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sábado, 4 de abril de 2020

Estimado Rvdo. D. Pedro Paulo...

Hace tan solo tres días que su alma, repleta de virtudes, voló al encuentro de la patria celestial. Su partida deja un gran vacío en nuestros corazones y mis ojos se ven inundados de lágrimas al saber que ya no podré conversar con usted ni escuchar sus sabias reflexiones. Entre lágrimas y oraciones, mi mente ha recorrido multitud de recuerdos ligados a usted, todos ellos imborrables y que ocupan un lugar de honor en el álbum de mi vida.

Como creyente en Dios, siempre me he preguntado por qué lloramos desconsoladamente cuando perdemos a un ser querido, máxime si tenemos la certeza absoluta de que su alma ya forma parte del reino celestial. Es obligado pensar en Nuestro Señor llorando la muerte de su amigo Lázaro al tiempo que, hoy, mi pobre alma se siente huérfana ante su ausencia, pues este mundo terrenal se volverá más inhóspito sin su presencia.

La huella que usted ha dejado en nuestra patria, a la que llegó hace décadas para iniciar su apostolado, quedará para siempre adornada con su acento brasileiro, su sonrisa bondadosa, su delicadeza de trato y su cálida hospitalidad; todo ello como una excelsa muestra del lema luciliano "vivir es estar juntos, mirarse y quererse bien". 


Su amor a Nuestro Señor Jesucristo, a la Santísima Virgen y a la Santa Iglesia Católica han marcado su vida terrenal y han quedado patentes en su importante apostolado entre nosotros. Sus hijos espirituales tenemos en usted el mejor ejemplo de un verdadero esclavo de María repleto de entusiasmo y vitalidad.

Usted me dijo en una ocasión que "la Providencia siempre nos exige un paso más..." y es por ello que ahora, mis lágrimas de tristeza por su pérdida deben convertirse en lágrimas de alegría. Alegría y agradecimiento por haberle conocido, por haberle frecuentado durante infinidad de ocasiones, en las cuales mi pobre alma tuvo ocasión de vivir el cielo en la tierra asistiendo a las Misas celebradas por usted y escuchando sus siempre vibrantes homilías. Alegría al saber que aquellas lágrimas que Nuestra Señora derramó hace dos años en algunas de nuestra sedes se han tornado en luminosa sonrisa al recibirle a usted en el cielo, donde ya es nuestro querido intercesor.

Estimado Rvdo. D. Pedro Paulo, interceda por todos nosotros y por nuestra familia espiritual, para que el apostolado iniciado por usted se acreciente cada día más. Interceda por esta España que usted tanto ama y por las necesidades de la Santa Iglesia Católica.

Interceda por mi pobre alma para que siempre haga mío el deseo que usted me expresó en una ocasión: "No deseo otra cosa sino que la gracia me santifique y que me dé gracia para santificar a otros".

Ante la separación, es inevitable sentir saudade, por este motivo y en espera de nuestro reencuentro, trataré de aliviar mis saudades, reuniéndome con usted en el punto de encuentro que usted mismo me señaló: el Inmaculado Corazón de María.

Hoy, en este soleado primer sábado de mes, tras rezar el Santo Rosario, elevo mi mirada al cielo y con una sonrisa exclamo ¡hasta pronto, mi estimado Reverendo!

María Luz Gómez




martes, 23 de abril de 2019

Procesión del Cristo de Becerra en las Descalzas Reales

Por segunda vez, he tenido la fortuna de vivir un Viernes Santo en el madrileño monasterio de las Descalzas Reales, acompañando a los Heraldos del Evangelio y siendo testigo de la tradicional procesión del Cristo de Becerra que recorre el claustro bajo del monasterio. Los lectores de mi blog saben que la primera vez que la presencié, dos años atrás, la experiencia dejó honda huella en mi alma y así lo plasmé en mi artículo de entonces.

En esta ocasión, para quienes no conozcan todavía esta solemne procesión, les cuento más detalles de la misma en este nuevo artículo, con el deseo de que ello les anime a asistir el próximo año.



 


Fotos: María Luz Gómez

viernes, 28 de septiembre de 2018

MI QUERIDA CINCA...

Todavía recuerdo con nitidez el primer día que atravesé el umbral de tu puerta...Era un 7 de octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario. Mi primera impresión fue encantadora, una simple mirada a mi alrededor me transmitió una completa consonancia con tu atmósfera, sin embargo, todavía no podía imaginar lo mucho que llegarías a significar para mí.

Aquella primera visita, asistiendo a la Santa Misa en tu pequeña capilla, viene a mi memoria con la hermosa presencia de Nuestra Señora, con el recuerdo del aniversario de la Batalla de Lepanto, y con la cálida luz que atravesaba el cristal de la ventana. Salí de allí llena de paz y deseando regresar.

No tardé mucho en cumplir ese deseo y, en pleno tiempo de Adviento volví a visitarte, repitiéndose en mí esa misma sensación reconfortante de la primera visita. Nuestra Señora me había llamado, meses atrás, a acompañarla cada primer sábado de mes, y he ahí que, respondiendo de nuevo a su llamada, me llevó a ti, mi querida Cinca, para no abandonarte más.

Me convertí en tu habitual visitante de la mano de los Heraldos del Evangelio, y en especial de los Reverendos Don Pedro Paulo y Don José Francisco, que con sus brillantes explicaciones prepararon mi pobre alma para la consagración a Jesús por María, ceremonia que tuvo lugar un 13 de mayo en tu bonita capilla. Dicho proceso dio como resultado a esta pobre esclava de María que, con sus pobres capacidades, se sentía feliz de escuchar y recibir, junto a otras almas amigas, las más sabias, piadosas y excelentes enseñanzas.

Lo admito, tú mi querida Cinca, con la presencia de Nuestro Señor, la maternal mirada de Nuestra Señora y la cálida hospitalidad de los ángeles que te habitaban, me robaste el corazón y ya nada ni nadie podía apartarme de ti. Mis jornadas transcurrían con el intenso deseo de reencontrarte y, cuando por fin ese día esperado llegaba, ascendía tu escalinata con la ilusión de una niña que tenía la certeza de llegar al refugio en el que se sentía segura y a salvo. El tiempo transcurrido junto a ti se me hacía muy corto y el momento de abandonarte suponía para mí un triste descenso del Tabor.

Como esclava de María Santísima, sé que nuestras vidas son una sucesión de tristezas y alegrías y que todas ellas conforman parte del pobre patrimonio que podemos ofrecer a Nuestra Señora. Mi pobre alma sufrió una conmoción al conocer la noticia de tu cierre y mi reacción estuvo llena de lágrimas desconsoladas al pensar en la separación que las circunstancias me imponían. Esas lágrimas que fluían sin cesar fueron la manera de expresarte los sentimientos que albergaba mi corazón y con ellas mi alma te transmitió todo aquello que mis palabras no alcanzaban a expresar.

La nostalgia suele apoderarse del alma sensible que se ve obligada a separarse de aquellos que comparten sus mismos ideales. Sólo el transcurso del tiempo puede atenuar su tristeza tratando, al mismo tiempo, de vislumbrar en el horizonte promesas de futuras alegrías...Sí, alegría por saber que quienes te habitaron están llamados a mayores proyectos que tus pequeñas paredes son incapaces de albergar. La vida se compone de etapas que hay que saber afrontar, mirando siempre en la dirección en que sopla el Espíritu Santo. Sabes que gran parte de mis mejores recuerdos estarán para siempre ligados a ti, pero es tiempo de aceptar las renuncias con valentía y optimismo. Es por esta razón que las lágrimas deben quedar atrás... Aun así, no te asustes si supieras que alguna se escapa de mis ojos, considérala un recuerdo de las emociones vividas junto a ti; por mi parte, yo se la ofrezco a Nuestra Señora.

En este momento de la despedida, te pido un último favor: transmite a los ángeles que moraron en ti mi mayor admiración, respeto y agradecimiento eterno por todo lo que me transmitieron y el excelente ejemplo que me ofrecieron. Ellos me enseñaron el verdadero alcance del "lema luciliano": "Vivir es estar juntos, mirarse y quererse bien". Comunícales que, aun en la distancia, no tengo intención de separarme de ellos pues nos une un mismo ideal y una misma esperanza. Yo les brindo mis pobres oraciones y mi deseo de refugiarme para siempre con ellos en el Corazón Inmaculado de Nuestra Madre, Reina y Señora.

¡Hasta siempre, mi querida Cinca!

Fotos: María Luz Gómez

domingo, 24 de junio de 2018

CORPUS CHRISTI 2018

El pasado día 3 de junio fue un día grande para los fieles católicos, con ocasión de la celebración de la festividad del Corpus Christi, una ocasión única para acompañar a Nuestro Señor Jesucristo en una multitudinaria procesión por las calles de Madrid.

Foto: Don Eric Fco. Salas

Es mucho el sentimiento que aflora en nuestros corazones en el discurrir de la procesión e intensa la experiencia que supone participar en el desfile procesional junto a mi familia espiritual de los Heraldos del Evangelio. Para dejar constancia de todo ello, les remito a mi experiencia relatada en este artículo, con el deseo de que experimenten la emoción que yo sentí en esa tarde acompañando a Nuestro Señor.


jueves, 21 de junio de 2018

CRECE EL NÚMERO DE COOPERADORES DE LOS HERALDOS DEL EVANGELIO

El pasado sábado 16 de junio de 2018 tuve la fortuna de regresar a la sede de los Heraldos del Evangelio en la localidad toledana de Camarenilla. Mi primera y única visita hasta ese día había tenido lugar el 17 de diciembre de 2016, cuando me convertí en Terciaria de los Heraldos del Evangelio por convencimiento espiritual y por bendición de la Santísima Virgen. Mi regreso estuvo cargado de ilusión por ver a nuevos consagrados a Jesús por María entrando a formar parte de mi querida familia espiritual.

 
 
La capilla de los Heraldos en Camarenilla seguía convertida en ese cielo que recordaba de mi primera visita, y la emoción de los presentes traía a mi memoria la que yo experimenté cuando me fue impuesta la capa de Terciaria. Las palabras pronunciadas por el Rvdo. D. José Francisco Hernández durante la homilía estuvieron llenas de significado en tan inolvidable celebración. Haciendo alusión a la primera lectura, nos recordó la figura del profeta Elías echando su manto sobre Eliseo, como una visión de las capas que acababan de recibir los nuevos Terciarios..."Recibir la capa es recibir el manto de María"...Sin duda marca un nuevo paso en nuestro camino espiritual, estableciendo un antes y un después en nuestras vidas. A la manera de la quema de navíos emprendida por Hernán Cortés en la conquista de Méjico, para evitar que los españoles tuvieran la tentación de rendirse ante la dificultad de la misión, los Terciarios debemos ser muy conscientes  de que no hay término medio: o se está con el bien, o se está con el mal. La rendición ante el mundo actual no nos está permitida.
 
Ser cooperador de los Heraldos del Evangelio implica un compromiso firme y sincero en el restauración de todo lo bueno, bello y verdadero. En el convencimiento de que muchos querrán conocer más a fondo qué implica ser cooperador de los Heraldos, pueden leer sobre ello en este enlace en el que se profundiza en sus compromisos.

Mientras la  Luna creciente y el planeta Venus resplandecían en el cielo toledano, la noche de celebración concluyó con unas intensas palabras pronunciadas por el Rvdo. D. Pedro Paulo de Figueiredo, recordándonos la dificultad a la que nos enfrentamos en el mundo de hoy, en el que tendremos que esforzarnos para no guardar resentimientos y deberemos pagar la ingratitud con gratitud...A lo cual, los Terciarios respondemos con un "Praesto Sum".

Fotos: María Luz
 
 
 

sábado, 16 de junio de 2018

EN DEFENSA DE LOS HERALDOS DEL EVANGELIO

En plena era de la comunicación global, las noticias circulan a una velocidad inusitada. Los medios escritos se hacen eco de todo tipo de novedades en cualquier materia que se expanden rápidamente y que encuentran una gran vía de difusión en las redes sociales. Éstas acaparan multitud de seguidores que suelen hacerse eco de noticias sin verificar la realidad de las mismas. Cierto es que los usuarios de estas redes no tienen la capacidad de discernir entre la verdad y la falsedad de las noticias que por allí circulan, pero este hecho se agrava cuando la noticia u opinión versa sobre algo que desconocemos en toda su dimensión.

Como miembro de la familia espiritual conformada por los Heraldos del Evangelio, me duele comprobar que circulan por Internet opiniones y artículos  que tratan de perjudicar, e incluso calumniar, a quienes se destacan por realizar una importante labor de evangelización en este tercer milenio que se presenta inundado de irreligiosidad. Ciertamente, uno no puede amar ni admirar aquello que no conoce y por consiguiente, difícilmente podrá formarse una opinión bien fundada.
 
Para todos aquellos que no conozcan a los Heraldos del Evangelio, les invito a profundizar en el conocimiento de esta entidad evangelizadora a través de este artículo titulado "¿Quiénes son los Heraldos del Evangelio?"  publicado en su nuevo blog, donde podrán comprender los elementos que conforman su carisma y su espiritualidad, así como su destacada labor de apostolado y acción social.

Foto: heraldosdelevangelio.cl

 

jueves, 17 de mayo de 2018

CELEBRACIÓN DEL 101 ANIVERSARIO DE LAS APARICIONES DE FÁTIMA

Transcurrido un año desde la conmemoración del centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, la madrileña Catedral de la Almudena acogió a una multitud de fieles que no dudaron en unirse a la celebración del 101 aniversario, acompañando a los Heraldos del Evangelio que, una vez más, supieron imprimir de solemnidad y emoción tan significativa fecha.

A los acordes del Ballet Royal, compuesto por Jean Baptiste Lully, todos los que conformamos la familia espiritual de los Heraldos desfilamos en el cortejo de entrada, acompañando a Nuestra Señora, que lucía radiante en medio de un precioso arreglo floral de rosas multicolor que la hacían aparecer en el paraíso celestial.

















La celebración estuvo presidida por el Vicario General de la Archidiócesis de Madrid, Don Avelino Revilla. En su homilía hizo referencia a la Solemnidad celebrada en ese día, la Ascensión del Señor, señalando que "Nuestro Señor Jesucristo subió a los cielos, pero su Ascensión no supuso el final de su misión. Esta misión debe ser continuada por sus discípulos, entre los que nos encontramos cada uno de nosotros. Tenemos la obligación de predicar con nuestro ejemplo, siendo luces de Jesucristo y guiados por el Espíritu Santo. La fe no está para ser guardada sino proclamada con confianza y valentía. El mejor ejemplo de todo ello lo tenemos en Nuestra Señora, quien con su "Fiat" nos marcó el camino a seguir".



Durante la celebración, todos los presentes sentimos que nuestro espíritu se elevaba gracias a las interpretaciones del Coro de los Heraldos del Evangelio, que con sus maravillosas voces nos transportaron al mismo Cielo.
Finalizada la Santa Misa, caminamos en el cortejo de salida contemplando la visión del Palacio Real, saliendo a la explanada de la Catedral para acompañar la procesión de Nuestra Señora con el rezo del Santo Rosario, momento en el cual, todos los presentes aprovechamos para pedir por nuestras intenciones.






Si bien el cielo mostraba un azul radiante, la presencia de ciertas nubes y la fría temperatura en esa tarde de mayo, no hicieron desistir a los numerosos devotos que, organizados en una larguísima fila, discurrieron uno a uno mostrando su cariño a Nuestra Señora. Fue el broche final a este 101 aniversario de las apariciones de Fátima, cuyo mensaje debe quedar impreso en nuestros corazones y guiar nuestro espíritu: "Mi Inmaculado Corazón triunfará".
 FOTOS: Don Eric Fco. Salas

martes, 15 de mayo de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL MILAGRO

El pasado viernes 11 de mayo, encaminé mis pasos a uno mis enclaves favoritos en el corazón de Madrid: el Monasterio de las Descalzas Reales. Atravesar su entrada supone siempre un deleite para el espíritu de esta pobre alma mía tan necesitada de sosiego y paz. El motivo que me condujo allí no era otro que el de venerar la imagen de Nuestra Señora del Milagro, concluyendo la Novena que se celebró en su honor y participando en la posterior procesión de la imagen.


Tras el rezo del Santo Rosario, la conclusión de la Novena a Nuestra Señora y la reserva del Santísimo Sacramento, tuvo lugar la Santa Misa celebrada por el Rvdo. D. José Francisco Hernández que, en su homilía, supo hilvanar con su habitual maestría expositiva la historia de la imagen protagonista con la historia del monasterio, el recuerdo de su fundadora Doña Juana de Austria y el anuncio del Reino de María. Así mismo, también se refirió a las lacrimaciones de once imágenes de la Santísima Virgen y San José en diversas sedes de los Heraldos del Evangelio, acontecimiento singular que nos llena de emoción a todos los que conformamos esa familia espiritual. La Santa Misa fue concelebrada, entre otros, por el Rvdo. D. Pedro Paulo Figueiredo y el Padre Alejandro, capellán del monasterio.




 

Finalizada la Santa Misa y tras la imposición de las medallas de Nuestra Señora del Milagro a los nuevos cofrades, dio comienzo la procesión de la imagen a través del claustro, acompañada de la habitual solemnidad que saben imprimir los Heraldos del Evangelio y ambientada musicalmente con las preciosas voces de las Reverendas Madres Clarisas Franciscanas que habitan el monasterio.










Una vez concluida la procesión, la imagen fue expuesta para la veneración de los fieles que demostraron su devoción por ella. No siendo muy conocida por el gran público de hoy, es necesario remontarnos en el tiempo para descubrir su origen y la historia que la acompaña.


La imagen de Nuestra Señora del Milagro aparece representada en un cuadro que fue traído al Monasterio de las Descalzas Reales en el siglo XVI por las primeras religiosas que lo habitaron y que procedían del Monasterio de Santa Clara de Gandía. Como se puede comprobar en la fotografía superior, se trata de una antigua pintura, que fue adquirida en Roma por un ermitaño que había peregrinado allí con motivo del santo Jubileo. Posteriormente, el ermitaño trajo la pintura a Valencia, donde habitó en una ermita en la que situó la imagen en un altar construido al efecto, gracias a las limosnas que le eran entregadas. Una de las casas visitadas por él era la residencia de los Duques de Gandía, contando el ermitaño con el especial aprecio de la señora duquesa, Doña Francisca de Castro.

Tras la muerte del ermitaño y cumpliendo su última voluntad, el cuadro fue entregado a la hija de los duques, Doña Leonor de Borja, quedando la imagen, desde ese momento, adscrita a la noble familia, que la situó en el altar de su capilla privada. El hecho de que todas las peticiones presentadas ante la imagen, tanto comunes como particulares, fuesen concedidas, hizo que su veneración se extendiera por todo el Reino de Valencia. Este hecho motivó su traslado a una capilla pública. Entre sus numerosos devotos, contó con un importante miembro de la familia de los Gandía: San Francisco de Borja.

A la muerte de Doña Leonor, la pintura pasó en herencia a su hermana Sor Juana de la Cruz, religiosa en el convento de Santa Clara de Gandía, quien la trajo a Madrid al convertirse en primera Abadesa del Monasterio de las Descalzas Reales. De esta forma llegó la Virgen del Milagro a nuestra ciudad, siendo colocada inicialmente en la Casita de Nazaret, que constituye una de las estancias más originales del monasterio. Allí estuvo expuesta hasta ser trasladada a la capilla construida para albergarla y, que por esta razón, recibe el nombre de Capilla del Milagro. Esta capilla constituye un ejemplo del mecenazgo real, ya que fue Don Juan José de Austria, hijo natural del rey Felipe IV, quien financió su construcción en 1678, como regalo a su hija Margarita, que profesó en el monasterio en 1666. En la actualidad, el cuadro se venera en la iglesia pública del monasterio, mientras que en la capilla de su nombre puede contemplarse una copia del original.

Juan José de Austria (José de Ribera)

Capilla del Milagro
Foto: Patrimonio Nacional


Llegados a este punto de la historia, muchos se preguntarán la razón por la cual la imagen que nos ocupa es conocida como Virgen del  Milagro. Se debe a un hecho maravilloso que aconteció en vida del ermitaño. Un caballero valenciano, encontrándose próximo a la hora de su muerte, vio la visión de todos sus pecados. La preocupación de sus familiares por su salvación, hizo que pidieran al ermitaño la intercesión de la Santísima Virgen para que su familiar se arrepintiera sinceramente de su vida pasada y confesara sus numerosas faltas. El ermitaño atendió tan importante pedido y oró con devoción ante Nuestra Señora por esa intención, pidiendo también obtener una señal que le garantizase la conversión del moribundo. Fue entonces cuando se produjo el milagro visible en la propia imagen de la Santísima Virgen, cuyos ojos dejaron de mirar al Niño Jesús como siempre lo habían hecho y se elevaron, quedando así para siempre, tal como se puede comprobar al contemplar su imagen.

Tras ese primer milagro, muchos más tuvieron lugar, tanto en la capilla del palacio de los Gandía como en el monasterio madrileño. Toda la Corte madrileña del siglo XVII tenía una especial devoción a la Virgen del Milagro. Así fue el caso de la Infanta Margarita de Austria, que profesó en el monasterio como Sor Margarita de la Cruz y allí vivió hasta el día de su muerte. Sus numerosas dolencias físicas fueron aliviadas en numerosas ocasiones por la venerada imagen, motivo por el cual la infanta, en señal de agradecimiento, actuó como sacristana de la Virgen, cuidando del adorno de su altar y de su culto. Muchos otros miembros de la familia real fueron atendidos por la Virgen en sus numerosas necesidades. Los hijos del rey Felipe IV fueron puestos bajo la protección de Nuestra Señora del Milagro, y cuando alguno de los pequeños sufría algún malestar, era llevado a su capilla. La gran devoción a la Virgen hizo que se creara la Congregación de Nuestra Señora del Milagro, inscribiéndose el rey como primer miembro, y encargando él mismo un estandarte en seda y oro con la imagen de la Virgen y las armas reales de España. El rey conservó su devoción hasta el día de su muerte, reconociendo que se la debía a su tía la infanta Margarita, devoción que supo transmitir a su hijo, el futuro rey Carlos II.

Margarita de Austria, monja (Andrés López Polanco)
Hija del emperador Maximiliano II de Austria.
Está enterrada en el coro del monasterio.

Otro hecho maravilloso sucedió en 1638, durante la guerra entre Francia y España, cuando las tropas francesas invadieron Fuenterrabía. Por orden del rey Felipe IV, se organizó una procesión con la imagen de la Virgen del Milagro y se le hicieron rogativas solemnes. Cuando los españoles lograron derrotar a los franceses y liberar Fuenterrabía, se estaba celebrando una Misa en el altar de la Virgen del Milagro, momento en que todos los presentes se percataron de la desaparición de la imagen en el lugar en el que se encontraba ubicada. Al día siguiente, el cuadro volvió a aparecer en su altar, y fue entonces cuando las religiosas tuvieron noticia de la victoria española, comprendiendo que la venerada imagen había acudido en auxilio del ejército español. Comunicado el hecho a los monarcas, quisieron mostrar su agradecimiento a la Virgen, organizando una procesión a la que asistió la familia real. 

Fue también bajo el reinado de Felipe IV, cuando se solicitó la bondadosa ayuda de Nuestra Señora del Milagro para que protegiera las embarcaciones españolas, que llegaban desde las Indias portando valiosas mercancías, frente a los asaltantes ingleses. Se tomó la decisión de poner la flota española bajo la protección de la Virgen del Milagro, exponiendo su imagen al culto público y haciéndose una novena para pedir especialmente la seguridad de nuestra armada. Uno de los capellanes, que rezaba con gran fervor, escuchó una voz que le dijo con gran claridad: "Ve a la Abadesa y dile que escriba al Rey, deje mi imagen por nueve días en la iglesia y que canten las nueve misas de mis festividades, y así tendrá buen suceso la flota, con mucho daño a los ingleses". La Abadesa cumplió el pedido de la Virgen, continuaron los cultos y al poco tiempo se supo que la flota había llegado a España sin haber sufrido daño, mientras que los navíos ingleses tuvieron que alejarse por una gran tempestad. Como muestra de sincero agradecimiento, la reina Mariana de Austria dispuso que cada año se hiciera una novena y se situara la imagen de la Virgen en el altar mayor para darle culto tal y como se ha continuado haciendo hasta el día de hoy.

Felipe IV (Diego Velázquez)

Mariana de Austria (Diego Velázquez)

A lo largo del tiempo han sido muchos los prodigios obrados por la Virgen del Milagro, desde la protección frente a fenómenos atmosféricos, la curación de enfermedades y de heridos en peleas callejeras y, especialmente, numerosas conversiones. Fue lo que aconteció a un pecador que llevaba décadas sin confesar. Un día se acercó a la iglesia del monasterio, más por curiosidad que por devoción, y contemplando la imagen, vio salir de ella un rayo de luz que llegó hasta su corazón, quedando al instante arrepentido de sus pecados. A partir de ese momento, decidió confesar con gran arrepentimiento e hizo propósito de cambiar de vida, convirtiéndose en ejemplo de virtud.

Tantas gracias y favores concedidos han motivado que, a lo largo del tiempo, la imagen de la Virgen haya recibido numerosos obsequios como muestra de agradecimiento. Por esta razón, Nuestra Señora del Milagro es adornada con preciosas joyas provenientes de miembros de la realeza y la aristocracia. Destaca entre ellas un alfiler de brillantes, regalo de la Infanta Luisa Fernanda, hermana de la reina Isabel II.

En los convulsos años 30, las religiosas del monasterio buscaron consuelo en la Virgen del Milagro y siempre fueron atendidas maternalmente. No obstante, y para evitar posibles daños, la imagen fue retirada del altar en 1931 y entregada a la familia de una devota camarera de la Virgen, que la guardó con sumo cuidado en su hogar, situado frente al monasterio. Allí permaneció durante la guerra civil. Con gran precaución, el cuadro fue desmontado con objeto de proteger todas sus partes, situando la imagen tras unas maderas, las joyas ocultas en la buhardilla de la casa y el marco guardado en el baúl de juguetes de los niños. Con ocasión de un registro realizado por milicianos, la imagen fue descubierta por éstos que quedaron medio convencidos por la explicación que les fue ofrecida, pero prometiendo regresar para llevar a cabo un registro más exhaustivo. Tal registro nunca pudo producirse pues, tras su salida de la casa, un obús cayó cerca de la vivienda, destruyendo la escalera de acceso y dejando la vivienda incomunicada.

La festividad de Nuestra Señora del Milagro se celebra el 11 de julio, precedida de un triduo. El hecho de que la afluencia de público al templo fuese mayor en el mes de mayo, motivó el traslado de la novena a este mes, manteniendo su festividad en la fecha mencionada. No obstante, los fieles devotos pueden acudir a la iglesia del monasterio el día 11 de cada mes, fecha en que se celebran solemnes cultos en su honor.

Esta pobre esclava de María, que ya luce en su cuello la medalla de la Virgen del Milagro, da fe de la especial sensación que se siente contemplando tan dulce imagen, que irradia una cálida luz capaz de reconfortarnos en cualquier vicisitud que atravesemos. Cuentan que en una ocasión, una religiosa le ofreció su corazón para que se lo llenara de gozo...Desde aquel momento la imagen tuvo una especial atención a los corazones, a los que ilumina con su bondad y dulzura. Dirijamos también nosotros nuestra mirada a Nuestra Señora y ofrezcámosle nuestro corazón, pidiendo que obre en cada uno de nosotros el milagro que más precise nuestra alma, especialmente el de nuestra total y completa conversión.

María Luz Gómez


Quiero expresar mi especial agradecimiento a Don Alejandro López por cederme amablemente sus preciosas fotografías para ilustrar mi humilde escrito.