lunes, 26 de noviembre de 2018

Las reliquias de Santa Margarita Mª de Alacoque visitan Madrid

En este mes de noviembre que nos anuncia la próxima llegada de un año nuevo muy significativo, los habitantes de Madrid hemos contado con la presencia de las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, religiosa francesa del siglo XVII, que perteneció a la Orden de la Visitación de María y que tuvo la dicha de recibir las visiones del Sagrado Corazón de Jesús.

 Santa Margarita María Alacoque
Huérfana de padre a la edad de ocho años, sufrió junto a su madre y a sus hermanos en manos de unos parientes que controlaron y administraron toda su herencia, si bien como joven de buena posición, también disfrutó de las diversiones y fiestas inherentes a su posición privilegiada, experiencia que le sirvió para reflexionar sobre la frivolidad y la vanidad tan presentes en la vida mundana. 

Siendo niña demostró una intensa devoción al Santísimo Sacramento permaneciendo innumerables horas en adoración. Su frágil salud la acercó todavía más si cabe a la oración, ofreciendo sus sufrimientos a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen. Pronto se manifestó en ella la vocación religiosa, prometiendo a los nueve años de edad dedicar su vida a Dios y haciendo voto secreto de castidad.

Decidida a abrazar la vida religiosa, ingresó en el convento de Paray-le-Monial a la edad de 24 años y, poco tiempo después, comenzó a recibir las primeras apariciones de Nuestro Señor en los primeros viernes de mes, durante dos años. El día 27 de diciembre de 1673 tuvo la primera manifestación del Corazón de Cristo, cuando oraba ante el Santísimo Sacramento, pero dejemos que sea Santa Margarita quien nos lo explique con sus propias palabras:

Me encontré toda penetrada por Su divina presencia, olvidándome de mí misma y me abandoné a este Espíritu, entregando mi corazón a la fuerza de Su Amor. Me hizo reposar por muy largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de Su Amor y los secretos inexplicables de Su Corazón Sagrado, que hasta entonces me había tenido siempre ocultos...Él me dijo: "Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo ya contener en sí mismo las llamas de su caridad ardiente, le es preciso comunicarlas por tu medio, y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que te descubro, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía". Me pidió después el corazón, y yo le supliqué que lo tomase. Lo cogió e introdujo en su Corazón adorable, donde se consumía como en un horno encendido, lo sacó de allí cual si fuera una llama ardiente en forma de corazón y volvió a ponerlo en el sitio de donde lo había cogido. Después de un favor tan grande, y que duró por largo espacio de tiempo, sin saber si estaba en el cielo o en la tierra, quedé por muchos días como abrasada toda y embriagada y tan fuera de mí, que no podía reponerme, tal era la plenitud de Dios que en mí sentía.




Nuestro Señor le concedió a Santa Margarita la gracia de un dolor en su costado que se renovaría cada primer viernes de mes y la instituyó como "discípula muy querida de mi Sagrado Corazón". Fue un día del año 1675, durante la octava del Corpus Christi, cuando nuestra protagonista recibió la visión de Nuestro Señor descubriendo Su Divino Corazón, rodeado de llamas, coronado de espinas, con una herida de la cual manaba sangre y de cuyo interior emergía una cruz. Señalándolo con Su mano, le dijo:
"He aquí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor...Por esto, te pido que sea dedicado el primer viernes después de la octava  del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar  mi Corazón, comulgando en ese día y reparando su honor por medio de un respetuoso ofrecimiento, a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que ha estado expuesto en los altares. Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que le rindan este honor y los que procuren que le sea tributado".



Nació de este modo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que se ha extendido a toda la cristiandad gracias a nuestra protagonista. Si bien Santa Margarita fue ejemplar en el cumplimiento de sus obligaciones, sufrió enormemente a causa de los ataques del maligno y las incomprensiones que despertó en su entorno, pero encontró enorme consuelo en la figura de su director espiritual, el religioso jesuita San Claudio de la Colombière, quien inmediatamente se percató de la veracidad de sus revelaciones y de su santidad. Por orden suya, Santa Margarita escribió todas las revelaciones recibidas.

 San Claudio de la Colombière
Siguiendo el plan de Nuestro Señor Jesucristo para difundir la devoción a su Sagrado Corazón, Santa Margarita fue nombrada Maestra de Novicias y asistente de la Superiora, pero no fue en vida de nuestra protagonista cuando se reconocería dicha devoción. Enferma a los 43 años de edad, entrega su alma a Dios un 17 de octubre de 1690, expresando durante su agonía: "No necesito más que a Dios solo y abismarme en el Corazón de Jesucristo".

Ella, que siempre había ansiado permanecer en el eterno olvido de las criaturas, es hoy conocida y venerada en todo el mundo cristiano, apareciendo su figura ante nuestros ojos, a los pies de su Divino Dueño. Tres años después de su muerte, el Papa Inocencio XIII marcó el inicio a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, siendo extendida su fiesta a toda la Iglesia por el Papa Pío IX, quien también beatificó a nuestra protagonista. Fue canonizada por el Papa Benedicto XV el 13 de mayo de 1920. 

Encontrándonos muy cercanos al año 2019, en que celebraremos el centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, la venida de las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque era una cita obligada para todos los fieles, que tuvimos ocasión de venerarlas en el Monasterio de la Visitación, situado en la madrileña calle de Santa Engracia. Como devota que soy del Sagrado Corazón de Jesús, la cita era obligada para mí, máxime tras haber leído, meses atrás, la autobiografía de la santa.

Por ese motivo, en la mañana del sábado 17 de noviembre, encaminé mis pasos hacia el mencionado monasterio para penetrar en su maravilloso y celestial templo, rezar ante el Santísimo Sacramento y pedir la intercesión de Santa Margarita María para alcanzar un amor infinito y abrasador a mi amado Jesús, momentos que me llenaron de paz en medio de las turbulencias del día a día.

La Orden de la Visitación de María fundó su primer monasterio en España el 18 de febrero de 1749, bajo la protección de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza. La fundación fue realizada por la Casa Madre de la Orden, radicada en el monasterio de Annecy. A las monjas se las denominó "Salesas Reales" y se ocuparon de la instrucción de niñas nobles. A la muerte de los monarcas, la iglesia del convento se convirtió en Panteón Real para ellos.

Rey Fernando VI
Reina Bárbara de Braganza
Las religiosas permanecieron en dicho monasterio hasta su expulsión en 1870, transformándose el edificio en sede del Tribunal Supremo y la iglesia en parroquia, conocida como Iglesia de Santa Bárbara. Años después, en 1883, Doña María del Rosario Wall de Fernández de Córdoba sufragó la edificación de un nuevo monasterio, conocido como Primer Monasterio de la Visitación, y en cuyo templo han sido expuestas las reliquias de Santa Margarita María en su visita a la capital.





El mundo de los santos es maravilloso y más maravilloso será disfrutar de su compañía en el Cielo durante toda la eternidad. Es por ello que todos ansiamos contar con su presencia en nuestra vida terrenal, siendo sus devotos, venerando sus reliquias y solicitando su intercesión ante Dios por nuestras múltiples necesidades espirituales. Doy gracias a Nuestro Señor por la oportunidad brindada de acompañarle, venerando al mismo tiempo las reliquias de quien fue la confidente de Su Sagrado Corazón, en un templo en el que se recibe tanta bendición.

Fotos: María Luz Gómez

martes, 30 de octubre de 2018

CRUCIFIJO DE LA BUENA MUERTE

Existen objetos que poseen un enorme poder evocador y cuando los contemplamos, nos sentimos inmediatamente transportados en el tiempo, conducidos a un determinado lugar, a un determinado momento o al recuerdo imborrable de personas que fueron y son importantes en nuestras vidas.

Esa sensación se manifestó en mí cuando, hace tan sólo unas semanas, contemplé una imagen de un sobrio crucifijo en color negro, guarnecido con bordes dorados a juego con la figura de Nuestro Señor Jesucristo y los demás motivos que lo decoran. Como todo lo que acontece en nuestra vida diaria es absolutamente providencial, la visión de este crucifijo me ha hecho descubrir su origen y su significado, ofreciéndome la oportunidad de compartirlo con mis estimados lectores.

Estos crucifijos comenzaron a fabricarse de forma artesanal en torno al siglo XVI, principalmente en Francia y Alemania, siendo en los inicios crucifijos de mayor tamaño, con objeto de ser utilizados en procesiones. De menor tamaño, eran entregados a los sacerdotes con motivo de su Ordenación, así como a los Religiosos al formular sus votos perpetuos. Solían lucirlos sobre el pecho, formando parte de sus Rosarios o bien colgando de la cintura. Se trata, por tanto, del denominado Crucifijo de Profesión, si bien el modelo que nos ocupa cayó en desuso tras el Concilio Vaticano II, que a través del Decreto "Perfectae Caritatis" instaba a todos los miembros de Órdenes Religiosas a buscar una mayor sencillez y modestia en sus hábitos.

Crucifijo incorporado a un Rosario.
Foto: Atelier de Arte Religioso de Gabriel Cannizzo.
Junto a ese uso, el mismo crucifijo también adquiría un especial protagonismo en la capilla ardiente de un difunto, razón por la cual se conoce también con la denominación de Crucifijo de la Buena Muerte. En estos casos, era colocado sobre el féretro y posteriormente entregado a los familiares del difunto que lo conservaban a modo de recuerdo.
Al contemplarlo se capta su fuerte simbolismo,
 manifestado en diversos motivos que paso a exponer e ilustrar.

El acrónimo INRI (Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos).

La AUREOLA simboliza la santidad de Nuestro Señor Jesucristo.


El CORAZÓN ardiente, atravesado y rodeado por una corona de espinas.
Este motivo aparece siempre colocado en el reverso.
Si bien, en principio, simboliza el Corazón de Jesús atravesado por la lanza,
en ciertos modelos, el corazón aparece atravesado por una espada, 
en clara alusión al Corazón de Nuestra Señora ante la Pasión de Su Divino Hijo.
Fotos: rosaryworkshop.com

El CRÁNEO con dos tibias entrecruzadas.
Es, sin duda, el símbolo más llamativo.
Por un lado, hace referencia al Gólgota (lugar de la calavera) y enclave
en el que Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado.
Según la más antigua tradición, en ese lugar habría sido enterrado Adán,
y sobre su tumba tuvo lugar la Crucifixión de Jesucristo.
De acuerdo a esta teoría, el crucifijo mostraría a Jesucristo
alzado en la Cruz sobre el cráneo de Adán.
Según otras explicaciones, el cráneo representa la muerte que Adán trajo con el pecado original,
 y Nuestro Señor aparece sobre ella como símbolo
de Su triunfo sobre la muerte.
También se considera símbolo de la muerte al mundo,
en el caso del Religioso que entrega su vida por completo a Cristo.
Foto: ebay.com
Foto: sistersofcarmel.com
Estos crucifijos se realizan sobre una base metálica, generalmente bronce, en la cual se incrusta de forma manual la porción de madera, casi siempre de ébano, aun cuando también se utilizan otros tipos como roble, palo de rosa, olivo, o incluso otros materiales como el nácar, la cerámica o el cristal. Ya en el siglo XIX surgieron versiones en las que se utilizaba el aluminio, metal que se extrajo por primera vez en 1787 y que entonces era considerado de gran valor, presentando la ventaja de aligerar considerablemente el peso de las piezas. En la actualidad, existe un único taller que se dedica a la fabricación artesanal de estos crucifijos, siguiendo la antigua tradición en su elaboración. Se trata de la Fundición Bancel, situada en la localidad francesa de Saint Julien Molin Molette, a 76 kilómetros de Lyon.
 Fonderie Bancel
42, Avenue de Colombier
42220 Saint-Julien-Molin-Molette
Loire - Saint Etienne - Rhône Alpes
Foto: cfchanteraines.fr
Con el transcurso del tiempo, el diseño de los objetos piadosos ha experimentado una evolución hacia una estética moderna, perdiendo su encanto y el fuerte simbolismo que poseían en el pasado, y restándole parte de su función evangelizadora. Como amante que soy de los objetos piadosos antiguos, siento pena al comprobar que casi nadie recuerda o conserva este tipo de crucifijos, tan evocadores del sacrificio que Nuestro Señor hizo por todos nosotros y de ese destino al que todos estamos abocados: nuestra muerte terrena para realizar el paso a la eternidad.
Cuando contemplé la imagen de este crucifijo, inmediatamente me sentí transportada al recuerdo imborrable de mis abuelos maternos y de su casa en el campo gallego. En la pared de una de sus estancias, colgaba un crucifijo idéntico, que fue colocado sobre el féretro de mi abuelo y, años después, también sobre el de mi abuela en su capilla ardiente, para después continuar presente en el hogar, evocando su recuerdo y moviéndonos a la oración por el descanso eterno de sus almas. Vaya desde aquí mi entrañable recuerdo para ellos y para todos mis antepasados, acompañado de mi oración y del deseo de reencontrarme con ellos, para siempre, en la eternidad.
María Luz
Quiero expresar mi sincero agradecimiento a Gabriel Cannizzo, joven artista, quien ha tenido la gentileza de ofrecerme detalles muy concretos sobre la historia de estos crucifijos. Supone una alegría compartir con él la misma fe y el amor por los objetos piadosos.
Atelier de Arte Religioso de Gabriel Cannizzo, en Córdoba, Argentina.
Realiza ilustraciones y pinturas digitales.
Restauración y creación de imágenes religiosas.
Fabricación de Rosarios.
Contacto: +54 351 738-4438

FUENTES:
Atelier de Arte Religioso de Gabriel Cannizzo
www.rosaryworkshop.com
www.sistersofcarmel.com
www.maristsmessenger.co.nz

viernes, 28 de septiembre de 2018

MI QUERIDA CINCA...

Todavía recuerdo con nitidez el primer día que atravesé el umbral de tu puerta...Era un 7 de octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario. Mi primera impresión fue encantadora, una simple mirada a mi alrededor me transmitió una completa consonancia con tu atmósfera, sin embargo, todavía no podía imaginar lo mucho que llegarías a significar para mí.

Aquella primera visita, asistiendo a la Santa Misa en tu pequeña capilla, viene a mi memoria con la hermosa presencia de Nuestra Señora, con el recuerdo del aniversario de la Batalla de Lepanto, y con la cálida luz que atravesaba el cristal de la ventana. Salí de allí llena de paz y deseando regresar.

No tardé mucho en cumplir ese deseo y, en pleno tiempo de Adviento volví a visitarte, repitiéndose en mí esa misma sensación reconfortante de la primera visita. Nuestra Señora me había llamado, meses atrás, a acompañarla cada primer sábado de mes, y he ahí que, respondiendo de nuevo a su llamada, me llevó a ti, mi querida Cinca, para no abandonarte más.

Me convertí en tu habitual visitante de la mano de los Heraldos del Evangelio, y en especial de los Reverendos Don Pedro Paulo y Don José Francisco, que con sus brillantes explicaciones prepararon mi pobre alma para la consagración a Jesús por María, ceremonia que tuvo lugar un 13 de mayo en tu bonita capilla. Dicho proceso dio como resultado a esta pobre esclava de María que, con sus pobres capacidades, se sentía feliz de escuchar y recibir, junto a otras almas amigas, las más sabias, piadosas y excelentes enseñanzas.

Lo admito, tú mi querida Cinca, con la presencia de Nuestro Señor, la maternal mirada de Nuestra Señora y la cálida hospitalidad de los ángeles que te habitaban, me robaste el corazón y ya nada ni nadie podía apartarme de ti. Mis jornadas transcurrían con el intenso deseo de reencontrarte y, cuando por fin ese día esperado llegaba, ascendía tu escalinata con la ilusión de una niña que tenía la certeza de llegar al refugio en el que se sentía segura y a salvo. El tiempo transcurrido junto a ti se me hacía muy corto y el momento de abandonarte suponía para mí un triste descenso del Tabor.

Como esclava de María Santísima, sé que nuestras vidas son una sucesión de tristezas y alegrías y que todas ellas conforman parte del pobre patrimonio que podemos ofrecer a Nuestra Señora. Mi pobre alma sufrió una conmoción al conocer la noticia de tu cierre y mi reacción estuvo llena de lágrimas desconsoladas al pensar en la separación que las circunstancias me imponían. Esas lágrimas que fluían sin cesar fueron la manera de expresarte los sentimientos que albergaba mi corazón y con ellas mi alma te transmitió todo aquello que mis palabras no alcanzaban a expresar.

La nostalgia suele apoderarse del alma sensible que se ve obligada a separarse de aquellos que comparten sus mismos ideales. Sólo el transcurso del tiempo puede atenuar su tristeza tratando, al mismo tiempo, de vislumbrar en el horizonte promesas de futuras alegrías...Sí, alegría por saber que quienes te habitaron están llamados a mayores proyectos que tus pequeñas paredes son incapaces de albergar. La vida se compone de etapas que hay que saber afrontar, mirando siempre en la dirección en que sopla el Espíritu Santo. Sabes que gran parte de mis mejores recuerdos estarán para siempre ligados a ti, pero es tiempo de aceptar las renuncias con valentía y optimismo. Es por esta razón que las lágrimas deben quedar atrás... Aun así, no te asustes si supieras que alguna se escapa de mis ojos, considérala un recuerdo de las emociones vividas junto a ti; por mi parte, yo se la ofrezco a Nuestra Señora.

En este momento de la despedida, te pido un último favor: transmite a los ángeles que moraron en ti mi mayor admiración, respeto y agradecimiento eterno por todo lo que me transmitieron y el excelente ejemplo que me ofrecieron. Ellos me enseñaron el verdadero alcance del "lema luciliano": "Vivir es estar juntos, mirarse y quererse bien". Comunícales que, aun en la distancia, no tengo intención de separarme de ellos pues nos une un mismo ideal y una misma esperanza. Yo les brindo mis pobres oraciones y mi deseo de refugiarme para siempre con ellos en el Corazón Inmaculado de Nuestra Madre, Reina y Señora.

¡Hasta siempre, mi querida Cinca!

Fotos: María Luz Gómez

jueves, 16 de agosto de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL TRÁNSITO

Permanecer en Madrid durante el mes de agosto es una experiencia muy grata pues la ciudad adquiere un ritmo tranquilo y sosegado del que carece durante el resto del año. A ello se suma la posibilidad de ser testigos de una bella escena que puede contemplarse tan sólo durante unos días en el corazón del Real Monasterio de las Descalzas Reales.

Tras una breve espera en la Portería Reglar, bajo la mirada de los arcángeles pintados por Bartolomé Román y a la luz de cuatro blandones de bronce del siglo XVI que pertenecieron al túmulo funerario de la emperatriz María de Austria, me dispongo a traspasar la puerta que me conducirá por los rincones de este cielo madrileño.

Tras atravesar el claustro bajo, asciendo por la escalera principal deleitándome con las pinturas murales que la rodean. Soy observada por la familia del Rey Felipe IV desde su Balcón Real y me detengo ante el grupo del Calvario, en el que destacan los ángeles que recogen la sangre que mana del costado de Nuestro Señor Jesucristo, quedando ensalzada la Pasión de Cristo en relación con la institución de la Eucaristía. No me retiro sin antes contemplar el Rompimiento de Gloria que decora su techo, atribuido al pintor Claudio Coello. 

A continuación recorro el Claustro alto, donde cobra un especial protagonismo la talla de madera policromada del Cristo yacente, obra de Gaspar Becerra, que es portado cada año en una solemne procesión de Viernes Santo que tuve la fortuna de presenciar en la Semana Santa del año 2017. Tras detenerme un instante ante la capilla de San José y dirigirle una sonrisa, prosigo el recorrido contemplando todas las imágenes y objetos piadosos que aparecen a mi paso. Llego al Antecoro, donde me sitúo ante la hermosa imagen de Nuestra Señora de la Paz y una valiosa cruz realizada en cristal de Bohemia, y observo las diversas obras pictóricas y los objetos devocionales de gran valor artístico. Desde ahí accedo al Coro, donde se encuentra el sepulcro de la Emperatriz María de Austria, y bajo el mismo, la magnífica talla de la Dolorosa de Pedro de Mena. 

Recorriendo otras estancias, me voy aproximando al destino central de mi visita, y para ello atravieso el Salón de Tapices, donde se exponen los paños de la serie de tapices El Triunfo de la Eucaristía, regalados al Monasterio en el siglo XVI por la infanta Isabel Clara Eugenia, hija del rey Felipe II. 

Al fondo de dicho Salón se vislumbra una pequeña puerta tras la cual se encuentra la Capilla de la Dormición, y en su interior, el motivo de mi visita en este caluroso día de agosto. Se trata de un conjunto escultórico devocional del siglo XVII, denominado Dormición o Tránsito de la Virgen, que responde a una tradición de las primeras religiosas del Monasterio, llegadas desde Gandía. Las 18 clarisas franciscanas que habitan actualmente el Monasterio colocan primorosamente la escena cada 15 de agosto, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, pudiendo los visitantes disfrutar del mismo durante los siete días siguientes. Observo a Nuestra Señora del Tránsito, reposando en una artística cama lujosamente decorada y rodeada de hermosos ángeles que se disponen a conducirla al Cielo. Con motivo de la festividad, la imagen de Nuestra Señora aparece ataviada con un traje elaborado en Nápoles en el siglo XVIII, en raso de seda color crema, bordado en vivos colores con motivos vegetales, con encaje de hilo dorado y complementado todo ello con rostrillo y corona.  Fui testigo de esta escena hace ya muchos años en una mis visitas al Monasterio, pero contemplarla de nuevo vuelve a producir en mí la misma sensación de paz.


 Ante la imposibilidad de realizar fotografías en el interior del Monasterio,
me he permitido escanear estas dos imágenes para que puedan contemplar a 
 Nuestra Señora del Tránsito.
No aparecen en las mismas los ángeles que complementan el conjunto, motivo por el cual, 
todos aquellos que se encuentren en la ciudad de Madrid no deben perder la oportunidad de realizar la visita para disfrutar del conjunto escultórico en su totalidad.

Cuesta mucho apartarse de la visión de este primoroso conjunto escultórico, pero debo proseguir la visita recorriendo otras estancias, contemplando las numerosas obras de arte que se agrupan en el Candilón, y en las salas de pintura española, flamenca e italiana. Los retratos de reyes, reinas e infantas atraen mi atención y parecen brindarme una despedida en los últimos momentos del recorrido, pero mi mente y mi espíritu siguen junto a mi Madre, Reina y Señora, la Virgen del Tránsito.

Dejando atrás los muros del Real Monasterio, se cruza ante mí el recuerdo de Tomás Luis de Victoria, nuestro insigne compositor polifonista del Renacimiento, quien fue capellán y maestro de coro en dicho Monasterio, y las notas de sus composiciones comienzan a resonar en mi interior, con la seguridad de que regresaré siempre que tenga ocasión a recorrer las estancias de este maravilloso lugar en el que reinan Nuestro Señor Jesucristo y Su Excelsa Madre.
  Ave, Regina Cælorum,
Ave, Domina Angelorum:
Salve, radix, salve, Porta,
Ex qua mundo lux est orta:
Gaude Virgo gloriosa,
Super omnes speciosa,
Vale, o valde decora,
Et pro nobis Christum exora.


Real Monasterio de las Descalzas Reales
Plaza de las Descalzas - Madrid

El conjunto escultórico del Tránsito de la Virgen sólo puede contemplarse desde el día 15 al 22 de agosto.

HORARIOS:

De Martes a Sábado. Mañana: 10:00 - 14:00 Tarde:16:00 - 18:30
Domingos y festivos. 10:00 - 15:00
Cierre taquillas y acceso al Monasterio una hora antes
Cierre semanal: lunes


miércoles, 25 de julio de 2018

LA CONCHA JACOBEA

Perteneciendo a una familia de tierra santiaguesa, no puedo dejar pasar este 25 de julio sin relatar una milagrosa historia protagonizada por nuestro Santo Patrón.

Corrían los inicios del siglo IX, en tiempos de Teodomiro, obispo de Iria Flavia, cuando tuvo lugar uno de los milagros más asombrosos atribuidos a la intervención de Santiago el Mayor, Apóstol de Nuestro Señor Jesucristo, que tuvo el honor de ser el primer mártir entre los apóstoles, y cuya vida pueden leer en este enlace.

 
Galopaba un caballero a lomos de su caballo sobre la fina arena de la orilla del mar, cuando el animal se desbocó, y junto a su jinete fueron a caer entre las olas, viéndose el caballero envuelto en las mismas y sin saber nadar. Cierto que aunque hubiera sabido mantenerse a flote, de nada le hubiera valido pues el oleaje era tan intenso que no había fuerza humana capaz de luchar contra ese mar embravecido. Si ello no era suficiente desgracia, hay que hacer notar que nuestro protagonista se hallaba además en pecado mortal, pues regresaba de una aventura amorosa y permanecía bajo el influjo de la misma, sin la mínima intención ni ocasión de arrepentimiento.

Pero lo cierto es que nuestras vidas penden de un hilo, y esto debió sentir el caballero al sentir el frío de las aguas del océano y ver la muerte cara a cara. En tan complicada situación, sintió gran temor por el estado de su alma, momento en el que invocó al Apóstol Santiago, de quien era muy devoto, pidiendo su ayuda y sintiéndose arrepentido de sus pecados. Su petición fue tan sentida y sincera, y su fe en el Apóstol tan firme, que se obró el milagro justo en el momento en que el caballero se ahogaba en el abismo marino. 

Fue entonces cuando vio una hermosa luz, en medio de la cual apareció el Apóstol Santiago caminando sobre las aguas. Acercándose al caballero, el agua se abrió en dos, dejando al descubierto la arena del fondo que aparecía cubierta de conchas y caracolas. Ahí yacía el cuerpo del caballero, a quien Santiago tomó en brazos, entregándolo a una ola que lo depositó en la orilla. Nuestro caballero estaba salvado y apareció depositado sobre la arena, recubierto de aquellas bonitas conchas. Las aguas se cerraron y el Apóstol sonriente se alejó envuelto en la luz que le había traído, mientras el caballero recuperaba la conciencia y recordaba todo aquello que había entrevisto momentos antes. Recuperado completamente su sentido, tuvo tiempo de contemplar la figura de Santiago alejándose, reconociéndolo por su atuendo de peregrino, adornada su esclavina con unas conchas como aquellas que a él le recubrían. 

Viéndose salvado, prometió peregrinar a Compostela, e hizo público el suceso acontecido. Todos quienes le escucharon aceptaron el símbolo de la concha, que desde ese momento quedó completamente ligada a la intervención del Apóstol Santiago. A partir de ese milagro, la concha quedó convertida en símbolo de la peregrinación a Compostela, luciéndola los peregrinos como recuerdo de la misma y en señal de gratitud por la protección recibida a lo largo de su ruta.

Este milagro es la razón por la cual todos los que peregrinamos a Santiago de Compostela y somos fieles devotos de Santiago el Mayor, portamos nuestra concha con ufanía y devoción.

Fotos: María Luz Gómez


martes, 24 de julio de 2018

SÚPLICA A NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Os pedimos a Vos, Dulce Reina del Carmelo, que intercedáis por nuestra paz y salud, y que revestidos de Vuestro Santo Escapulario nos libréis de toda tentación y peligro, alcanzando la salvación eterna.

Nuestra Señora del Carmelo
Pietro Novelli - 1641

Llevandos con Vos, Virgen Inmaculada;
correremos tras el olor de Vuestros perfumes.
(Avemaría)

Llevadnos, Virgen Sagrada María,
hasta la cima del Carmelo, que es Cristo,
Vida del Cielo.
(Avemaría)

Intercede ante el Señor, Reina del Cielo
para que cuantos murieron revestidos con Vuestro Escapulario,
vayan cuanto antes al Monte Santo de la Gloria.
(Avemaría)


domingo, 8 de julio de 2018

AÑO JUBILAR MARIANO EN MADRID

Con motivo del 25 aniversario de la dedicación de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, el Papa Francisco ha concedido un Año Jubilar Mariano, que ha dado comienzo el 15 de junio de 2018 y se prolongará hasta el 15 de junio de 2019. La apertura del mismo tuvo lugar en una solemne Eucaristía de acción de gracias, presidida por el Cardenal Don Carlos Osoro.
 
Junto a diversas actividades programadas, la mayor significación radica en la posibilidad de lucrar la indulgencia plenaria, cumpliendo una serie de requisitos:
  • Arrepentimiento sincero y rechazo de todo pecado, incluido el venial.
  • Confesión sacramental.
  • Comunión eucarística.
  • Orar por las intenciones del Santo Padre.
  • Peregrinar a la Catedral de la Almudena a lo largo de este año jubilar, bien asistiendo a las celebraciones jubilares programadas, o bien dedicando allí un tiempo a la oración, concluyendo con el rezo del Padrenuestro, el Credo y una oración a la Santísima Virgen.
Quienes por motivo de salud, enfermedad o por causa grave no puedan desplazarse a la Catedral, podrán obtener la indulgencia plenaria con las siguientes condiciones:
  • Rechacen todo pecado.
  • Tengan la intención de confesar y comulgar en cuanto les sea posible.
  • Oren por las intenciones del Santo Padre.
  • Ofrezcan sus dolores y sufrimientos a Dios, uniéndose espiritualmente a las celebraciones del Jubileo.
No perdamos ocasión de visitar a Nuestra Madre de Misericordia y de reconciliarnos con Dios, peregrinando a la catedral madrileña a lo largo de este año de gracia.

Foto: Archimadrid.es