martes, 13 de diciembre de 2016

ORACIÓN A SANTA LUCÍA


Santa Lucía.
Iglesia de San Pedro el Viejo.
Foto: María Luz
 

Gloriosa Virgen y Mártir, Santa Lucía,
a ti, que llevas el nombre de la luz,
recurro para que por tu intercesión
la luz de Cristo ilumine siempre mi alma,
aumente mi fe y fortalezca mi espíritu cristiano.
 
Imploro tu protección,
rogando te dignes benignamente escucharme,
obteniendo del Señor
la gracia de conservar sano mi sentido de la vista;
asimismo, te pido me permitas utilizarlo
de la forma que más halague al Señor,
para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.
Amén.

domingo, 11 de diciembre de 2016

EL MISTERIO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

El sábado día 10 de diciembre, a dos días de la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, en pleno transcurso de los días guadalupanos, tuve ocasión de asistir a una interesante conferencia impartida por la Dra. Doña Mercedes Moya Valdés, médico e investigadora clínica, sobre los misterios que se esconden en la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe, bajo el título "Los ojos de la Virgen de Guadalupe: ciencia y misterio".
 
 
Para ello, nada  mejor que repasar los acontecimientos que tuvieron lugar desde el día 9 de diciembre hasta el día 12 del mismo mes del año 1531, en Méjico, la Nueva España, en lo que eran los primeros tiempos de la evangelización, en un ambiente difícil para los misioneros, pues las creencias de los lugareños en diversos dioses iban acompañadas de prácticas sanguinarias como los sacrificios humanos y el canibalismo.
 
En la mañana del día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego, azteca de 57 años de edad, campesino y  viudo, se dirigía a Misa como todos los días desde que, pocos años antes había entrado a formar parte de la comunidad cristiana a través del sacramento del bautismo. A su paso junto al cerrito de Tepeyac, oyó el canto de los pájaros, llamando su atención por la intensidad de su gorjeo. Él se preguntó: "¿Soy digno de lo que oigo? ¿Acaso estoy en el cielo?" para, acto seguido escuchar una voz que le llamaba por su nombre: "¡Juanito, Juan Dieguito!". Se dirigió a lo alto del cerrito de donde provenía esa linda voz y contempló la visión maravillosa de una jovencísima mujer, bellísima, que se presentó a él con estas palabras:
 
-"Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿adónde vas?
 
-Juan Diego, respondió: "Señora y Niña mía, voy a aprender las cosas divinas que nos enseñan los sacerdotes, delegados de Nuestro Señor".
 
-"Debes saber tú, el más pequeños de mis hijos, que soy la Madre del verdadero Dios para quien se vive, del Creador de los hombres, Patrón de todo lo que nos rodea, Señor del Cielo y de la Tierra. Tendrás mucho mérito y una gran recompensa por el trabajo y el esfuerzo con el que harás lo que te encomiendo". En sus palabras pidió que acudiese ante el obispo de Méjico, Juan de Zumárraga, para que le fuese construida allí "mi casita sagrada, pues yo soy vuestra tierna y amorosa Madre".
 
 
 
En cuanto la visión de la bellísima señora desapareció, Juan Diego fue inmediatamente a presentarse ante el Obispo Zumárraga, que no dio crédito a su  relato, ante lo cual, Juan Diego, regresó a su casa con desánimo. Fue en la noche del mismo día, cuando el vidente regresó a Tepeyac, donde tuvo lugar la segunda aparición de la celestial dama, pidiéndole él que escogiera Ella a otra persona de mayor condición social para que su testimonio fuese creído por el obispo, ante lo cual la Virgen se reafirmó en su deseo: "Escucha, mi pequeño hijo, debes saber que no son pocos mi aliento y mi palabra para que cumplan mi voluntad. Sin embargo, es necesario que tú personalmente vayas a ver al obispo y que tu intercesión se realice y se cumpla mi voluntad".
 
Por ello, al día siguiente (10 de diciembre), Juan Diego regresa ante el obispo quien, viendo el convencimiento del vidente, le pide que le aporte una prueba sobre la visión que dice haber experimentado. Ordenando a sus sirvientes que le siguieran, llegados a la colina de Tepeyac, perdieron el rastro de Juan Diego. La bella señora le pidió que volviese al día siguiente para recibir la prueba solicitada por el obispo.
 
Pero el día siguiente, el vidente no pudo acudir a la cita porque su tío Juan Bernardino se encontraba enfermo. Será un día después, 12 de diciembre, cuando Juan Diego, buscando a un sacerdote para asistir en su últimos momentos a su tío moribundo, da un rodeo para no acercarse a Tepeyac y evitar encontrarse con la dama celestial, pero Nuestra Señora salió a su encuentro. Juan Diego le pidió perdón por no acudir a la cita, ante lo cual, la Virgen le respondió: "Mi hijo querido, no te turbes con ningún remordimiento. No temas, ¿no estoy yo aquí, tu Madre, tu fuente de vida? ¿No estás bajo mi protección? ¿Qué más te falta? Que no te aflija la enfermedad de tu tío porque no morirá, está seguro de que ya sanó". Entonces le pidió al vidente que subiese a la cima de Tepeyac y recogiese flores, que en realidad eran rosas de Castilla, flores desconocidas en el lugar por la condición del terreno y porque era el mes de diciembre, las cuales llenaron de asombro a Juan Diego. El vidente las recogió y las transportó en el interior de su manta, volviendo ante la Virgen, que le ordenó acudir ante la presencia del obispo y mostrarle sólo a él lo que llevaba en su manto.
 
Fray Juan de Zumárraga
 
 
 
Llegado ante el obispo, Juan Diego desplegó la manta. Tanto él como los demás presentes pudieron contemplar las preciosas rosas y la maravillosa imagen de la Virgen que había quedado impresa en el manto. Ante tan increíble prodigio, todos se arrodillaron ante la imagen de Nuestra Señora y creyeron en el instante. Mientras esto sucedía, la Virgen se apareció a Juan Bernardino, tío del vidente, que quedó curado al instante, comunicándole Nuestra Señora a él su deseo de que la invocasen como Virgen Santa María de Guadalupe, nombre del santuario español situado en Extremadura.
 
San Juan Diego
 
Tras esos sucesos maravillosos, Juan Diego abandonó su casa y vivió en una modesta habitación situada junto a la capilla mandada construir para venerar a Nuestra Señora. Allí vivió humildemente, entre el trabajo y la penitencia, alcanzando fama de santidad ya en vida. Murió en 1548, a la edad de 74 años. Fue proclamado beato y posteriormente canonizado por el Papa Juan Pablo II, que en su homilía con motivo de la canonización pidió "Amado Juan Diego, enséñanos el camino que conduce a la Virgen morena de Tepeyac, para que Ella nos acoja en lo íntimo de Su corazón, ya que Ella es la Madre amorosa y compasiva que nos conduce hasta el verdadero Dios".
 
La milagrosa aparición de Nuestra Señora en Tepeyac hizo nacer una gran devocion, siendo considerada por el Papa y por la monarquía española como patrona de la Nueva España, y constituyendo el factor decisivo para la evangelización de todo el continente americano
 
Hoy en día, la imagen que aparece impresa sobre el humilde manto de fibras de agave, puede venerarse en la basílica construida en la colina de Tepeyac, donde tuvieron lugar las milagrosas apariciones.
 
 
 
Dicho manto expuesto a la veneración, denominado tilma, se ha mostrado resistente al paso de los siglos, teniendo en cuenta que los primeros 116 años transcurrieron sin ningún tipo de protección, resistiendo al polvo, al humo, y sigue mostrándose intacta tras sufrir varios atentados.
 
Todo ello ha hecho que la venerada tilma haya despertado el interés de científicos e investigadores, que no han dudado en someterla a diversas pruebas y análisis en busca de una explicación a todos los secretos que encierra. Entre ellos, Richard Kuhn, premio Nobel de química en 1938, la calificó como inexplicable, no encontrando en ella ningún rastro de pintura o colorantes.
 
El rostro de la Virgen muestra una armonía perfecta, y en él se recoge la expresión de todas las virtudes. Es un rostro lleno de encanto.
 
 
 
 
Figuras humanas en  los ojos de la Virgen.
 
 
Es en 1929, cuando el fotógrafo Alfonso Marcué, examinando los ojos de la Virgen en fotografía, descubre una figura humana en uno de sus ojos. En 1951, José Carlos Salinas también la fotografía obteniendo el mismo resultado, descubriendo además otras figuras humanas en ambos ojos. Intrigado ante este hecho, solicita la investigación de diversos oftalmólogos que comprueban que dicha figura humana aparece repetida tres veces cumpliendo las leyes de la óptica: distorsión, colocación, tamaño, iluminación. No sólo eso, constatan la presencia de más figuras humanas y la impresión real de ojos vivos, lo cual nunca ha podido ser apreciado en pintura alguna. Para profundizar más en este asunto, el Dr. Tonsmann realizó diversos estudios en los años 80 y 90, digitalizando la imagen e identificando un total de 13 figuras humanas en ambos ojos de la Virgen:
  • Un indígena
  • El obispo Zumárraga
  • Juan González, traductor del obispo.
  • El vidente Juan Diego.
  • La sirvienta del obispo.
  • Un hombre con barba.
  • Una familia compuesta de hombre, mujer con niño a la espalda y dos niños. Tras ellos, una pareja de mayor edad.
Tonsmann siempre se declaró católico antes que científico, reconociendo que, a lo largo de su carrera había comprobado que había muchas cuestiones imposibles de ser explicadas.
 
Evidentemente, estos hechos sólo han podido ser constatados en nuestro siglo, lo que representa una intención de ofrecer un mensaje a la sociedad actual, todo un alegato en favor de la familia en esta época en que está siendo tan atacada.
 
Por otra parte, diversos estudios realizados por la NASA ofrecen un resultado en el que se aprecia un fortísimo resplandor en torno a la imagen de la Virgen, y la constatación de su embarazo. Por su parte, el Observatorio Laplace de Ciudad de Méjico comprobó la presencia de 46 estrellas dispuestas en el manto de la Virgen que corresponden exactamente a la posición de las constelaciones en el solsticio de invierno de 1531.
 
Todas las investigaciones y los maravillosos sucesos que acontecieron en  las milagrosas apariciones de la Santísima Virgen nos conducen a la conclusión de que el manto de Juan Diego puede considerarse un espejo en el que quedó plasmada la imagen de la Virgen y todo aquello que Ella tenía ante sus ojos. Fijémonos en ellos y en la encantadora expresión de Nuestra Señora, e imitemos Sus virtudes, pues, si nos consideramos sus devotos, debemos tratar de imitarla en todo, teniéndola presente en cada momento de nuestras vidas.
 
Y tal como nos dijo Don Francisco, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Paz, donde tuvo lugar la interesante conferencia: "No olvidemos que, cada vez que cruzamos la puerta de la Iglesia, entramos en la casa de Nuestra Madre. Nuestra tarea es estar con Ella, y a través de Ella, llevar a Cristo a todos los lugares. Vivamos, pues, este Adviento de una forma especial, pues la Virgen está siempre aquí con nosotros".
 
 
IMÁGENES: Google

jueves, 8 de diciembre de 2016

ORACIÓN A LA INMACULADA CONCEPCIÓN


Imagen de la Inmaculada Concepción. 
 Iglesia de Nuestra Señora de Covadonga.
Foto: María Luz
 
 
¡Virgen Santísima, que agradaste al Señor, y fuiste Su Madre,
inmaculada en el cuerpo, en el alma, en la fe y en el amor!
Por piedad, vuelve benigna los ojos a los fieles que imploran tu poderoso patrocinio.
La maligna serpiente, contra quien fue lanzada la primera maldición,
sigue combatiendo con furor y tentando a los miserables hijos de Eva.
¡Ea, bendita Madre, nuestra Reina y Abogada,
que desde el primer instante de tu concepción quebrantaste la cabeza del enemigo!
Acoge las súplicas de los que, unidos a Ti en un solo corazón,
te pedimos las presentes ante el trono del Altísimo
para que no caigamos nunca en las emboscadas que se nos preparan;
para que todos lleguemos al puerto de la salvación, y, entre tantos peligros,
la Iglesia y la sociedad canten de nuevo el himno del rescate,
 de la victoria y de la paz.
Amén.
 

martes, 6 de diciembre de 2016

HIMNO A SAN NICOLAS DE BARI


 
Desde ese mar proceloso, oh Padre San Nicolás,
conduce al puerto seguro, desde la patria celestial.
 
De las luchas de la vida y mortales tempestades,
sálvanos por tu favor y virtudes singulares.
 
Siempre acudes en socorro de cuantos tu auxilio imploran,
enfermos y navegantes, pobres o ricos te invocan.
 
Por tu santidad eximia e intercesión poderosa,
haz que elegidos seamos a la eternidad dichosa.
 
A los fieles que devotos, vuestro culto propagamos,
haznos merecer la gloria, amando a nuestros hermanos.
Amén.
 
ORACIÓN:
 
Imploramos, Señor, suplicantes, Tu misericordia,
y por intercesión de San Nicolás Obispo,
guárdanos de todos los peligros,
para que se nos muestre expedito
el camino de salvación.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.

sábado, 3 de diciembre de 2016

SANTA HILDEGARDA DE BINGEN

A finales del año 2015 prometí que no concluiría el 2016 sin leer sobre una santa que atrajo mi atención escuchando una de sus muchas composiciones musicales, concretamente su "Ave María", mi favorita entre todas ellas. Me preguntaba quién sería Santa Hildegarda de Bingen, y  prometí que me acercaría a ella a través de la lectura, pues las diversas facetas que fui conociendo me descubrieron una personalidad fascinante en todos sus aspectos, siendo una de las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media, canonizada y proclamada Doctora de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI.
 
"Santa Hildegarda de Bingen"
Autora: Ana Mucharaz - Ediciones Palabra
Foto: María Luz
 
Hildegarda nació en 1098 en Bermersheim (Alemania), hija de Hildeberto de Bermersheim, caballero al servicio del conde de Sponheim, y de Matilde de Merxheim, siendo la menor de los diez hijos del matrimonio. La recién nacida era poco robusta, razón por la cual, su padre, empeñado en contrariar al destino y sabiendo que podía enfrentarse al mismo con la ayuda divina, decidió imponerle el nombre de Hildegarda, la guerrera, la morada del combate. Momento en el cual, decidió también que esa niña sería el regalo que ofrecería a Dios por sus bendiciones. Aunque, en realidad "no era él quien se la ofreció a Dios, sino que era el Señor quien la había elegido desde siempre".
 
Esa niña delgada, de grandes ojos que miraban y lo penetraban todo, y de delicada salud, destacaba sobre los demás desde su fragilidad y quietud. No había duda, era un ser especial, pues desde su más tierna infancia tenía visiones y premoniciones.
 
En 1106, a la edad de ocho años, sus padres la entregaron al Monasterio benedictino de Disibodenberg. La pequeña no dudó un instante, entró decidida, avanzó con modestia y vio a Judith, conocida como Jutta, y noble como ella, quien se encargó de la instrucción de la pequeña desde el primer instante.
 
Hildegarda siempre sintió gran veneración por su maestra, que no sólo la instruyó en las materias propias de la vida monacal, sino que también fue su consejera, y contribuyó a afianzar la seguridad en esa  niña que consideraba que sus visiones eran algo normal, cuando en realidad, la diferenciaba de todos los demás..."Son caminos que desconocemos, pero, cuando se abren ante nosotros, hemos de seguirlos...Confía siempre en Él, aunque no confíes en ti misma".
 
Y así, en el transcurso de los años, Hildegarda aprendió las diversas materias bajo la instrucción de Jutta, destacando su gusto y capacidad para la música y la composición. Por lo demás, no resaltaba en  nada, era enfermiza, le costaba aprender, no destacaba en escritura pues se enredaba con las palabras. Solía buscar la soledad y para ello, se refugiaba en el huerto, donde descubrió el trato con las plantas, aprendiendo sus propiedades, gustos y aromas. Las examinaba, las mezclaba y componía con ellas diversas pócimas curativas con la misma destreza que mostraba para los acordes musicales. Pero por encima de todo, destacaba por un halo especial que la envolvía y emanaba de ella.
 
La muerte de Jutta privó a Hildegarda de su maestra y en cierto modo, de la madre que había sido para ella. Y a partir de ese momento, fue encomendada al monje Volmario, por quien Hildegarda sentía cariño y simpatía. Era su confesor, conocía perfectamente su alma y sus visiones, y así fue como ese monje de gran humildad se convirtió en la persona de su mayor confianza.
 
El fallecimiento de Jutta trajo consigo otro cambio en la vida de Hildegarda, pues a pesar de su joven edad, fue escogida para ser la Superiora del eremitorio femenino, cuyo prestigio se había extendido más allá de la comarca, razón por la cual, allí acudían hijas de nobles entregadas en oblación al Señor. La fama de Hildegarda se centraba especialmente en su capacidad para sanar los males del cuerpo a través de las plantas, y los males del corazón humano junto a sus preocupaciones. Todos sabían que Hildegarda tenía un don especial.
 
A los 43 años de edad, recibe la orden divina de anunciar, proclamar y escribir sus visiones, tras obtener un entendimiento fulgurante que le hizo comprender en un instante el sentido de las Escrituras, de los Salmos, de los Evangelios y de todos los libros de ambos Testamentos. Hildegarda se sentía tan temorosa, débil, incapaz para acometer esa misión, que enfermó, cayendo en un periodo de fiebres y delirios, que sólo finalizaron cuando ella modificó su actitud y fue consciente de sus dos grandes errores: "Ser yo antes que Él, y, sobre todo, no confiar". Enfermó por resistirse a la orden divina y sólo se recuperó cuando aceptó la voluntad del Todopoderoso, comenzando a escribir su primera obra "Scivias. Conoce los caminos", para lo cual contó con la inestimable ayuda del monje Volmario y de su discípula Ricardis de Stade, y con el apoyo prestado por carta de San Bernardo de Claraval, a quien no dudaba en exponer sus dudas y reticencias. Esta primera obra escrita recoge la historia de la salvación del hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza, pero que cayó por ambición, descomponiendo con su desobediencia el mundo que se le había dado, desordenando la armonía, desatando la calamidad...Dios, sabedor de que Su criatura no podía crecer por sí sola, envió a Su Hijo, para hacerse hombre. Presentado el escrito al Papa Eugenio III, fue consciente de que la mano de Dios estaba actuando, dando su visto bueno y animando a Hildegarda a seguir escribiendo. A esa obra le seguirían otras muchas, incluida "Physica", obra en la que plasmó sus conocimientos sobre medicina y curación a través de las plantas, piedras, animales y metales.
 
No sólo escribió sus visiones sino que también las pintaba, representándolas tal como las percibía.
 
El Universo en forma de huevo, rodeado de fuego, y un éter purísimo, y un aire acuoso, de añil plagado de estrellas...humedad que se convierte en aguas violentas y después en sosegada lluvia...torbellinos que envuelven un globo de arena del color de la tierra...el negro de las tinieblas a Occidente, la luz amarilleada a Oriente.
 
Una vez recibido el visto bueno del Pontífice para dedicarse a la escritura, su fama se extendió más allá de lo imaginable. Sin descuidar sus obligaciones, atendía a todos aquellos que buscaban sus consejos, y a los enfermos que acudían a ella en busca de cura. Contestaba la ingente correspondencia que recibía de monjes, abades, abadesas, obispos, reyes, reinas, nobles y emperadores, gran parte de ellos, personajes destacados de su época, a los que no dudaba en aconsejar pero también en alabar o reprender cuando era necesario. A ello hay que sumar su labor de predicación, condenando la herejía cátara y denunciando la corrupción eclesiástica.
 
Emperador Federico I de Hohenstaufen (Barbarroja), protagonizó un reinado convulso debido, entre otras causas, al enfrentamiento con la Iglesia de Roma, provocando un cisma al no aceptar al Papa Alejandro III. Legó a proclamar hasta tres anti papas, por lo que fue excomulgado.
Mantuvo correspondencia con Hildegarda de Bingen, quien se opuso a su actitud con la Iglesia.
"Escucha, oh rey, y cuídate de que otro rey más poderoso y excelso que tú no te tire al suelo a causa de la ceguera de tus ojos, que no ven bien cómo has de empuñar el cetro para reinar en justicia".
 
Si importante fue su obra escrita, también lo fueron, sin duda, sus numerosas composiciones musicales, pues la música le brotaba de las entrañas. De la siguiente forma expresó lo que la música significaba para ella: "El cántico dulcifica los corazones de piedra, les infunde el arrepentimiento y llama al Espíritu Santo...La palabra representa el cuerpo, y el cántico manifiesta el espíritu".
 
Tras experimentar una nueva visión, obedece la voluntad divina y abandona el monasterio de Disibodenberg para fundar otro en la colina de San Ruperto (Rupertsberg), en las cercanías de Bingen. Para ello, tuvo que hacer frente a la oposición de los monjes y del Abad Kuno, obstáculo que pudo superar gracias a la ayuda de la margravina Ricardis de Stade, madre de la que fue su discípula, y del arzobispo  Enrique de Maguncia. Esta ayuda fue decisiva para que el conde Bernardo de Hildesheim le permitiera instalarse en sus tierras, levantando allí el nuevo monasterio. Tiempo después, fundaría un segundo monasterio, el de Eibingen, en Rüdesheim.
 
Santa Hildegarda y su comunidad de monjas.
 
Hildegarda pasó a la eternidad a la edad de 81 años, y cuentan que, cuando expiró, pudieron verse en el cielo fenómenos luminosos de un resplandor cegador, en los que se dibujó una cruz, todo ello mostrando los colores que adornan la tierra. Así quedó grabado el momento de su partida en el recuerdo de los que vivieron junto a aquella que se autodefinió como la pequeña pluma que el viento sostiene, Su instrumento.
 
Relicario que contiene las reliquias de Santa Hildegarda en la iglesia de Eibingen.
 
 
Santa Hildegarda es un personaje fascinante, y bien merece profundizar en su vida y en su obra. Espero y deseo tener oportunidad de ello en el futuro. Todos aquellos que no lo hayan hecho todavía, pueden comenzar a hacerlo a través de la web  www.hildegardiana.es  y viendo la película sobre su vida, titulada "Visión".
 
  

miércoles, 30 de noviembre de 2016

ORACIÓN PARA REZAR EN EL DÍA DE NUESTRO CUMPLEAÑOS


 
(Renovación de las promesas hechas en el Santo Bautismo)
 
¡Oh Dios mío! Os doy infinitas gracias por haberme criado a vuestra imagen y semejanza; por haberme reengendrado con el Santo Bautismo; por haberme dado con él vuestra gracia, los dones y virtudes del Espíritu Santo; y por haberme hecho hija de vuestra iglesia.
 
En aquel día, para mí tan venturoso, no sólo renuncié a Satanás por boca de mi padrino, y a todas sus obras, pompas y vanidades, sino que también hice profesión de creer en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; de creer en la Iglesia Católica, la comunión de los santos, y todas las demás verdades por Vos reveladas; y que, en fin, resolvía vivir y morir en esta creencia, y en la observancia de vuestros santos mandamientos.
 
Pero, ¡ay de mí! Dios mío, ¡y cuán mal he cumplido tan santas y solemnes promesas! He dado oídos a las sugestiones del demonio; he militado bajo las banderas de Satanás; he ido en pos de las pompas del diablo, arrastrada de los placeres y vanidades del mundo; he preferido los honores, riquezas y demás objetos terrenos a los bienes espirituales y eternos que Vos prometéis a vuestros hijos. Debiéndoos amar sobre todas las cosas, os he pospuesto a las más viles, y por ellas os he despreciado, pecando. Debiendo vivir para Vos únicamente, y consagraros todos mis pensamientos, palabras y obras, he vivido únicamente para mí, y todas las he dirigido a la satisfacción de mis antojos. ¡Ay de mí, he infringido vuestras santas leyes, las de la Iglesia y las de mi estado! Pero, Señor, renuncio de nuevo a todo lo que no sea Vos...desde hoy detesto y abomino todas mis iniquidades; os pido humildemente perdón de todas ellas; y espero que por los méritos de vuestro querido Hijo me las perdonaréis.
 
Dignaos, Dios mío, aceptar la renovación que hago en este día de las promesas que, delante de toda la Iglesia, hice en el día de mi bautismo, las cuales intento cumplir con toda exactitud y fidelidad: y, al efecto, ahora que tengo mayores conocimientos, digo que renuncio a Satanás, y a todas sus pompas y a todas sus obras. Jamás prestaré oídos al demonio, ni a cosa alguna que con él tenga relación. Pondré cuidado en no dejarme llevar por la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza y mentira, y daré de mano a cuanto sea pecado; porque sé que el pecado es obra de Satanás.
 
Pondré cuidado en arrancar de mi corazón el amor a las riquezas, honras, pompas y placeres del mundo; porque sé que todo ello no es otra cosa que un lazo con que el demonio, mi enemigo, intenta prender mi alma. Procuraré meditar sobre lo vanos y deleznables que son los bienes de este mundo; para que mi corazón esté siempre libre de todo afecto terreno, y sólo ame a Vos, que sois mi centro, mi infinito y eterno bien.
 
¡Sí, Señor! sí; quiero vivir y morir en la fe, esperanza y caridad; y en la obediencia y fidelidad que os he prometido. Creo cuanto cree la santa Iglesia católica, apostólica y romana; y repruebo cuanto ella reprueba.
 
Nunca volveré a poner mi esperanza en las riquezas, honores, hermosura, juventud, ni en otra cosa alguna criada sino en Vos, ¡oh Dios mío! En Vos coloco toda mi felicidad; sólo Vos sois el objeto de mi nueva esperanza. Los días que me restan de vida los emplearé en amaros y serviros con toda fidelidad y amor.
 
Quiero amaros, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas: desde hoy os consagro todos mis pensamientos, deseos, palabras y acciones; mi cuerpo, mi alma, mis bienes; cuanto poseo y pueda poseer; y estoy resuelta a no usar de cuanto está en mi poder, sino para vuestra mayor honra y gloria, y conforme a vuestra santísima voluntad.
 
Os amo, Dios mío, y os amaré siempre más y más con todo el afecto de mi corazón; sin que deje jamás de amaros...Ni la vida, ni la muerte, ni la esperanza del bien, ni el temor del mal, ni mis amigos, ni mis enemigos, ni cosa alguna criada podrán hacerme faltar a la palabra de fidelidad que acabo de daros; la que renuevo ahora a la faz de los cielos y de la tierra, a quienes pongo por testigos. Con entera sumisión me sujeto a vuestros preceptos, igualmente que a los de todos mis superiores.
 
Tal es, Señor, mi nueva resolución y voluntad, en la que deseo vivir y morir; y siendo Vos el autor de ella, espero que me auxiliaréis con vuestra gracia para llevarla a cabo, pues bien sabéis que sin vuestra gracia yo nada puedo absolutamente.
 
Renovad en mí, oh divino Redentor, el espíritu de fe, de esperanza, de caridad, de humildad y de las demás virtudes que me infundisteis en el Bautismo, a fin de que, fortificada con ellas, pueda hacerme superior a la concupiscencia que me arrastra al pecado; pueda resistir a mis enemigos, y ser fiel a lo que acabo de prometeros: todo lo cual os lo pido por los méritos de vuestra sangre santísima, por los méritos e intercesión de vuestra querida Madre, de los Ángeles y Santos del cielo y justos de la tierra.
Amén.
 
("Camino recto y seguro para llegar al Cielo" - San Antonio María Claret)
 
 

domingo, 27 de noviembre de 2016

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

 Foto: María Luz
 
 Oh, Inmaculda Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra,
al contemplaros con los brazos esparciendo gracias sobre los que os las piden,
lleno de la más viva confianza en vuestra poderosa y segura intercesión,
manifestada innumerables veces a través de la Medalla Milagrosa,
aunque reconociendo nuestra indignidad a causa de nuestras numerosas culpas,
osamos acercarnos junto a vuestros pies para exponeros 
nuestras más apremiantes necesidades.
Escuchad, pues, oh Virgen de la Medalla Milagrosa,
este favor que confiados os solicitamos para mayor gloria de Dios,
engrandecimiento de Vuestro Nombre y bien de nuestras almas.
Y para que sirvamos mejor a vuestro Divino Hijo, 
inspiradnos un odio profundo al pecado y dadnos coraje 
para afirmarnos siempre verdaderos cristianos. Así sea.
 
Santísima Virgen, yo creo y confieso en vuestra Santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha.
Oh, Purísima Virgen María,
 por vuestra Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios,
alcanzadme de vuestro amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad,
la santa pureza de corazón, de cuerpo y de espíritu,
la perseverancia en la práctica del bien,
una santa vida y una buena muerte.
Amén.