Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de enero de 2019

La Fuente de la Gracia

En mi reciente visita al Museo Nacional del Prado, además de visitar la exposición dedicada al artista Bartolomé Bermejo, tuve ocasión de contemplar con detenimiento una de las obras más importantes de la colección de pintura flamenca que se conserva en nuestra pinacoteca. Se trata del célebre cuadro titulado "La Fuente de la Gracia y el triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga".

La Fuente de la Gracia (1430-1440)

La obra fue pintada en los Países Bajos en el taller de Jan van Eyck, aunque el maestro no trabajara directamente en ella. Fue donada por el rey Enrique IV de Castilla al Monasterio de Santa María del Parral en Segovia antes de 1454, aunque se ignora cómo la adquirió el monarca. En el siglo XIX, durante el proceso desamortizador de los bienes eclesiásticos, el cuadro fue tomado del mencionado monasterio, pasando a la Academia de Bellas Artes, después al Museo Nacional conocido como Museo de la Trinidad, el cual se fusionó con el Museo del Prado en 1872. 

 Enrique IV de Castilla

El reciente proceso de restauración de la obra ha facilitado un estudio exhaustivo de la misma, razón por la cual, el Museo Nacional del Prado la ha expuesto temporalmente en una sala independiente que proporciona a los visitantes la posibilidad de adentrarse en multitud de detalles que podrían pasar desapercibidos.

La pintura en cuestión expone uno de los principales dogmas del Cristianismo: el goce de la Gracia Divina, entendida como el goce de la presencia de Dios más allá de la vida terrena. Una gloria que el cristiano alcanzará mediante la Comunión Eucarística. La Eucaristía es, por tanto, la gran protagonista de esta pintura, que mana de la fuente divina, la cual surge bajo el Trono de Dios Padre, y se dirige hacia la Humanidad a través de un frondoso prado. En la parte inferior contemplamos a la Humanidad, dividida en dos grandes grupos: la cristiandad y los judíos. 

Ese principio de la Eucaristía como salvadora se plantea a través de tres niveles visuales que son recorridos por la Fuente de la Gracia y que quedan ligados por una arquitectura que enmarca el conjunto. Bajo el tema principal subyace la alusión a la difícil convivencia entre cristianos y judíos.

Nivel superior 




En el centro, contemplamos a Dios Padre sentado en el trono, y a ambos lados la Virgen María y San Juan Evangelista. Dios Padre bendice con su mano derecha mientras sostiene el cetro en la izquierda. Se trata de una imagen que nos recuerda a Cristo Rey. Porta corona alusiva a su reinado eterno. En los laterales de su trono se aprecian las esculturas alusivas a los cuatro evangelistas. Ante Dios Padre aparece el Cordero del sacrificio, bajo el que mana la corriente Eucarística.


El trono se sitúa al pie de una pieza arquitectónica acabada en una aguja gótica adornada con dieciocho estatuas que hacen referencia a los profetas. Toda la estructura arquitectónica es, en sí misma, una traslación visual de las custodias góticas que albergan al Santísimo Sacramento. Se trata de una verdadera metáfora visual que se repite en la parte inferior de la obra.


A los lados de Dios Padre, contemplamos a la Santísima Virgen María leyendo con atención las Sagradas Escrituras y a San Juan escribiendo el Evangelio. El suelo que aparece bajo sus pies está decorado con baldosines, en uno de los cuales, la reciente restauración de la obra ha descubierto una decoración epigráfica en la que se representan las iniciales hebreas de la frase: Tú eres poderoso y eterno, oh Señor. 

Nivel intermedio 



La corriente Eucarística atraviesa un prado poblado por multitud de especies vegetales, habiéndose identificado hasta 20 especies distintas representadas de forma exquisita. Justo al paso de la corriente eucarística, las plantas se inclinan como si estuvieran sedientas de la gracia que mana de esa corriente. Se trata de una metáfora que integra el mensaje que se quiere ofrecer a través de esta obra pictórica. A ambos lados, contemplamos grupos de ángeles. Los ángeles músicos de la izquierda tocan la viola, el órgano portátil y la trompa marina, mientras que los de la derecha tocan el salterio, el arpa y el laúd. Junto a ellos se encuentran los ángeles cantores situados en sendas torres ubicadas en los extremos. Los de la izquierda cantan mientras que los de la derecha, además de cantar, sostienen una filacteria que incluye una inscripción alusiva a un versículo del Cantar de los Cantares: "Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas". Este versículo alude a la corriente que fluye junto a los ángeles y que clarifica el mensaje de la obra. Las piezas arquitectónicas góticas hacen referencia a la Jerusalén celestial, y a través de sus ventanas se contempla el frondoso jardín que alude al Paraíso. Los ángeles situados bajo las arcadas miran hacia la parte inferior donde se sitúa la Humanidad, dirigiéndole este mensaje: Esta es la fuente de la Vida, esta es la fuente de la gracia.
Nivel inferior



La zona inferior está situada fuera de la Jerusalén celestial y agrupa a la Humanidad como receptora de la corriente Eucarística. En el centro se sitúa el pozo de aguas vivas. Al pozo cae el agua repleta de la Eucaristía a través de una custodia gótica ricamente decorada con diversos elementos simbólicos. Bajo un ángel se sitúan un pelícano picándose el pecho para alimentar a sus crías y un ave Fénix que resurge de sus cenizas; ambos son alusiones simbólicas al sacrificio Eucarístico y a la Resurrección.

A ambos lados del pozo se sitúan la Humanidad. A la izquierda del espectador se dispone la Cristiandad, incluyendo al Romano Pontífice, un emperador, un Cardenal, un obispo, un rey, un abad y personajes diversos con ropas civiles, arrodillados o en oración y con elementos distintivos de su cargo. La mano del Papa señala las Eucaristías que manan de la fuente de la gracia, indicando cuál es el camino de la salvación.

Los expertos adivinan en las facciones del Romano Pontífice, al Papa Martín V, mientras que el emperador parece reflejar las de Segismundo de Luxemburgo. En cuanto a la figura del Obispo, parece representa a Alonso de Cartagena, Obispo de Burgos, muy vinculado a la Corte de Juan II. El Obispo era hijo de judeoconversos, personaje de gran poder en la Castilla de la época y asesor de Enrique IV cuando éste era príncipe. Los textos teológicos de su autoría se vinculan directamente al mensaje que ilustra esta obra pictórica hasta el punto que se puede afirmar que la obra comparte el método teológico propio del Obispo. La tesis que afirma que se trata de Alonso de Cartagena se refuerza por el hecho de que la pieza arquitectónica superior en la pintura presenta el mismo diseño con el que se concluyeron las torres de la Catedral de Burgos por orden del Obispo.

A la derecha del espectador, se disponen los judíos, que por sus gestos demuestran no aceptar ni entender la importancia de la gracia. Dan la espalda, se tapan los oídos, se rasgan las vestiduras; en resumen, constituyen un grupo sumido en la confusión y esto se refleja también en el texto hebreo que aparece en una filacteria, el cual es ilegible, no dice nada.

Todo indica que se trata de una obra realizada en el taller de Jan van Eyck pero concebida en Castilla reflejando la difícil convivencia entre cristianos y judíos, pero dentro de un ambiente conciliador con la cuestión judía, del que formó parte el Obispo Alonso de Cartagena, como hijo de judeoconversos.

Todos estos detalles objeto de estudio junto a la magnífica restauración a la que ha sido sometida la pintura han incrementado la luminosidad de esta obra en todos los aspectos que encierra. Resulta enriquecedor situarse ante una obra maestra y desgranar todos los detalles que contiene, para lo cual no queda más que agradecer a todos los que trabajan para su conservación y estudio, dándonos la oportunidad de disfrutarla y conocerla en profundidad.



jueves, 24 de enero de 2019

Bartolomé Bermejo

En el doscientos aniversario de su fundación, el Museo Nacional del Prado ha acogido una exposición dedicada al artista Bartolomé Bermejo, cita obligada para quienes somos amantes del arte gótico y de la originalidad que caracteriza al artista.

Para la ocasión, la mayoría de sus obras conservadas, procedentes de España, Europa y Estados Unidos, han sido reunidas para componer una magnífica exposición, en la cual los visitantes nos hemos deleitado con la intensidad de su colorido y la temática religiosa, protagonista en todas las obras expuestas. 

Bartolomé de Cárdenas, alias el Bermejo (1440-1501) es, sin duda, uno de los pintores más fascinantes del siglo XV. Nació en Córdoba y su condición de judeoconverso le condujo a una vida itinerante, residiendo en Valencia, Daroca, Zaragoza y, finalmente, Barcelona. Su trabajo se desarrolló, por tanto, mayoritariamente en la Corona de Aragón. Debido al sistema gremial que impedía trabajar a artistas foráneos, tuvo que asociarse con maestros locales mucho menos cualificados que él, lo cual dio lugar a muchos conflictos en su vida profesional como el incumplimiento de contratos e incluso el abandono de ciertos encargos. Uno de estos contratiempos le hizo recibir una sentencia de excomunión.

Artista con un perfecto dominio de la técnica del óleo, su principal influencia fue la pintura flamenca, en especial la de artistas de la talla de Jan van Eyck y Rogier van der Weyden, cuyo estilo reinaba por entonces en toda Europa. Esta la razón por la cual algunos han barajado la posibilidad de que Bermejo se hubiese formado en Flandes, sin embargo lo más probable es que su aprendizaje tuviese lugar en la cosmopolita Valencia del siglo XV. Fue precisamente en Valencia donde dejó una de sus obras más emblemáticas, su "San Miguel triunfante sobre el demonio". Posteriormente, se trasladó a Daroca, donde se ocupó del retablo de la parroquia de Santo Domingo de Silos, y de allí a Zaragoza, donde dejó patente su arte en la Seo del Salvador y en la primitiva Basílica del Pilar. Su última residencia se ubica en Barcelona donde, entre otros trabajos, realizó el famoso retablo de la Piedad Desplà. 

Tras su fallecimiento, casi se podría decir que su nombre y su obra cayeron en el olvido. No sería hasta finales del siglo XIX cuando volvió a despertar el interés  de destacados coleccionistas internacionales. Ya en el siglo XXI el Museo Nacional del Prado le ha tributado un merecido homenaje con objeto de que sea conocido por el gran público.

Bermejo es el artista más representativo de la escuela aragonesa, con clara influencia flamenca que se deja ver en el manejo de la perspectiva, la minuciosidad en los detalles, su perfecta técnica del óleo, así como el naturalismo en los rostros de los personajes y en los paisajes. Su estilo y cualificación fue apreciado por sus selectos comitentes que iban desde eclesiásticos hasta miembros de la Nobleza, así como distinguidos mercaderes.

Es tiempo ya de recrearnos en algunas de sus obras más emblemáticas de entre todas las expuestas.

"San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan" 
Cuadro fechado en 1468, es su primera obra documentada. Fue realizada en Valencia para la parroquia de Tous, por encargo de Antoni Joan, personaje que aparece arrodillado junto al Arcángel.  Es, sin duda, una de las obras más paradigmáticas del artista, en la que destaca el intenso cromatismo de la capa carmesí y el tono verde del peto.

En un magistral uso del color y de los reflejos luminosos, nuestra atención se dirige al intenso reflejo dorado de la armadura así como a los ricos adornos de piedras preciosas y perlas en los escarpes y en los brazos del Arcángel, dando gran importancia a la orfebrería.

Llama también nuestra atención el fulgor en los ojos del demonio, que aparece representado de una forma imaginativa y fantástica, casi se podría denominar surrealista.

Arrodillado, aparece el comitente de la obra, Antoni Joan de Tous, noble mercader y ocasional pirata valenciano. Debido al carácter delictivo de algunas de sus actividades, necesitaba imperiosamente el auxilio del Arcángel San Miguel para la salvación eterna de su alma. Por esta razón aparece arrodillado, implorando por esa intención al príncipe de la milicia celestial, quien más allá de su función salvadora, presenta una imagen que se conecta claramente con los ideales caballerescos medievales.

"Santo Domingo de Silos entronizado como Obispo"




En 1474, el artista recibió el encargo de realizar el retablo para la parroquia de Santo Domingo de Silos en Daroca. Concluida la tabla central que representa al santo, el artista abandonó el proyecto, recibiendo sentencia de excomunión, la cual traía consigo penas espirituales y restricciones laborales. No se conoce con exactitud la causa del abandono del proyecto, pero sin duda, la gran tabla central es una de las obras icónicas de Bermejo.

Constituye la obra más monumental de todas las de su autoría y un magistral juego de realidad pintada y realidad arquitectónica gracias a la gran crestería superior. El santo aparece sentado en un trono, en rígida majestuosidad y vistiendo una rica capa pluvial con multitud de bordados. A través de la tracería gótica pueden contemplarse a modo de esculturas policromadas, la representación de la siete virtudes (las tres virtudes teologales y las cuatro virtudes cardinales) que se albergan en fornículas. 

 
"Fermando I de Castilla acogiendo a Santo Domingo de Silos"
Junto a la obra anterior, perteneció al retablo de Santo Domingo de Silos en Daroca. Representa al rey Fernando I de Castilla y su Corte, recibiendo al Santo a las puertas de Burgos, tras huir del Monasterio riojano de San Millán de Suso debido a su enfrentamiento con el rey Don García de Nájera. El rey de Castilla le nombró Abad del Monasterio de Silos.

 "Santo Obispo. (¿Benito de Nursia?)"

Respecto a esta obra, los expertos no muestran acuerdo. Para unos se trata de San Agustín y para otros de San Benito de Nursia. Este cuadro constituye un ejemplo de virtuosismo técnico, especialmente al representar la gran dalmática, así como la mitra y la lámpara de cristal que cuelga del techo. En segunto plano se pueden apreciar las figuras de dos monjes: uno sopla la lumbre en la cocina y otro aparece en actitud de meditación. Uno y otro aluden claramente a la vida activa y la vida contemplativa. 


"Muerte y Asunción de la Virgen"

El artista supo plasmar el dolor que produjo en los Apóstoles el tránsito de Nuestra Señora. Cuerpos pesados, miradas ausentes, desfallecimiento...Todo sirve para plasmar el estado de ánimo de los once testigos. San Pedro, revestido de pontifical, moja el hisopo en agua bendita y parece encontrar un punto de apoyo en el lecho de la Santísima Virgen.

Junto a esta escena de dolor, aparece representada en la parte superior del cuadro la Asunción de Nuestra Señora: la Santísima Virgen, vestida de Sol, con la luna a sus pies y coronada de estrellas, es portada por cuatro ángeles que ascienden su cuerpo al seno de Dios. Entre los apóstoles, sólo San Juan, con una cruz en sus manos, y otro apóstol que se sitúa al otro lado del lecho, perciben la Asunción de Nuestra Señora. Justo detrás de San Pedro, aparece un apóstol con un cirio encendido en sus manos, recordando la inmortalidad del alma.

La habitación aparece representada de un modo exquisito y con elementos que indican un ambiente selecto, entre ellos la magnífica colcha sobra la que descansa el cuerpo de la Virgen María. La estancia se ilumina con la luz que penetra por una ventana y por la puerta abierta, y a través de la cual contemplamos una escena en la que un ángel entrega a Santo Tomás el cíngulo de la Virgen.

 "Retablo de Santa Engracia"


Contemplamos aquí dos pinturas de las seis que componen el retablo de Santa Engracia de San Pedro de Daroca, concretamente "Santa Engracia conducida a prisión" y "La flagelación de Santa Engracia". Una vez más, el artista hace un despliegue de riqueza cromática así como del dominio de la perspectiva. 

Santa Engracia fue una noble hispana que sufrió martirio en el siglo IV por orden del procónsul romano Daciano, que aparece sentado, contemplando la flagelación y sosteniendo en su mano el clavo que luego hundirían en la frente de la santa. 

La maestría del  artista se refleja no sólo en la riqueza cromática sino también en la riqueza de los ropajes, en la sangre que mana de la frente de la santa y en la abundancia de elementos decorativos del interior. La perspectiva se logra con el ajedrezado del suelo, la ventana situada al fondo, la disposición de los personajes y la luz que se proyecta sobre la espalda de la santa. 

El espectador puede percatarse de un claro anacronismo: Daciano aparece ataviado a la manera morisca. Se trata de un recurso utilizado para moralizar a los cristianos en contra del enemigo musulmán.

"Virgen de la Misericordia"

La autoría de esta obra es compartida por Bermejo y el artista Martín Bernat. Alude a una representación  repetida por otros pintores, Nuestra Señora como Madre de Misericordia, bajo cuyo manto, sostenido por ángeles, se disponen grupos de personajes, representando diversos estratos sociales. Todos estos, sin importar su condición, son cobijados por el manto protector de Nuestra Madre. Quienes hemos tenido ocasión de visitar esta exposición y de contemplar cada uno de los cuadros y  esta obra en particular, admiramos sobremanera la destreza del artista al representar en relieve las vestimentas de los clérigos, la orfebrería y los bordes del manto de Nuestra Señora.

"Tríptico de la Virgen de Montserrat"

Esta obra fue realizada por Bermejo junto a otros dos artistas, Rodrigo y Francisco de Osona. Obedecía a un encargo realizado por un mercader italiano (Francesco della Chiesa) para decorar la capilla de la catedral italiana de Acqui Terme. En el panel central, el comitente aparece arrodillado junto a la Santísima Virgen, completando la decoración una vista que alude al Monasterio de Montserrat y una marina surcada por barcos en un atardecer. Los paneles laterales fueron pintados por Rodrigo de Osona y en ellos aparecen representadas las escenas del nacimiento de la Virgen y la Presentación del Niño Jesús en el Templo. En la parte inferior destacan San Francisco de Asís recibiendo los estigmas y San Sebastián.

"La Piedad Desplà"

Se trata de la última obra conocida de Bartolomé Bermejo. Fue encargada por el canónigo y arcediano barcelonés Luis Desplà, que aparece a la derecha de la composición. Es una de las obras maestras de Bermejo y destaca por su paisaje altamente simbólico, que invita a meditar sobre la sacrificio de Nuestro Señor y su papel redentor. Destaca el dolor desgarrado de Nuestra Señora, cuya figura junto a la de su Divino Hijo que yace sobre su regazo forman una cruz. Acompañan la escena, el arcediano Desplà a la derecha con gesto contenido y San Jerónimo a la izquierda, evocando el carácter humanista del arcediano. El paisaje evoca un Edén guardado por el león, en el que aparece una calavera como símbolo de la muerte y una mariposa que alude a la resurrección. 

Fue ésta la obra cumbre de Bartolomé Bermejo, que tras finalizarla se dedicó a realizar diseños preparatorios para diversas vidrieras en Barcelona. Continúa siendo una incógnita el motivo de su desaparición del panorama artístico, siendo considerado el mejor artista de su generación y el mejor pintor español del siglo XV. Aun así, disponemos de sus pinturas para, siglos después, seguir admirando su maestría técnica y vibrando con su magistral colorido, al tiempo que somos invitados a meditar, acompañando a los santos, a Nuestra Señora y a Nuestro Amado Salvador.


miércoles, 15 de marzo de 2017

EL SUEÑO DEL REY CARLOS III

Con motivo de la conmemoración del tercer centenario del nacimiento del rey Carlos III de España, el Palacio Real de Madrid acoge la exposición "Carlos III. Majestad y ornato en los escenarios del rey ilustrado", en la que se muestra un recorrido por la vida cotidiana del monarca y su familia, y en la que se plasma perfectamente la suntuosidad y la funcionalidad de todas las piezas expuestas.
 
Al ser este un blog espiritual, deseo centrarme única y exclusivamente en un grupo de piezas piadosas expuestas en dos de las variadas secciones de la muestra: el dormitorio del rey y su capilla ardiente. Es por ello que he querido titular esta entrada con la expresión "El sueño del rey", haciendo referencia tanto al sueño nocturno a lo largo de su vida como a su sueño eterno. Tanto uno como otro bajo la mirada de las obras piadosas que expongo a continuación y que estoy segura que los lectores apreciarán tanto como yo.
 
 
EL REAL DORMITORIO DE CARLOS III
 
El dormitorio del rey constituye un conjunto decorativo neoclásico, cuyo principal artífice fue el pintor Anton Raphael Mengs, destacando especialmente las obras pictóricas religiosas que ayudaban al monarca en sus devociones matinales y vespertinas.
 
 
 
 
 
"Inmaculada Concepción"
 
 
"Oración en el huerto"
 
"La Flagelación"
 
"Caída de Cristo camino del Calvario"
 
 
En la parte superior, "El Padre Eterno".
Aparece representado Dios Padre en gloria, el Espíritu Santo, flanqueados por dos ángeles.
Bajo el mismo, "Lamentación sobre Cristo muerto"
El cuerpo de Nuestro Señor aparece sostenido por San Juan, con María Magdalena arrodillada a sus pies, y de pie la Virgen María implorando a lo alto. En el suelo, las reliquias de la Pasión (rótulo de la cruz, corona de espinas, clavos, martillo y tenazas). En el ángulo superior izquierdo, aparece el Gólgota iluminado con las tres cruces.
 
"Noli me tangere"
Tema clásico en la pintura religiosa, que muestra a Nuestro Señor resucitado y a María Magdalena.
 
 
CAPILLA ARDIENTE DEL REY CARLOS III
 
Carlos III murió el 14 de diciembre de 1788, siendo instalada su capilla ardiente en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid. Siguiendo la etiqueta de la Casa de Austria, se desmontó la decoración habitual del salón, cubriéndose las paredes con alguna de las tapicerías más emblemáticas de las Colecciones Reales, en concreto, "La conquista de Túnez por Carlos V". La cama mortuoria se situó bajo un dosel y en un estrado ricamente alfombrado. Además se montaron siete altares para decir continuamente Misas por el alma del monarca. Dicha capilla era pública, permitiendo que cualquier persona pudiera entrar para ver a Su Majestad difunto. Con ocasión de la exposición, Patrimonio Nacional ha recreado la instalación de la capilla ardiente en un intento de que los visitantes puedan ser testigos de la suntuosidad con que el monarca fue presentado en su paso a la eternidad.
 


Tanto la cama como el dosel datan de la primera mitad del siglo XVIII, bordados en hilo entorchado de plata, seda lasa, felpilla de seda sobre damasco de seda.
La cama encaja perfectamente bajo el dosel, colocación que sigue fielmente el ceremonial propio de la Casa de Austria.
La cama se conserva habitualmente en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, mientras que el dosel se encuentra en el Palacio Real de Madrid.
 
Uno de los altares estaría presidido por la imagen de la Inmaculada Concepción, en concreto este bello lienzo de Mariano Salvador Maella.
 
"Inmaculada Concepción" - Mariano Salvador Maella
A lo largo de toda su vida, Carlos III se batió ante la Santa Sede para elevar a dogma el culto de la Inmaculada Concepción. Esta pintura fue un encargo del monarca al pintor valenciano, coincidiendo con el decreto de incorporación de la Junta de la Inmaculada Concepción a la Real Orden de Carlos III. El lienzo presidió el oratorio del monarca en el Palacio Real de Aranjuez.
 
 
 
He querido dejar para el final este "Santísimo Cristo de la Agonía", de marfil sobre madera de caoba - Anónimo italiano (1700) que se conserva en el Real Convento de San Pascual de Aranjuez.
Junto al lienzo anterior, lo más destacado de la Capilla Ardiente es este Cristo que constituye una representación clásica sin señales de martirio, y que llamó especialmente mi atención por estar bella y minuciosamente tallado, destacando la expresividad de su rostro que dirige la mirada hacia el cielo.
 
 
FOTOS: Patrimonio Nacional / Google

jueves, 4 de agosto de 2016

OBRAS PIADOSAS - "DE CARAVAGGIO A BERNINI"

Una de las razones por las que me siento afortunada viviendo en una gran capital como Madrid es el poder disfrutar muy a menudo de su riqueza cultural y artística. Es así como, en una mañana de agosto, no me importa desafiar las altas temperaturas y, tras esperar cuarenta y cinco minutos a pleno sol, poder adentrarme en las instalaciones de Palacio Real, sentir el frescor del aire acondicionado y estar ya dispuesta a adentrarme en un universo artístico de gran belleza.
 
En ocasiones así, siempre hago la misma reflexión: ¡¡qué afortunados somos de pertenecer a una nación monárquica en la que sus reyes y nobles dedicaron gran interés y parte de sus fortunas a adquirir excelentes obras de arte que hoy todos podemos disfrutar!! Es por ello que, a la mínima ocasión, me dedico a deleitarme en cualquier exposición que se organiza como la que hoy me ocupa.
 
La exposición "De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional" ofrece una maravillosa colección de pinturas y esculturas procedentes de Italia y que datan del siglo XVII (denominado Seicento en su país de origen). Todas ellas han sido seleccionadas por su inmenso valor artístico e histórico y brillan en todo su esplendor gracias al magnífico trabajo de restauración. Muchas de ellas se muestran al público por primera vez, siendo un claro ejemplo de la gran riqueza de nuestras Colecciones Reales.
 
Junto a las obras adquiridas por los monarcas españoles para decorar los diversos Sitios Reales, hay otras muchas que fueron regalos diplomáticos y algunas donaciones. Destacar también que gran parte de las obras expuestas son de temática piadosa, lógico en nuestra monarquía católica, por lo cual, servidora no puede sentirse más feliz de disfrutar de tantas obras de arte que son toda una manifestación de fe y que nos ayudan a elevar nuestro espíritu de la mejor manera posible.
 
Imposible traer aquí todas las obras expuestas. Sería maravilloso poder fotografiarlas con cámara profesional, aunque reconozco que cuando una amable vigilante me dijo que tenía permiso para tomar fotos aun sin flash, vi el cielo abierto ante mí y he tratado de fotografiar todas aquellas que más me han gustado. Aunque la calidad no sea óptima, espero que las imágenes que he tomado sirvan sólo de aperitivo de esta magnífica exposición. No hace falta decir, que todas ellas pueden verse dispersas en todos nuestros palacios y conventos de fundación real en cualquier época del año.
 
Para todos los que residan o pasen por Madrid, esta muestra es una cita obligada hasta el próximo mes de octubre.

Sin más, y aprovechando este tiempo vacacional, cambiamos de tercio, y en lugar de comentarios sobre libros, nos vamos de visita artística. Espero que os guste.



"Sagrada Familia" - Giovanni Battista Foggini
Relieve en bronce dorado sobre lapislázuli.
 

"Cristo muerto llorado por dos ángeles" - Charles Le Brun
Imposible no emocionarse ante esta imagen.
En esta obra, el autor quiso reflejar la impresión que le produjo la contemplación en Roma de la Piedad.
 
"Virgen con el Niño" - Bartolomeo Cavarozzi
Un perfecto equilibrio entre el naturalismo de Caravaggio y el ideal de Rafael.
 
 
Una de mis piezas expuestas favoritas.
"Crucifijo relicario"- Georg Petel (Procede del Real Monasterio de la Encarnación)
El Cristo está tallado sobre un colmillo de elefante, lo cual motiva la curvatura de la figura.
Posee una expresividad plenamente barroca.
 
"Crucificado" - Giambologna (Procede del Monasterio de las Descalzas Reales)
Es una representación idealizada de Cristo vivo en la cruz que no deja adivinar los sufrimientos de la Pasión, y que contrasta con el Crucificado de la fotografía anterior, que muestra un arrebatado patetismo.
 

"Altar de León I: Encuentro entre Atila y el Papa León I"
Alessandro Algardi, Ercole Ferrata y Pietro da Cortona.
Fastuoso regalo diplomático ofrecido por el Cardenal Francesco Barberini al rey Felipe IV.
Este relieve reproduce la pala marmórea del altar dedicado a León I y esculpida para San Pedro del Vaticano.
 
 A la izquierda "Piedad", a la derecha "San Antonio de Padua" - Simone Cantarini.
Se trata de dos óleos pintados sobre un alabastro procedente de Egipto, lo que sugiere que se traten de presentes diplomáticos. Ambos proceden del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
 
"La Virgen con el Niño y San Juanito" - Giovan Francesco Romanelli
Procedente del Monasterio de El Escorial.
Bellísimo su colorido y la ternura de la Virgen.
 
"Aparición del Niño Jesús con un ostensorio a Santa Clara de Asís"- Giovan Francesco Romanelli.
Procedente del Monasterio de las Descalzas Reales.
 
"La Virgen con el Niño en gloria" - Giacinto Calandrucci.
Esta obra decoraba el dormitorio de los Reyes Felipe V e Isabel de Farnesio en el Palacio de la Granja de San Ildefonso.
 
"Santa Catalina" - Guido Reni
Colección del Rey Felipe V.
Procedente del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Destaca la celeste figura de Santa Catalina sobre un fondo negro, en clara comunicación con la divinidad, manifestada ésta en la luz hacia la que dirige su rostro.
Una clara muestra del claroscuro aprendido de Caravaggio.
 
"San Andrés adorando la cruz de su martirio"- Francesco Albani.
Colección del Monasterio de las Descalzas Reales.
Aun de pequeño tamaño, la obra transmite una gran monumentalidad.
 
"San Pablo" - Francesco Fracanzano.
Procedente del Real Convento de Santa Isabel.
 
"San Jerónimo en meditación" - Juan de Ribera.
Procedente del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Siempre es un placer disfrutar de las obras de unos de nuestros maestros de la pintura.
Admirable la forma en que Ribera se recrea en los signos de la vejez, que él sabe representar como nadie.
 
"San Jerónimo penitente" - José de Ribera.
Procedente del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Junto al Santo aparecen la calavera como símbolo de penitencia y los libros, en referencia a su gran actividad intelectual como Doctor de la Iglesia latina...Gran maestría en la elaboración del rostro.
 
"Salomé con la cabeza del Bautista" - Caravaggio.
Sobrecogedora obra, de la colección del rey Felipe IV, en la que se muestra un fuerte claroscuro, que potencia el dramatismo de la escena.
 
"San Francisco de Asís recibe los estigmas" - José de Ribera.
Mientras el Santo meditaba sobre la Pasión de Cristo, una aparición impuso en sus manos y pies las llagas padecidas en la crucifixión.
 
"San Francisco de Asís en la zarza"- José de Ribera.
Para huir de las tentaciones del demonio, San Francisco se lanza desnudo a una zarza con espinas que se convierten en rosas. Al mismo tiempo, un ángel se aparece y le indica que solicite al Papa una indulgencia para todos los que acudan a rezar a ese lugar en el día de la liberación de San Pedro.
Se trata de la indulgencia plenaria conocida como "Perdón de Asís".
 

"Cristo crucificado" - Bernini
Fue encargado por el rey Felipe IV a través del embajador español en Roma, para presidir el Panteón Real del Monasterio de El Escorial, siendo sustituido posteriormente por una obra de menor calidad.
Es la única obra de Bernini no sujeta a un conjunto monumental que ha llegado hasta nuestra época.
 
"Calvario" - Antonio Raggi, Alessandro Algardi.
Esta obra es una muestra de la escultura barroca romana.
 
"Asunción de María Magdalena" - Pietro Liberi.
Colección del rey Carlos IV procedente del Palacio Real de Riofrío.
La representación de la Santa remite más a su pasado que a la época de su arrepentimiento.
 
"San Benito y San José con ángeles" - Emilio Savonanzi.
Colección del rey Carlos IV.
San Benito se reconoce gracias al cuervo, al báculo y a la tiara.
 
 
 
"Tabernáculo" - Domenico Montini.
Impresionante pieza, realizada en bronce dorado, plata y diferentes mármoles.
Colección del rey Felipe IV.
 
"La vocación de San Andrés y San Pedro" - Federico Barocci.
Esta pintura fue un regalo del duque de Urbino al rey Felipe II .
Aun siendo de época anterior, esta obra está presente en la exposición por considerarse que sus líneas suponen una anticipación al barroco. Además, su rico colorido recuerda mucho el estilo de Tiziano, que era por entonces el pintor más admirado en la corte.
 
"Asunción de la Virgen" - Andrea Lilio.
Procedente de los Reales Alcázares de Sevilla.
Es otra de mis obras favoritas de todas las expuestas.
 
"Descanso en la huida a Egipto" - Andrea Vaccaro.
Colección del rey Carlos II.
La obra transmite serenidad y elegancia.
 
"Descendimiento" - Giovan Francesco Romanelli.
Procedente del Palacio Real de Aranjuez.
La escena aparece representada con mucha contención.
Llaman la atención los gestos de los personajes, y el gesto de la Virgen sin derramar lágrimas.
 
 
"San Pablo ermitaño" - Giovanni Battista Beinaschi.
Procedente del Real Convento de Capuchinos de El Pardo.
Destaca el gesto de sorpresa y de inquietud ante el ave que le trae el alimento.
 
"Martirio de San Andrés" - Giacinto Brandi y taller.
El autor fue uno de los más importantes pintores de Roma, lo cual se plasma en la maestría con que pinta la cabeza y el gesto del Santo.
 
"San Jenaro en gloria" - Andrea Malinconico.
Colección del rey Felipe V.
El Santo aparece sobrevolando Nápoles en un icono milagroso sostenido por ángeles.
 
"Los siete arcángeles" - Massimo Stanzione.
Procedente del Monasterio de las Descalzas Reales.
Además de San Miguel, San Gabriel y San Rafael, aparecen cuatro arcángeles más.
 
Parte superior: "La curación del paralítico" - Luca Giordano.
Parte inferior: "La expulsión de los mercaderes del Templo" - Luca Giordano.
Ambos incluidos en la colección del rey Carlos II y procedentes del Palacio Real de Riofrío.
 
"Conversión de Saulo" - Guido Reni.
Colección del rey Felipe IV.
Destaca el carácter contemplativo y solitario de su conversión.
En la parte superior puede apreciarse el asomo de la luz divina que transformará su vida.
 
 
FOTOS: María Luz