lunes, 8 de julio de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de julio

Yo os adoro, Sagrado Corazón de Jesús, templo santísimo del Eterno Padre, verdadera y del todo digna morada del Espíritu Santo, tesoro infinito de la divinidad; yo os saludo, manantial vivo y vivificante de eterna vida; origen y principio de toda virtud; yo os bendigo y alabo, oh riqueza incomprensible y ardiente fragua del divino amor. 

Vos sois en ese adorable Sacramento la fuente de toda consolación y dulcedumbre; el asilo y descanso en todas nuestras tribulaciones y angustias; la salud y sostén de los que en vos esperan; guía fiel y única felicidad de los que de veras os aman. Sed, pues, oh Corazón divino, de aquí en adelante el lugar de mi reposo, el refugio seguro contra el furor de mis enemigos. Halle en Vos mi perpetua morada; y si alguna vez, saliéndome de ella, me descarriare, llamadme al punto hacia Vos, disparando a mi pecho una flecha de ese fuego amorosísimo, para que, con el amable freno de tan dulce herida, nunca jamás vuelva a separarme de Vos.

Pero, ¡ay, cuántas veces me disteis amorosa acogida en ese vuestro amabilísimo Corazón, y yo desleal me salí de él, y huyendo lejos de vos, olvidé vuestras caricias, y correspondí a vuestras finezas con la más obstinada ingratitud! Así os lo confieso, dulce Jesús mío; mas vedme aquí que vuelvo a Vos, pesaroso y arrepentido de mi enorme infidelidad, protestando y confiando que he de vivir siempre en Vos; y que Vos seréis en adelante el único blanco de todos mis afectos y pensamientos, y vuestra voluntad la única norma de mis operaciones. ¿Me negaréis, Corazón amabilísimo, esta gracia? Yo la deseo ardientemente; y a Vos os es muy fácil otorgármela. No la merezco, es verdad; pero la merece y pide por mí vuestra Madre Santísima, y os la pide por su Corazón purísimo, tan unido y semejante al vuestro, por aquella espada de dolor de que fue atravesado en vuestra Pasión, por aquel ardiente fuego de amor ternísimo para con nosotros, que en él encendisteis.

"Áncora de Salvación"
por el R.P. José Mach
Edición de 1954

miércoles, 5 de junio de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de junio y Octava del Corpus.

¡Hasta qué exceso ha llevado vuestro amor, Corazón dulcísimo de mi amado Jesús!

No contento con estar en la Sagrada Eucaristía, aguardando
 a que vayamos a visitaros, para derramar sobre nosotros todas vuestras riquezas y hacernos felices, os dignáis salir en público a buscarnos; y trayéndonos a la memoria la caridad inefable con que nos amáis, nos invitáis amorosamente a que os acompañemos y cortejemos en estos solemnes días.

¡Cuál debería ser el júbilo de mi corazón, viéndoos colocado, como en trono de gloria, sobre nuestros altares, y llevado en triunfo por nuestras calles y plazas! Deseabais tener el consuelo de vernos a todos en nuestra presencia; y como hay tantos ingratos que no os visitan en los templos, salís ahora de esos vuestros palacios para tener siquiera el gusto de verlos y mirarlos con benignísimos ojos en las calles. ¿Y cómo podré yo corresponder a tanta bondad? ¡Que no sea yo dueño de todos los corazones, para mostrarnos mi gratitud con el entero sacrificio de todos ellos! ¡Que no pueda yo acompañaros en todas las partes en donde os halláis, y cortejaros con los más finos obsequios de fe, adoración y amor! ¡Oh! ¡Si lograse conducir ante vuestro acatamiento a todos los que no creen en vuestra real presencia, y hacer que, ilustrados con la luz de la fe, se convirtieran, y os reconocieran por el verdadero Hijo de Dios hecho hombre! ¡Ah! ¡Si yo pudiese con las más profundas humillaciones, con el dolor más agudo y penetrante, y aun a costa de mi mismo aniquilamiento, impedir, o por lo menos resarcir todas las injurias, irreverencias y ultrajes que os irrogan aquellos a quienes amáis con tanta ternura! Mas ya que esto no me es posible, ruégoos, oh espíritus celestiales, escogidos por dicha vuestra para obsequiar al Corazón de mi dulce Jesús, ruégoos que en mi nombre le acompañéis y cortejéis doquiera en ese adorable Sacramento. Sí; amadle, glorificadle, alabadle continuamente por mí; y en desagravio de tanta ingratitud, presentadle el amorosísimo Corazón de María, y los humildes y amantes corazones de tantos buenos hijos suyos, en quienes deliciosamente se complace.

Y vos, oh Corazón dulcísimo de mi amado Jesús, haced que se desprenda de ese volcán de fuego, que arde en vos, una viva centella de amor, que ablande y derrita el hielo de nuestros corazones insensibles, y los abrase en las llamas de la más pura caridad, y del más generoso agradecimiento para con un Corazón que desde toda la eternidad nos ama con tan desmedida terneza. Hacedlo, dulce Jesus mío: tiempo es ya de que reinéis en toda la redondez de la tierra; tiempo es ya de que se dilate vuestro reino, se aumente vuestra gloria, y de los corazones de todos los hombres se forme un solo corazón, que os conozca, honre y ame, como un solo corazón os honrarán y amarán los bienaventurados en el cielo, reinando por vos y con vos por siglos infinitos. Amén.


"Áncora de Salvación"
por el R.P. José Mach
Edición de 1954


jueves, 30 de mayo de 2019

Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

Hoy se cumplen exactamente cien años de un acto trascendental para nuestra nación: la Consagración de nuestra querida España al Sagrado Corazón de Jesús.  Tan significativo acto tuvo lugar el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península ibérica, donde se erigió el monumento en honor al Sagrado Corazón de Jesús, que fue construido gracias a las aportaciones económicas de miles de españoles.

En la columna que sustenta la imagen de Nuestro Señor aparecen las palabras:
"Reino en España", alusivas a la promesa que el Sagrado Corazón de Jesús realizó al Beato Bernardo de Hoyos, según la cual, reinaría en España con más veneración que en otras partes.

La estatua de Nuestro Señor fue una donación costeada individualmente por Don Juan Mariano de Goyeneche, Conde de Guaqui y Grande de España, embajador de Perú ante la Santa Sede. A través de este gesto tan generoso, quiso honrar al Sagrado Corazón de Jesús y, al mismo tiempo, manifestar la gratitud de Perú a la católica España que "nos civilizó con la fe de Cristo y con la moral del Evangelio".

A los pies del monumento aparecen dos grupos escultóricos.

El grupo escultórico de la izquierda representa a la Humanidad santificada reuniendo las imágenes de Santa Margarita María Alacoque, San Agustín, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, Santa Gertrudis, el Beato Bernardo de Hoyos y San Juan Evangelista.

El segundo grupo alude a la Humanidad que tiende a santificarse y plasma la forma de llegar al cielo mediante el arrepentimiento, la práctica de la humildad, del amor y de la caridad.


Relatan los historiadores que el Rey Alfonso XIII aceptó la petición de consagrar España al Sagrado Corazón de Jesús, sin ceder a las presiones que sufrió para que no lo hiciera. Fue el propio monarca quien, días después, confió al Padre Mateo Crawley-Boevey(*), que una delegación de la francmasonería le había propuesto la introducción de varias leyes anticatólicas en nuestro país, propuesta que fue fulminantemente rechazada por nuestro monarca. Este rechazo le supuso la pérdida del trono en 1931 y el inicio de un período revolucionario que tan graves consecuencias acarreó a nuestra nación. El monumento fue destruido por los revolucionarios en 1936, para ser reconstruido años después y seguir recibiendo la visita de miles de fieles devotos.


Vista del Cerro de los Ángeles, 30 de mayo de 1919.

Sus Majestades los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.


En aquella jornada del 30 de mayo de 1919, fue el nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, el encargado de bendecir el monumento, y Don Prudencio Melo, arzobispo de Madrid, quien presidió la Santa Misa. Tras la lectura del mensaje enviado para la ocasión por Su Santidad el Papa Benedicto XV, el nuncio impartió la bendición papal y se procedió a exponer solemnemente el Santísimo Sacramento. 











Fue este un momento de gran emoción en el que la multitud de fieles, junto a las autoridades religiosas, civiles y militares asistentes, se arrodillaron ante Nuestro Señor. En medio del respetuoso silencio, comenzó a escucharse la voz de nuestro monarca, Su Majestad el rey Alfonso XIII, quien de pie y en nombre del pueblo español procedió a la lectura solemne de la oración por medio de la cual, España quedaba consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. 




Recordemos las palabras pronunciadas por el rey Alfonso XIII, 
junto al altar del Monumento y ante Nuestro Señor:

"Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:
España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la religión y en su adhesión a la monarquía.
Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.
Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de Vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.  
Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.
Gracias, Señor, por habernos librado misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.
Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la pacífica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, más llevadero su trabajo.
Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de la patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas, sean siempre salvaguardia de la nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón adorable. Así sea". 




Fotos: Google

Fue, sin duda, una jornada histórica que los asistentes jamás podrían olvidar, y que cien años después, es celebrada por la Diócesis de Getafe, a la cual la Santa Sede ha concedido un Año Jubilar que comenzó el pasado 2 de diciembre y culminará el 24 de noviembre del presente año.

No desaprovechemos esta ocasión para profundizar en los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús, practicando devociones como los Nueve Primeros viernes de mes, consagrando nuestros hogares y nuestras familias a Su Sagrado Corazón. ¡Qué excelente ocasión para entronizar al Sagrado Corazón de Jesús en nuestros hogares y en nuestros corazones! Corren tiempos turbulentos en España y en la Iglesia, por ello, no olvidemos rezar por el Santo Padre, obispos y sacerdotes, así como por la conversión de nuestros gobernantes y por nuestra propia conversión.

Cien años desde aquel acontecimiento constituyen un período de tiempo inmenso para nosotros, sin embargo para Dios supone un breve instante en medio de la eternidad; un momento que junto a otros muchos a lo largo de los siglos nuestra nación ha protagonizado como defensora de la fe católica. En medio de la crisis moral que atravesamos, pidamos la protección de Su Sagrado Corazón, lleno de bondad y de misericordia, para que por intercesión del Inmaculado Corazón de María, nuestra nación deje de ser la España caótica de la actualidad y se transforme en la España católica que siempre glorificó a Dios a través de la defensa de la fe.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.


Foto: María Luz Gómez


(*) El Padre Mateo Crawley-Boevey (1875-1960), religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, es conocido como el apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús. A él se debe una de las más populares devociones al Sagrado Corazón de Jesús: la entronización de Su imagen en los hogares, como modo de recristianizar la sociedad. Viajó por todo el mundo inculcando esta práctica. Predicador incansable, realizó cinco giras por España, logrando la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en infinidad de familias y pueblos. Ello culminó con la construcción del monumento de El Cerro de los Ángeles y la solemne Consagración de España, realizada el 30 de mayo de 1919. Pronunció las conferencias del Triduo preparatorio a dicha entronización oficial. Como promotor de este acontecimiento tan significativo, días después, fue recibido por Su Majestad el Rey Alfonso XIII, que le agradeció su importantísima labor.

viernes, 10 de mayo de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de mayo y fiestas de la Virgen

Purísima Virgen María, Madre verdadera de Dios, Madre, Señora y Abogada mía amantísima: 
permitid que en este mes, singularmente dedicado a vuestro honor y culto, me consagre a vuestro Corazón amorosísimo, y os pida, con amor y confianza de hija, que me deis en él material acogida, para que en esa escuela aprenda una devoción sólida y constante al Corazón sagrado de vuestro dulcísimo Hijo.


¡Vos vivisteis en él con vuestros afectos y pensamientos los días todos de vuestra vida!

¡Tuvisteis tantas veces la dicha de allegarle tiernamente a vuestro Corazón con vuestros abrazos, para dar de este modo salida y refrigerio al incendio de vuestro amor!

¡Vos, al recibir a vuestro Hijo santísimo en la Sagrada Eucaristía, sentíais vuestro Corazón derretido y transformado en el suyo! Pues ¿qué no se podrá prometer este mi apocado corazón, si halla acogida en el vuestro? Allí aprenderá a ser manso y humilde, a orar con devoción y recogimiento, a sufrir con paciencia y aun con alegría las tribulaciones, cruces y trabajos de esta vida, a evitar hasta las culpas más leves, a practicar las virtudes más heroicas; de manera que, trocándose este mi corazón de tibio en fervoroso, y encendiéndose cada día más y más en el amoroso fuego en que arde el vuestro, no acierte a separarme ni alejarme de Vos; y así, con vuestro purísimo Corazón ame al de vuestro Santísimo Hijo. Abridme, pues, Madre y Señora mía, ese vuestro Corazón, abismo de amor y de clemencia; haced que prenda en mí ese fuego sagrado, y se avive en mi pecho de manera que llegue a consumirme y a quitarme la vida el puro amor al Corazón santísimo de mi amado Jesús. Amén.

"Áncora de Salvación"
por el R. P. José Mach.
Edición de 1954


martes, 30 de abril de 2019

Culto a la Divina Misericordia en Madrid

El sábado 27 de abril quedó inaugurado el culto a la Divina Misericordia en el centro de Madrid. Al medio día, el cardenal arzobispo de Madrid Don Carlos Osoro hizo su entrada en la madrileña iglesia de San Sebastián, situada en la calle Atocha 39, en medio de una cálida acogida por parte de todos los fieles presentes, que nos habíamos congregado para participar en la ceremonia de solemne bendición y entronización de la imagen de la Divina Misericordia.


El lienzo es una reproducción fiel del original pintado por Eugenio Kazimirowski, siguiendo las instrucciones dadas por Santa Faustina Kowalska, y que se venera en el santuario de la Divina Misericordia en Vilna (Lituania). La fiel reproducción que desde ahora tenemos en Madrid se debe al talento del Rvdo. Don Ricardo García González, vicario parroquial de San Sebastián, que junto al párroco Rvdo. Don Pedro Pablo Colino y otros sacerdotes concelebraron la Santa Misa presidida por Don Carlos Osoro. Al talento artístico de Don Ricardo se debe también el conocido cuadro de Santa Maravillas de Jesús que es venerado junto a la reliquia de la santa en tan conocido templo de Madrid, así como el mural del martirio de San Sebastián que se encuentra en el atrio.

Testimonio de Sor Mijaela Kas

Nuestra Señora de la Misericordia

Tras la homilía de Don Carlos Osoro, en la que expuso una reflexión sobre la Misericordia de Nuestro Señor y que todos estamos llamados a propagar, la celebración tuvo unos momentos muy intensos en la escucha del testimonio ofrecido por Sor Mijaela Kas, Superiora de la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso en Vilna (Lituania). Haciéndonos partícipes de su gran experiencia atendiendo a enfermos terminales de cáncer, compartió con nosotros un hecho lleno de significado, pues la imagen de Jesús que se venera en Vilna se encuentra situada junto a la Virgen de la Misericordia, de la misma manera que el lienzo bendecido en la solemne celebración del sábado se halla a partir de ahora junto a la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia. Celebrándose en el mismo día el quinto aniversario de la canonización de San Juan Pablo II, Pontífice que canonizó a Santa Faustina y estableció el segundo domingo de Pascua como "Domingo de la Misericordia Divina", Sor Mijaela nos invitó a contemplar el lienzo para descubrir el plan que Dios tiene para nosotros y a llevar una vida misericordiosa, siendo nosotros un fiel reflejo de Nuestro Señor dondequiera que vivamos. Sólo a través de la misericordia, el mundo encontrará paz y el hombre hallará la felicidad. Pidamos a Jesús Misericordioso que nos ayude a ser Su imagen en esta vida terrenal y, dentro de nuestra debilidad, depositemos nuestra confianza en su Divina Misericordia.

Esto fue precisamente lo que todos nos dispusimos a hacer tras escuchar su testimonio, momento en el cual Don Carlos Osoro procedió a la bendición y entronización del lienzo, y todos al unísono rezamos la coronilla invocando la Misericordia del Señor. 

¡Jesús, en Vos confío! 

De ahora en adelante, se podrá rezar ante la imagen, todos los días de 9:30 a 13:00 horas y de 18:00 a 20:30. Los viernes se dará especial culto a la Divina Misericordia con la exposición del Santísimo desde las 12:30 a 14:45 horas, momento en que se cantará la hora nona y se rezará la coronilla de la Divina Misericordia a las 15:00 horas.

Fotos: María Luz Gómez


martes, 23 de abril de 2019

¡Resurgid de las cenizas!

Un año más hemos vivido la Semana Santa acompañando a Nuestro Señor Jesucristo en su dolorosa Pasión y a Nuestra Señora en su dolor por su Divino Hijo muerto por nuestros pecados. Un dolor que, en cierto modo, vimos reflejado simbólicamente al contemplar las llamas que asolaron la Catedral de Notre-Dame de París en la tarde del Lunes Santo. A medida que transcurrían los minutos, podíamos contemplar con horror como más de ochocientos años de Historia y de fe ardían ante nuestros ojos.

 

 
 



Siempre que visito una Catedral vienen a mi mente las personas que participaron en su construcción sin buscar ningún tipo de notoriedad, cuyos nombres desconocemos, pero que trabajaron ofreciendo lo mejor de sí mismos para dar gloria a Dios a través de su esfuerzo y crearon esos maravillosos prodigios en piedra, demostrando aquello que el hombre es capaz de hacer cuando el Todopoderoso es el centro de su vida y guía sus acciones.

Dos tercios de la cubierta del edificio se desmoronaron, y a todos se nos partió el corazón cuando vimos derruirse la gran aguja central bajo las llamas. Ciertamente, no es la primera vez que la Catedral es testigo del horror. A lo largo de los siglos, Notre-Dame de París ha sido testigo de alegrías y tristezas de la nación francesa, de triunfos y desastres. Contempló el terror de que es capaz el hombre cuando se aleja de Dios. Fue testigo de la Revolución Francesa (1789-1799) y de la sangre derramada por las calles de la capital. Sobrevivió a la Comuna (1871), que desembocó en una semana sangrienta que dio como resultado miles de muertos y cientos de monumentos e iglesias destruidas. Todos estos procesos revolucionarios fueron protagonizados por una sociedad que, renegando de Dios, buscaba una falsa libertad. Pero aun así, llegando al siglo XXI, la Catedral de París ha resistido en pie, incluso en medio de esta época dominada por el relativismo y la indiferencia ante la barbarie asumida con normalidad y manifestada en un sinfín de barbaridades como el aborto, la eutanasia, el ataque a la familia... todo ello resultado de una profundísima crisis de valores de la sociedad occidental. Esta Catedral de Notre-Dame ardiendo en la tarde del Lunes Santo representa un grito contra tanto horror. Lo que ardió en esa tarde fue mucho más que un simple monumento o símbolo cultural como lo han calificado los medios de comunicación; se trata de un verdadero símbolo de la Cristiandad occidental, casa de Dios y templo bajo la titularidad de Nuestra Señora. ¿Cómo no sucumbir y no gritar ante una sociedad que vive anclada en lo terrenal, da la espalda a Dios y se muestra despreocupada de su propia salvación?


Resulta difícil creer en la teoría del incendio fortuito si se tienen en cuenta los numerosos ataques y profanaciones sufridos por cientos de iglesias francesas en los últimos meses. Pero más allá de cuál haya sido la verdadera causa del incendio, destacan hechos esperanzadores en medio de un paisaje tan desolador. Debemos brindar nuestro reconocimiento al trabajo heroico de los bomberos de la capital francesa que dieron lo mejor de sí para salvar su Catedral, y entre ellos, su capellán, el Padre Jean Marc Fournier que arriesgó su vida para salvar al Santísimo de entre las llamas. Emocionante resulta contemplar una imagen de la Santísima Virgen recuperada entre los escombros o saber que las significativas reliquias del Tesoro de la Catedral se encuentran a salvo, entre ellas, la Corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo, un fragmento de la Santa Cruz y uno de los clavos que perforó la carne de Nuestro Redentor. Es esperanzador ver a cientos de fieles congregados en los alrededores del templo, que contemplando las llamas, entonaban himnos y rezos a Nuestra Señora. Ciertamente, de entre las tinieblas, siempre surge una luz.



Y cuando finalmente las llamas fueron sofocadas y el humo fue extinguiéndose, pudimos ver imágenes llenas de esperanza. El altar y la gran cruz permanecen en pie, cubiertos de ceniza, pero intactos. A los pies de la Cruz, la imagen de la Piedad se ha salvado, en ella vemos a María llorando a Su Hijo pero firme en su dolor. Como también aparece intacta la imagen de Nuestra Señora de París en lo alto de su pilar. ¡Resulta maravilloso!  Nuestra Señora en pie, por encima de la desolación, parece decirnos: No tengáis miedo, el infierno no prevalecerá y, al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. 

Después del dolor de la Pasión de Nuestro Señor, llega la Resurrección. Sí, ¡es tiempo de resurgir de las cenizas y de la desolación! Ha ardido una Catedral pero sus daños no son irreparables. Estamos a tiempo de reaccionar recordando las palabras que el Cardenal Sarah pronunció en la Catedral de Chartres con ocasión de la Peregrinación anual de Pentecostés en 2018 y que bien pueden aplicarse a la catedral de París o a cualquier otra de las grandes catedrales europeas:
"Queridos peregrinos de Francia, ¡miren esta catedral! ¡Sus antepasados la construyeron para proclamar su fe! Todo, en su arquitectura, su escultura, sus vidrieras, proclama la alegría de ser salvo y amado por Dios. Sus antepasados no fueron perfectos, no carecieron de pecados, ¡pero querían dejar la luz de la fe iluminar su oscuridad! Hoy, tú también, Pueblo de Francia, ¡despierta, elige la luz, renuncia a la oscuridad!"
Francia, Europa entera, no sucumbáis ante el mal. Tened presente el espíritu de aquellos que dedicaron su vida a levantar vuestros magníficos templos. ¡Resurgid de las cenizas! ¡Resurgid de la ruina moral en que vivís! Pidamos a Nuestra Señora que conserve en nuestras almas el amor por Jesucristo y su Iglesia. Madre nuestra, convertidnos para que recuperemos la fe y las virtudes de nuestros ancestros, dando gloria a Dios con nuestras vidas.


 ¡Feliz Pascua de Resurrección!


Procesión del Cristo de Becerra en las Descalzas Reales

Por segunda vez, he tenido la fortuna de vivir un Viernes Santo en el madrileño monasterio de las Descalzas Reales, acompañando a los Heraldos del Evangelio y siendo testigo de la tradicional procesión del Cristo de Becerra que recorre el claustro bajo del monasterio. Los lectores de mi blog saben que la primera vez que la presencié, dos años atrás, la experiencia dejó honda huella en mi alma y así lo plasmé en mi artículo de entonces.

En esta ocasión, para quienes no conozcan todavía esta solemne procesión, les cuento más detalles de la misma en este nuevo artículo, con el deseo de que ello les anime a asistir el próximo año.



 


Fotos: María Luz Gómez

domingo, 21 de abril de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de abril y tiempo pascual

 ¡Oh Religión santa, qué consoladores misterios nos presentas en estos días!

Tú que me enseñas que, si logro salvarme, vendrá tiempo en que, volviéndose a unir mi alma con este mismo cuerpo mío, no ya corruptible y asqueroso como es ahora, sino incorruptible y bellísimo, resucitaré a mejor vida, y veré con estos mismos ojos a mi Redentor, a mi Amado Jesús resucitado, que riena ya triunfante en los cielos. Tú me dices que veré sus amorosas llagas, y aquel Corazón y rostro amabilísimos que llenan los cielos de júbilo, y se me encubren ahora debajo de las especies de pan y vino. ¡Oh, cuándo vendrá el dichoso día, en que podré recibir en mi pecho las llamaradas de aquel incendio sagrado! ¡Cuándo será que, uniéndose corazón con Corazón, se encienda en el mío un fuego tan dulce y vehemente, que lo deje embriagado y como derretido de puro gozo! ¡Oh, llegue cuanto antes tan venturoso día!...¡Ay de mí, que yo lo retardo con mis infidelidades, y puedo aún por mi culpa perder tan inefable felicidad! Esto es, Jesús mío, lo que en medio de mis esperanzas me llena de amargura y desconsuelo.

Por tanto, acordaos de mí en la presencia de vuestro Padre celestial: mostradle ese dulcísimo Corazón, que obró la eterna salud de mi alma. Esconde en él este mezquino corazón mío, que amasteis desde toda la eternida, y a quien tanto amáis aún, a pesar de mi indignidad e ingratitud. Esto solo bastará para que cesen mis angustias y se apacigüen mis temores. Avivad mi fe y alentad mi esperanza, haciendo que viva yo enteramente desasido de todas las cosas de este mundo.

Concededme que, así como vuestra Madre Santísima, después de vuestra Ascensión, ardía en deseos de contemplaros, y de sumirse y abismarse en el piélago de dulzuras de vuestro Corazón adorable, así yo, a ejemplo suyo, desee únicamente vivir para Vos solo, y unir a vuestro Corazón amorosísimo este mi corazón tan frío y tan ingrato a vuestras finezas y ternuras. Amén.


"Áncora de Salvación"
por el R.P. José Mach
Edición de 1954

jueves, 28 de febrero de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de marzo y tiempo de Cuaresma

Llagas sacratísimas, Sangre preciosa, Cruz adorable:

¡Oh, cuán vivamente me representáis en estos días aquel abismo de padecimientos y de amor, aquel Corazón divino de mi dulce Jesús, que despierta en mí afectos de la compasión más tierna y una contrición amarguísima de todas mis iniquidades!

¡Quién podrá, Jesús mío, explicar con palabras, o llegar siquiera a concebir el incendio de amor en que se abrasaba vuestro Corazón sagrado, cuando, a fin de que yo me salvase, os hizo sujetar vuestras purísimas carnes a tantos y tan crueles azotes; entregar vuestra sagrada cabeza, para que fuese taladrada con agudísimas espinas; dar vuestros pies y manos, para ser horadados con duros clavos; y estar tres horas pendiente en la cruz, padeciendo los más horribles dolores y la más cruel agonía! ¡Y no satisfecho aún vuestro amor con tantos tormentos, ignominias y dolores, quisisteis que os abriesen el Corazón con una lanza, y os complacéis aún en renovar cada día en innumerables lugares la memoria de pasión tan acerba en el sacrificio incruento de la Misa!

¡Oh, quién  me diese que se trocaran mis ojos en fuentes de lágrimas para llorar mi ingratitud a tan inefables beneficios! Por lo menos vos, oh María, madre afligidísima, que tanto padecisteis en la pasión y muerte de vuestro amantísimo Hijo, abogad por mí ante el divino acatamiento, encended en mi frío corazón el fuego purísimo de vuestra caridad, y alcanzadme una perfecta mortificación de mis sentidos y pasiones desordenadas, y un grande amor a la cruz. Decid a vuestro santísimo Hijo que estoy resuelto a acompañarle en sus trabajos, y que, a vista de tantos excesos de amor, me cubro de vergüenza, pues ni siquiera le amo con todas las fuerzas de mi menguado corazón. A lo menos haced que nunca retracte yo esta mi voluntad de amarle; meted, os ruego, dulcísima Madre mía, este mi corazón en el vuestro y en el suyo, para que, inflamado con un ardiente deseo de padecer y de amar, no viva ya en mí, sino en vos, y en el amabilísimo Corazón de vuestro Hijo Jesús. Amén.

"Áncora de Salvación"
por el R.P. José Mach
Edición de 1954

lunes, 18 de febrero de 2019

Oración de una pobre mendiga a Jesús

Oh Jesús, dadme, os ruego,
el pan de la humildad,
el pan de la obediencia,
el pan de la caridad,
el pan de la fortaleza para romper mi voluntad
y fundirla con la vuestra,
el pan de la mortificación interior,
el pan del desapego de las criaturas,
el pan de la paciencia para soportar
las penas que mi corazón sufre.

Oh Jesús,
Vos me queréis crucificada, fiat.
Dadme el pan de la fuerza para sufrir bien,
el pan de no ver más que a Vos en todo y siempre.

Jesús, María y la Cruz, no quiero otros amigos más que estos.
 (Santa Bernadette Soubirous)


 
Santa Bernadette, interceded por nosotros.
Foto: María Luz Gómez