sin reserva, según vuestro amable beneplácito, a mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.

¡Oh Madre admirable!, presentadme a vuestro querido Hijo, en calidad de esclava eterna, a fin de que, pues me rescató por Vos, me reciba también por Vos.

¡Oh Madre de misericordia!, concededme la gracia de alcanzar la verdadera Sabiduría de Dios y de colocarme, por tanto, entre los que Vos amáis, enseñáis, conducís, alimentáis y protegéis como a vuestros hijos y esclavos.

¡Oh Virgen fiel!, hacedme en todas las cosas tan perfecta discípula, imitadora y esclava de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que llegue, por vuestra intercesión y a ejemplo vuestro, a la plenitud de su edad sobre la tierra y de su gloria en los cielos.


CUANDO SE ENCUENTRA EL TESORO ESCONDIDO, Y SE DESCUBRE EL SECRETO DE MARIA, YA NO SE NECESITA NADA MÁS.


15 de Mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés.
María Luz Gómez