miércoles, 28 de agosto de 2019

Lourdes 2019: Regreso en el año de Santa Bernadette.

Me siento enormemente afortunada por peregrinar a Lourdes desde el año 2012. Aquel año, que tanto significó para mi vida espiritual, vino marcado por la llamada de Nuestra Señora a su Gruta de Massabielle. Poco podía yo imaginar entonces lo mucho que llegaría a amar este lugar.

Aun cuando las circunstancias no me permitieron peregrinar en el año 2018, en el que se conmemoró el 160 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, regresar en este año 2019 ha supuesto un regalo que mi alma agradece infinitamente. Especialmente porque el presente año implica una doble celebración: el 175 aniversario del nacimiento de Santa Bernadette y el 140 aniversario de su paso a la eternidad.


Así es, mi querida Santa Bernadette, sabes bien que mi corazón se apenó profundamente al no poder peregrinar a Lourdes en el pasado año, pero ha supuesto una alegría inmensa regresar en este tu año conmemorativo, pues te siento mi querida amiga y compañera en multitud de recorridos por las calles de tu Lourdes natal. Bien sabes que este año mi plan de visitas del lugar se vio alterado, pues el único museo que me restaba por visitar ya no existe debido a su cierre tras las últimas inundaciones. Aun así, no hay ni un segundo para la decepción, pues tu mano siempre toma la mía para conducirme junto a la presencia de Nuestra Señora. Encaminando mis pasos y atravesando la puerta de San Miguel, me encuentro con tu imagen junto al Calvario Bretón, hecho que motiva mi sonrisa de agradecimiento por presentarte así, con tu habitual sencillez, frente a mí. Tras unos instantes junto a tu imagen, mis pasos avanzan por la explanada topándome contigo a cada momento y conduciéndome a los pies de Nuestra Señora, la Virgen Coronada, para quien va siempre mi profundo agradecimiento por permitirme regresar. Y desde allí, contemplo ese Santuario que tanto amo y prosigo mi ruta hasta el corazón de Lourdes, tu querida Gruta de Massabielle donde la Señora te miró como a una persona y te sonrió llena de luz.











Sí, Bernadette, tu historia la conocemos ampliamente, sin embargo, no nos cansamos de rememorarla. Así lo han considerado un grupo de artistas que, en este tu año de celebración, han realizado el espectáculo musical "Bernadette de Lourdes", del cual todo el mundo habla y que cuenta con la aceptación unánime de clero y peregrinos. Caminando por las calles de Lourdes contemplo las fotografías de muchas de las escenas de este musical que te rinde homenaje. Bien sé que huyes de cualquier protagonismo, pero es inevitable que te recordemos y deseemos tu presencia viva en nuestro peregrinar. 

Fotografía de una de las escenas del musical.


Recorriendo las letras de las canciones del espectáculo, me emociono pensando en ti..."Yo nací en el barro porque ese era mi lugar, sin ningún horizonte más que permanecer de rodillas... entonces, ¿por qué yo?, si no es por Vos". Ciertamente, esta canción te refleja a la perfección. Naciste en la pobreza y fue por la aparición de Nuestra Señora que te arrodillaste en la Gruta, cuya roca acariciamos con nuestras manos mientras dejamos allí impresas nuestras peticiones, nuestros agradecimientos y nuestros anhelos. No hay duda, Lourdes es el lugar de todos mis anhelos, mi destino soñado año tras año y el lugar al que me transporto mentalmente, cada día, desde mi hogar. Tras pasar por la Gruta y encender nuestras velas, nos disponemos a rezar el Santo Rosario, todos unidos orando por las intenciones expresadas, al tiempo que contemplamos a la Santísima Virgen, viendo con nuestro corazón "aquello que escapa a nuestras miradas", y sintiendo que "Aquélla a quien viste, es la Luz. Habláis entre ambas y una misma sonrisa os ilumina"







Es hermoso sentarse ante la Gruta y sentirse en  comunión con quienes nos rodean. Son momentos intensos que nos llevan a la reflexión y que a muchos nos conducen después a la capilla de la reconciliación, junto a la imagen del Santo Cura de Ars, donde arrepentidos de nuestros pecados, confesamos y recibimos la absolución. El alma se siente entonces más ligera, y "del frío que la atenazaba, ya sólo retiene la dulzura". ¡Qué hermoso es sentir la misericordia de Dios! Tras unos momentos de oración, salgo al exterior y he aquí que recibo el mejor regalo, pues el Santísimo Sacramento se aproxima bajo palio con motivo de la procesión que todas las tardes atraviesa la explanada. Siento entonces una emoción intensa y cálida mientras, de rodillas, veo pasar a Nuestro Señor ante mí.


Oh, San Juan Mª Vianney, rogad por nosotros.

Con esa emoción que embarga el alma, me dirijo caminando a la Basílica de la Inmaculada Concepción para participar en la Santa Misa en español, celebrada por un sacerdote de Huesca, y en la que españoles e iberoamericanos nos unimos siempre como hermanos. Tras ser invitada a leer la primera lectura, regreso a mi asiento y contemplo la hermosa imagen de Nuestra Señora... "Señora, Vos que escucháis las oraciones de los pobres pecadores, llenadnos de Vuestra Luz". El mensaje de la homilía nos invita a buscar el reino de Dios en nuestro interior y a dejarnos conducir por la Santísima Virgen, acogiendo en nuestros corazones Su consejo: "Haced lo que Él os diga". Con alegría por haber participado de la Santa Misa, rindo visita a la pequeña reliquia de Santa Bernadette que sustituye durante unos meses al precioso relicario que se encuentra peregrinando por Italia y que muy pronto llegará a España para ser venerado por sus fieles devotos.



Oh, San Luis Mª Grignion de Montfort, 
rogad por todos los pobres esclavos de María.



Las horas transcurren de una manera tremendamente rápida cuando nos sentimos muy felices. Es por ello que, casi sin darme cuenta, la noche ha caído sobre Lourdes, y los peregrinos nos dirigimos portando nuestras velas a la procesión de las antorchas para unirnos en oración, una vez más, rezando el Santo Rosario. La noche sobre Lourdes siempre está llena de luz pues su cielo se muestra repleto de estrellas que nos iluminan con sus destellos... "De la noche que me rodea, retengo las sombras que se esclarecen... De las llamas de las velas, retengo la infinidad de su brillo...De las palabras que se entremezclan, retengo el sonido de la oración". Durante el rezo, contemplo a Nuestra Señora de Lourdes en procesión, como un haz de luz que avanza lentamente y entonces, no hay duda, tengo la seguridad de que Ella es quien nos ilumina en todo momento.



Tras la luz de las velas y de las estrellas, el nuevo día nos trae una lluvia abundante, como un torrente de gracia que cayese sobre nosotros, y esa ligera melancolía que ya sentimos al saber que se acerca la hora de la partida. Aun así, enfilamos la avenida Bernadette Soubirous, pues no podemos dejar de regresar a la Gruta de Massabielle, donde nos despedimos de Nuestra Señora durante la Santa Misa que se celebra a sus pies. Y así, tras beber una vez más del manantial, es tiempo de echar una última mirada al maravilloso entorno con el deseo de regresar siempre a este lugar lleno de paz y amor.





Así es, mi querida Santa Bernadette, como ha transcurrido nuestra breve peregrinación en esta ocasión, e imaginando aquellos momentos en que Nuestra Señora desapareció de tu visión, escucho:

"Oh María, cuando os vayáis, necesitaremos vuestra ternura para no pasar frío en nuestras mañanas de debilidad... Dejadnos vuestro amor; yo conservaré una dulce sonrisa recordando aquellos momentos de alegría... Oh María, tened piedad, haced que este mundo vida de amor, alegría y paz. Cuando os vayáis, no olvidéis a vuestros hijos, que os necesitan para aprender a crecer...Dejadnos vuestra paz y nunca nos olvidéis". 

Oh, Nuestra Señora de Lourdes, oh Santa Bernadette, no me olvidéis y no permitáis que yo os olvide. Sabiendo que no encontraré la felicidad en esta tierra, haced que ame la cruz con verdadera alegría y llevadme ambas de vuestras manos hasta que pueda reunirme con vosotras en el cielo.

***********

(Las frases destacadas en negrita y en cursiva han sido entresacadas por mí de las canciones del musical "Bernadette de Lourdes". Ha resultado fácil integrarlas en mi redacción pues, quienes amamos Lourdes y todo lo que allí aconteció, compartimos el mismo sentir y guardamos su significado en nuestro corazón).

FOTOS: María Luz Gómez


martes, 6 de agosto de 2019

El pudor y la elegancia.

Como es habitual en esta época del año, la ciudad de Madrid se ve sometida a las altas temperaturas veraniegas, que imponen la necesidad de buscar alivio al refugio del sol. El descanso estival empuja a gran parte de la población a las playas de las costas españolas, mientras otros aprovechan su tiempo libre visitando los rincones más turísticos de la capital, mezclándose con la gran cantidad de turistas que nos visitan. En todo lugar y a cualquier hora, los viandantes aparecen ante mí como seres uniformes, escasamente vestidos de acuerdo con las tendencias actuales y haciendo gala de la falta de pudor que caracteriza nuestra época. Ante esta visión, mi mente levanta el vuelo y mi vista se dirige a épocas de antaño, en que los caballeros y las damas paseaban ataviados con decencia y buen gusto. Los veranos venían marcados por el éxodo de las clases altas a los destinos costeros y las damas paseaban por las playas luciendo sus largos vestidos blancos y protegiéndose del sol con sus sombrillas y elegantes pamelas.

"Paseo por la playa" (1909)
Joaquín Sorolla
Museo Sorolla (Madrid)

Hablar de pudor y decencia en la actualidad se ha convertido, a ojos de la mayoría, en algo desfasado, pues la sociedad actual presume de haber superado esas nociones que considera propias de un pensamiento retrógrado. Por tanto, conviene recordar el significado del término "pudor", que no es otra cosa sino la tendencia y hábito de conservar la propia intimidad a cubierto de los extraños.

Vivimos bajo el reinado del completo libertinaje, donde no se respeta ni la intimidad propia ni la ajena, lo cual, como bien expresa el Padre Lucas Prados en su obra "El pudor cristiano", "es propio de personas frívolas, carentes de vida interior, que no tienen reparo en descubrir fácilmente su intimidad. No se aprecian en lo que valen y no tienen inconveniente en descubrir su cuerpo y airear sus asuntos personales ante la presencia de personas igualmente frívolas. Desconocen que cuanto más rica es una personalidad, mayor intimidad posee y por eso, su sentido del pudor es más fuerte". Esta supresión del pudor se produce como consecuencia del abandono de la práctica religiosa; si la intimidad personal se difumina, es lógico que el ateísmo se incremente, pues todo encuentro con Dios tiene lugar en el centro de la intimidad personal. A mayor falta de fe, mayor es la falta de pudor. En esta situación, el terreno está bien abonado para que las personas estén ávidas de gozar de los placeres terrenales, rechazando la cruz y la sobriedad, reduciéndose la caridad hacia el prójimo y logrando que toda una cascada de pecados invada las almas.

"El pudor advierte el peligro inminente, impide exponerse a él e impone la fuga en determinadas ocasiones. El pudor no gusta de palabras torpes y vulgares, y detesta toda conducta inmodesta, aun la más leve; evita con todo cuidado la familiaridad sospechosa con personas de otro sexo, porque llena plenamente el alma de un profundo respeto hacia el cuerpo que es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo".



(Papa Pío XII)



En semejante ambiente, nuestro mundo promueve formas de vestir peligrosas, alejadas del recato y de la modestia aconsejadas por la Santa Iglesia Católica. Este hecho fue anunciado por la Santísima Virgen en Fátima, cuando dijo a la pequeña Santa Jacinta Marto: "Los pecados que llevan más almas al infierno son los pecados de la carne. Vendrán modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor". Cien años después, no podemos poner en duda la veracidad de esta profecía realizada por Nuestra Señora. No sólo las playas y las piscinas se han convertido en territorio inmoral, también nuestra calles son hoy escenarios indecorosos en los que, especialmente las mujeres se convierten en cómplices de numerosos pecados. Arrastradas por las modas, la frivolidad y la vanidad, se perjudican a sí mismas y a toda la sociedad.

"A menudo se dice, casi con resignación pasiva, que la moda refleja las costumbres de un pueblo. Pero sería más preciso y mucho más provechoso decir que expresan la decisión y la dirección moral que un pueblo pretende tomar, para ser o naufragado en libertinaje o mantenerse en el nivel en que ha sido criado por la religión y la civilización". 


(Papa Pío XII)

Las mujeres no se dignifican aligerando su vestuario, sino vistiéndose con recato y elegancia. El impudor y la vanidad son pecados que arrastran almas al infierno, como bien explicaba el Santo Cura de Ars en algunos de sus magníficos sermones. No sólo pecan ellas sino que hacen caer en pecado a quienes las contemplan con malicia, pues el ojo es la lámpara del cuerpo y la puerta de los deseos, como consecuencia del pecado original. Nuestro Señor Jesucristo nos enseña que nuestros sentidos deben guardarse de la tentación a través del recogimiento de las miradas y evitando las ocasiones de pecado. Nuestra mirada y todos nuestros sentidos deben reservarse para todo aquello que enriquezca nuestras almas. Debemos actuar con responsabilidad, cuidando de nuestras almas y evitando ser ocasión de pecado para los demás, pues de todo esto tendremos que rendir cuentas en el día del Juicio. 

El pudor mantiene el misterio que es esencial a toda mujer y logra que el hombre descubra en ella su corazón, su alma y su personalidad; sólo lo misterioso es capaz de despertar un interés duradero. Por el contrario, si la mujer desvela su intimidad, pierde su alma, vendiéndola al demonio... Y, si pierde su alma, ¿qué destino espera a toda la sociedad? Bien harían las autodenominadas feministas en dignificarse huyendo el impudor y de la promiscuidad que tanto promueven, en lugar de actuar como cómplices de infames intereses masculinos. El hombre debe respetar a la mujer, pero es obligación de la mujer darle un ideal que respetar.

"Nuestra apariencia externa revela nuestra disposición interior". 


(Jason Evert)

El estilo de vida cristiano se caracteriza por la sobriedad, la modestia y el pudor. Somos miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo, y como tales debemos comportarnos y presentarnos ante los demás. Vivimos en este mundo pero no le pertenecemos como bien nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo. Ciertamente, no resulta fácil ir contra corriente, pero para resistir no debemos basarnos en nuestras propias fuerzas, pues somos débiles, sino orar, vigilar y seguir las enseñanzas del Evangelio, con las cuales se dio lugar a una nueva civilización a través del pudor, la castidad, la virginidad y el sagrado matrimonio monógamo. Por tanto, no debemos seguir las modas mundanas que incrementan el impudor. Observo que muchos católicos siguen las modas pero siempre un paso por detrás para no escandalizar; si de verdad somos bautizados y aspiramos a la santidad, no debemos seguir el camino marcado por la mundanidad. Pocos son los que siguen los ayunos cuaresmales y muchos quienes se apuntan a todo tipo de ayunos y dietas orientados al culto al cuerpo, como una muestra más de idolatría y relajamiento moral propio del paganismo, olvidando que la verdadera belleza no radica en  poseer un cuerpo perfecto sino en la virtud. 

"Ya sea que debamos hablar como nos vestimos, o vestirnos como hablamos. ¿Por qué profesar una cosa y demostrar otra? La lengua habla de castidad, pero todo el cuerpo revela impureza". 
(San Jerónimo)

Reafirmemos nuestra personalidad y no nos dejemos influenciar por quienes tratan a atacarnos y acomplejarnos por creer en nuestra dignidad y por cumplir las normas dictadas por el pudor. Comportémonos siempre y en toda circunstancia con la debida dignidad, haciendo uso de nuestro sentido común para adecuar nuestra vestimenta y nuestro comportamiento a cada circunstancia. Las mujeres contamos con el incomparable ejemplo de la Santísima Virgen María, modelo a imitar en todos sus detalles y virtudes. ¡Volvamos nuestros ojos hacia Ella, llenémonos de sentido sobrenatural y dispongámonos a dirigirnos a nuestra patria celestial, donde nos reuniremos con todos los santos, revestidas siempre de pudor, decencia y elegancia!

"Cuando la mujer pierde su manera de ser delicada, su pudor y su dignidad, el hombre pierde su respeto hacia ella y comienza la ruina de la sociedad. La verdadera dama por sí sola infunde respeto y en nadie despierta malos deseos ni osadas libertades. Conforme se mantiene la mujer, queda en pie o se derrumba la vida humana. Donde la mujer se rebaja a objeto de placer, imperan los instintos naturales, la vida de los sentidos; pero cuando la mujer imita la delicadeza y el pudor de María, allí florece la verdadera cultura, la dignidad humana". 


(Monseñor Tihamér Tóth)


LECTURAS RECOMENDADAS:

-"El pudor cristiano" (Padre Lucas Prados)
-"El casto brillo del pudor cristiano" (Artículo publicado en la Revista "Heraldos del Evangelio" nº 190 - Mayo 2019)
-"Femineidad pura" (Crystalina Evert)

miércoles, 31 de julio de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de agosto.

Dichosísima Virgen María, que, a impulsos del divino amor, rendiste tu alma purísima entre los brazos y en el Corazón de tu dulcísimo Hijo; soberana Princesa, que entrando triunfante en el cielo, fuiste no sólo coronada por Reina y Señora de los ángeles y hombres, sino también constituida dispensadora y árbitra de los tesoros del Sagrado Corazón de Jesús: desde ese trono de gloria que ocupas, vuelve, te ruego, tus benignísimos ojos hacia mí, pecador miserable, y presenta a tu Hijo santísimo la humilde súplica que hoy te dirijo.

Ya sé, Madre y Señora mía, que son muy pocos los días de mi peregrinación en este valle de lágrimas, y que, cuando menos lo piense, vendrá la muerte a darme el último asalto, y poner fin a mi vida. Sujétome con humildad a golpe tan crudo, y con entera resignación dejo en manos de la divina providencia el día, la hora y demás circunstancias de mi muerte. Mas, ¡ay, en qué peligros y congojas me van a poner la memoria de mis desórdenes pasados, la vista de mis pecados presentes, y la incertidumbre de mi eterna salvación! Mi único amparo y consuelo, en medio de tantas angustias y temores, sería el Corazón Sagrado de tu Hijo santísimo, si lograse la dicha de recibirle dignamente en la Santa Eucaristía. Lanzaría todas mis iniquidades al fondo de aquel piélago de misericordia; ofrecería al Eterno Padre aquella víctima inmaculada; y así podría alegar siquiera este mérito para la salvación eterna de mi alma. Recordaría al Corazón de mi dulce Jesús las congojas, dolores y tormentos que padeció para salvarme; le pediría que me encerrase allá dentro de su Corazón y consumiese mis defectos en las llamas de su amor ardentísimo; y allí, asegurado de las asechanzas del enemigo infernal, y confiado en la misericordia infinita de mi Redentor, moriría gustoso, unido y estrechamente abrazado con Él. Pero, ¡ay!, después de tantas comuniones tibias e indignas como he hecho en mi vida, ¿mereceré yo tan grande favor? Alcanzádmelo. Señora y Madre mía, pide a tu Hijo Santísimo que me conceda recibir su Corazón en el santo Viático, antes de morir. Y si en castigo de mi tibieza y poco aparejo para las comuniones de mi vida, me viere privado de un consuelo y favor tan grande en la muerte; haz por lo menos que expire haciendo fervorosos actos de fe, esperanza y caridad, e invocando el Santísimo Corazón de Jesús y el tuyo purísimo. Nada te negó jamás tu Hijo: ruega, pues, por mí, y no habré inútilmente confiado en la que es la Madre, refugio y amparo de pecadores. Amén.

"Áncora de Salvación"
por el R P. José Mach
Edición de 1954

lunes, 8 de julio de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de julio

Yo os adoro, Sagrado Corazón de Jesús, templo santísimo del Eterno Padre, verdadera y del todo digna morada del Espíritu Santo, tesoro infinito de la divinidad; yo os saludo, manantial vivo y vivificante de eterna vida; origen y principio de toda virtud; yo os bendigo y alabo, oh riqueza incomprensible y ardiente fragua del divino amor. 

Vos sois en ese adorable Sacramento la fuente de toda consolación y dulcedumbre; el asilo y descanso en todas nuestras tribulaciones y angustias; la salud y sostén de los que en vos esperan; guía fiel y única felicidad de los que de veras os aman. Sed, pues, oh Corazón divino, de aquí en adelante el lugar de mi reposo, el refugio seguro contra el furor de mis enemigos. Halle en Vos mi perpetua morada; y si alguna vez, saliéndome de ella, me descarriare, llamadme al punto hacia Vos, disparando a mi pecho una flecha de ese fuego amorosísimo, para que, con el amable freno de tan dulce herida, nunca jamás vuelva a separarme de Vos.

Pero, ¡ay, cuántas veces me disteis amorosa acogida en ese vuestro amabilísimo Corazón, y yo desleal me salí de él, y huyendo lejos de vos, olvidé vuestras caricias, y correspondí a vuestras finezas con la más obstinada ingratitud! Así os lo confieso, dulce Jesús mío; mas vedme aquí que vuelvo a Vos, pesaroso y arrepentido de mi enorme infidelidad, protestando y confiando que he de vivir siempre en Vos; y que Vos seréis en adelante el único blanco de todos mis afectos y pensamientos, y vuestra voluntad la única norma de mis operaciones. ¿Me negaréis, Corazón amabilísimo, esta gracia? Yo la deseo ardientemente; y a Vos os es muy fácil otorgármela. No la merezco, es verdad; pero la merece y pide por mí vuestra Madre Santísima, y os la pide por su Corazón purísimo, tan unido y semejante al vuestro, por aquella espada de dolor de que fue atravesado en vuestra Pasión, por aquel ardiente fuego de amor ternísimo para con nosotros, que en él encendisteis.

"Áncora de Salvación"
por el R.P. José Mach
Edición de 1954

miércoles, 5 de junio de 2019

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús para el mes de junio y Octava del Corpus.

¡Hasta qué exceso ha llevado vuestro amor, Corazón dulcísimo de mi amado Jesús!

No contento con estar en la Sagrada Eucaristía, aguardando
 a que vayamos a visitaros, para derramar sobre nosotros todas vuestras riquezas y hacernos felices, os dignáis salir en público a buscarnos; y trayéndonos a la memoria la caridad inefable con que nos amáis, nos invitáis amorosamente a que os acompañemos y cortejemos en estos solemnes días.

¡Cuál debería ser el júbilo de mi corazón, viéndoos colocado, como en trono de gloria, sobre nuestros altares, y llevado en triunfo por nuestras calles y plazas! Deseabais tener el consuelo de vernos a todos en nuestra presencia; y como hay tantos ingratos que no os visitan en los templos, salís ahora de esos vuestros palacios para tener siquiera el gusto de verlos y mirarlos con benignísimos ojos en las calles. ¿Y cómo podré yo corresponder a tanta bondad? ¡Que no sea yo dueño de todos los corazones, para mostrarnos mi gratitud con el entero sacrificio de todos ellos! ¡Que no pueda yo acompañaros en todas las partes en donde os halláis, y cortejaros con los más finos obsequios de fe, adoración y amor! ¡Oh! ¡Si lograse conducir ante vuestro acatamiento a todos los que no creen en vuestra real presencia, y hacer que, ilustrados con la luz de la fe, se convirtieran, y os reconocieran por el verdadero Hijo de Dios hecho hombre! ¡Ah! ¡Si yo pudiese con las más profundas humillaciones, con el dolor más agudo y penetrante, y aun a costa de mi mismo aniquilamiento, impedir, o por lo menos resarcir todas las injurias, irreverencias y ultrajes que os irrogan aquellos a quienes amáis con tanta ternura! Mas ya que esto no me es posible, ruégoos, oh espíritus celestiales, escogidos por dicha vuestra para obsequiar al Corazón de mi dulce Jesús, ruégoos que en mi nombre le acompañéis y cortejéis doquiera en ese adorable Sacramento. Sí; amadle, glorificadle, alabadle continuamente por mí; y en desagravio de tanta ingratitud, presentadle el amorosísimo Corazón de María, y los humildes y amantes corazones de tantos buenos hijos suyos, en quienes deliciosamente se complace.

Y vos, oh Corazón dulcísimo de mi amado Jesús, haced que se desprenda de ese volcán de fuego, que arde en vos, una viva centella de amor, que ablande y derrita el hielo de nuestros corazones insensibles, y los abrase en las llamas de la más pura caridad, y del más generoso agradecimiento para con un Corazón que desde toda la eternidad nos ama con tan desmedida terneza. Hacedlo, dulce Jesus mío: tiempo es ya de que reinéis en toda la redondez de la tierra; tiempo es ya de que se dilate vuestro reino, se aumente vuestra gloria, y de los corazones de todos los hombres se forme un solo corazón, que os conozca, honre y ame, como un solo corazón os honrarán y amarán los bienaventurados en el cielo, reinando por vos y con vos por siglos infinitos. Amén.


"Áncora de Salvación"
por el R.P. José Mach
Edición de 1954


jueves, 30 de mayo de 2019

Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

Hoy se cumplen exactamente cien años de un acto trascendental para nuestra nación: la Consagración de nuestra querida España al Sagrado Corazón de Jesús.  Tan significativo acto tuvo lugar el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península ibérica, donde se erigió el monumento en honor al Sagrado Corazón de Jesús, que fue construido gracias a las aportaciones económicas de miles de españoles.

En la columna que sustenta la imagen de Nuestro Señor aparecen las palabras:
"Reino en España", alusivas a la promesa que el Sagrado Corazón de Jesús realizó al Beato Bernardo de Hoyos, según la cual, reinaría en España con más veneración que en otras partes.

La estatua de Nuestro Señor fue una donación costeada individualmente por Don Juan Mariano de Goyeneche, Conde de Guaqui y Grande de España, embajador de Perú ante la Santa Sede. A través de este gesto tan generoso, quiso honrar al Sagrado Corazón de Jesús y, al mismo tiempo, manifestar la gratitud de Perú a la católica España que "nos civilizó con la fe de Cristo y con la moral del Evangelio".

A los pies del monumento aparecen dos grupos escultóricos.

El grupo escultórico de la izquierda representa a la Humanidad santificada reuniendo las imágenes de Santa Margarita María Alacoque, San Agustín, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, Santa Gertrudis, el Beato Bernardo de Hoyos y San Juan Evangelista.

El segundo grupo alude a la Humanidad que tiende a santificarse y plasma la forma de llegar al cielo mediante el arrepentimiento, la práctica de la humildad, del amor y de la caridad.


Relatan los historiadores que el Rey Alfonso XIII aceptó la petición de consagrar España al Sagrado Corazón de Jesús, sin ceder a las presiones que sufrió para que no lo hiciera. Fue el propio monarca quien, días después, confió al Padre Mateo Crawley-Boevey(*), que una delegación de la francmasonería le había propuesto la introducción de varias leyes anticatólicas en nuestro país, propuesta que fue fulminantemente rechazada por nuestro monarca. Este rechazo le supuso la pérdida del trono en 1931 y el inicio de un período revolucionario que tan graves consecuencias acarreó a nuestra nación. El monumento fue destruido por los revolucionarios en 1936, para ser reconstruido años después y seguir recibiendo la visita de miles de fieles devotos.


Vista del Cerro de los Ángeles, 30 de mayo de 1919.

Sus Majestades los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.


En aquella jornada del 30 de mayo de 1919, fue el nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, el encargado de bendecir el monumento, y Don Prudencio Melo, arzobispo de Madrid, quien presidió la Santa Misa. Tras la lectura del mensaje enviado para la ocasión por Su Santidad el Papa Benedicto XV, el nuncio impartió la bendición papal y se procedió a exponer solemnemente el Santísimo Sacramento. 











Fue este un momento de gran emoción en el que la multitud de fieles, junto a las autoridades religiosas, civiles y militares asistentes, se arrodillaron ante Nuestro Señor. En medio del respetuoso silencio, comenzó a escucharse la voz de nuestro monarca, Su Majestad el rey Alfonso XIII, quien de pie y en nombre del pueblo español procedió a la lectura solemne de la oración por medio de la cual, España quedaba consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. 




Recordemos las palabras pronunciadas por el rey Alfonso XIII, 
junto al altar del Monumento y ante Nuestro Señor:

"Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:
España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la religión y en su adhesión a la monarquía.
Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.
Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de Vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.  
Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.
Gracias, Señor, por habernos librado misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.
Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la pacífica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, más llevadero su trabajo.
Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de la patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas, sean siempre salvaguardia de la nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón adorable. Así sea". 




Fotos: Google

Fue, sin duda, una jornada histórica que los asistentes jamás podrían olvidar, y que cien años después, es celebrada por la Diócesis de Getafe, a la cual la Santa Sede ha concedido un Año Jubilar que comenzó el pasado 2 de diciembre y culminará el 24 de noviembre del presente año.

No desaprovechemos esta ocasión para profundizar en los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús, practicando devociones como los Nueve Primeros viernes de mes, consagrando nuestros hogares y nuestras familias a Su Sagrado Corazón. ¡Qué excelente ocasión para entronizar al Sagrado Corazón de Jesús en nuestros hogares y en nuestros corazones! Corren tiempos turbulentos en España y en la Iglesia, por ello, no olvidemos rezar por el Santo Padre, obispos y sacerdotes, así como por la conversión de nuestros gobernantes y por nuestra propia conversión.

Cien años desde aquel acontecimiento constituyen un período de tiempo inmenso para nosotros, sin embargo para Dios supone un breve instante en medio de la eternidad; un momento que junto a otros muchos a lo largo de los siglos nuestra nación ha protagonizado como defensora de la fe católica. En medio de la crisis moral que atravesamos, pidamos la protección de Su Sagrado Corazón, lleno de bondad y de misericordia, para que por intercesión del Inmaculado Corazón de María, nuestra nación deje de ser la España caótica de la actualidad y se transforme en la España católica que siempre glorificó a Dios a través de la defensa de la fe.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.


Foto: María Luz Gómez


(*) El Padre Mateo Crawley-Boevey (1875-1960), religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, es conocido como el apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús. A él se debe una de las más populares devociones al Sagrado Corazón de Jesús: la entronización de Su imagen en los hogares, como modo de recristianizar la sociedad. Viajó por todo el mundo inculcando esta práctica. Predicador incansable, realizó cinco giras por España, logrando la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en infinidad de familias y pueblos. Ello culminó con la construcción del monumento de El Cerro de los Ángeles y la solemne Consagración de España, realizada el 30 de mayo de 1919. Pronunció las conferencias del Triduo preparatorio a dicha entronización oficial. Como promotor de este acontecimiento tan significativo, días después, fue recibido por Su Majestad el Rey Alfonso XIII, que le agradeció su importantísima labor.